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Del Tarajal a Melilla con Aylan en la memoria


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Es imposible no calificar de asesinato colectivo la muerte de las 37 personas que intentaban entrar ilegalmente en España, tal hubiera sido su delito, saltando la valla que separa Melilla de Marruecos, país al que pertenecen los policías que han realizado los disparos criminales.

Por si aún no se ha hecho la pregunta inevitable, la haré yo: ¿cree usted que Marruecos realizará una investigación a fondo de lo sucedido y juzgará y condenará a los culpables?

El 6 de febrero de 2014 fue imposible no calificar de asesinato la muerte de 15 personas que intentaban entrar ilegalmente en España, tal hubiera sido su delito, nadando por las aguas más frías del invierno entre Marruecos y Ceuta, desde cuya costa 56 guardias civiles españoles les dispararon 145 balas de goma y 5 botes de humo para evitar que alcanzaran tierra firme en la playa del Tarajal.

Por si aún no conoce la respuesta, le informo que el día 2 de este mismo mes de junio el Tribunal Supremo ha confirmado el archivo de la causa planteada por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado y otras entidades contra los guardias civiles que realizaron aquellos disparos criminales.

El 2 de septiembre de 2015, es decir, un año y medio después de la “Tragedia del Tarajal”, apareció el cadáver de un niño de tres años llamado Aylan Kurdi. Nunca olvidaré, quizás usted tampoco, que yacía tumbado boca abajo sobre la arena de una playa turca, que vestía una camiseta roja, unos pantalones azules y que aún llevaba sus zapatitos puestos. El único responsable de su muerte fue la sociedad en que vivimos. El mar es inocente, porque estaba antes.

Quizás porque nos dimos cuenta de nosotros mismos gracias a una foto que podía ser la de cualquiera de nuestros niños en cualquiera de nuestras playas, el impacto de aquella imagen fue brutal. Y quizás fue aquella sacudida en millones de conciencias lo que llevó a los dirigentes de la UE a firmar el 18 de marzo de 2016 un acuerdo con Turquía sobre inmigración a cambio de miles de millones de euros. Sólo seis meses después de aquel día de aquel niño.

En resumen, quizás resulta cínicamente más fácil tomar decisiones cuando la culpa del problema no corresponde a un solo bando.

Han pasado más de seis años desde la firma de aquel acuerdo, muy criticable por lo que dice de la actitud de Europa ante el problema humanitario de las migraciones. No obstante, o estoy mal informado, o no se han producido matanzas de inocentes ocasionadas por los disparos de policías turcos. Quién sabe si no se pueden quitar de sus cabezas al niño de la playa.

En cambio, aquí no hace ni cuatro meses que nos enteramos, a través de Marruecos, de que el Gobierno había dado un giro radical en su posición respecto del Sáhara Occidental. Precisamente a favor de Marruecos. Desde el primer momento quedó claro que la cosa tenía que ver con la estrategia criminal de ese reino en relación con el tema de la emigración.

Hoy, vistos los 37 asesinatos y al presidente Sánchez elogiando a la policía marroquí en este trance, comprendemos que lo que se buscaba era un sicario dispuesto a lo que fuera necesario para impedir que la emigración siga llegando a España.

Siendo el reino Alauita el único candidato posible para un “trabajo” que, de repente, el también reino de España consideró prioritario, quizás porque no se podía pagar con dinero, tal como hizo la UE con Turquía, o por el motivo que sea, lo cierto es que el coste de cada bala parece ser el argumento principal en Marruecos a la hora de decidir el “modelo de gestión” que han de aplicar para cumplir el contrato con España.

Ayer por la tarde envié a varios amigos la convocatoria de un acto de protesta contra los asesinatos de Melilla y uno me dijo que también habría que hacer algo ante las embajadas y consulados marroquíes.

Me puse a pensar y me di cuenta de que, cuando las cosas ocurren de una manera determinada y no de otras, lo que hay que hacer es buscar la explicación.

Entonces llegué a la conclusión de que, sean de donde sean las fuerzas represivas que aprieten los gatillos, para muchas de las personas a las que les sigan doliendo las víctimas inocentes que se multiplicarán tras la componenda con Marruecos sobre el Sáhara perpetrada en el año 2022, España será, por los siglos de los siglos, la responsable última y principal.

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