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Trump, el matonismo y la formación

Margarita Marínez Santamarta

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Echo de menos que en los artículos que se están publicando se explique que las reacciones que está teniendo Trump en todo el asunto de los aranceles eran perfectamente previsibles.

Lo entenderán mejor si piensan en los narcisistas agresivos, como Trump, como adictos a la sensación de superioridad que les da ponerse agresivos, que los que se oponen a ellos les tengan miedo, cedan y/o se muestren sumisos, y que sus aliados les adulen y les jaleen. A los profesionales de la salud no les gusta que se use el término “adicción” en estos casos, prefieren reservarlo para la adicción a sustancias, y utilizan circunloquios como “lo convierte en el centro de su vida”, pero el comportamiento es el mismo: búsqueda compulsiva de esa sensación de superioridad, reacciones exageradas cuando no la obtienen, en ambos casos llegando con cierta facilidad a hacer cosas claramente contra sus propios intereses, deterioro progresivo de su autocontrol, su interpretación de la realidad y su capacidad de gestionar racionalmente sus intereses, etc.

Responderles de forma agresiva, como ha hecho China, es contraproducente, consideran que su ego y su estatus les exigen mantener el tipo, y a menudo reaccionan con victimismo y lo utilizan para justificar su propia violencia. Más aún, a menudo juegan a provocar para después utilizar la violencia de sus oponentes en su contra.

Doblegarse al menos parcialmente e intentar negociar, como han hecho Canadá, México y la Unión Europea, también es contraproducente, porque eso refuerza su ego y su convicción de lo que hay que hacer en la vida es ser agresivo. En el caso de Trump ha reaccionado poniéndose chuleta “negociaré si me ofrecen algo fenomenal” y jactándose de que “me vienen a besar el culo”.

¿Qué es lo que ha funcionado? Maniobrar para que sus aliados y sus apoyos, en este caso los multimillonarios y la gente de derechas, le reprochen sus acciones, porque todavía son capaces de darse cuenta racionalmente de que van contra sus intereses. Y funciona porque eso pone en peligro algo que es muy importante para ellos, la adulación y la aprobación de sus secuaces.

Esto se sabe desde hace muchísimos años. Por ejemplo, también fue eso una de las claves para acabar con ETA. No funcionaron ni las condenas, ni tratar de amordazar a su entorno político, ni las torturas. No fueron suficientes, aunque ayudaron, la propaganda de “qué malos son los asesinos”, ni los reiterados descabezamientos de su estructura organizativa. Lo decisivo fue que su entorno político y social dejó de apoyarles, en parte por las concesiones que se les habían hecho de autogobierno, enseñanza del euskera, etc., en parte porque tras la reacción social contra asesinatos como el de Miguel Ángel Blanco se dieron cuenta de que con la lucha violenta no progresaban en la consecución de sus intereses, sino que más bien iban hacia atrás.

Pregúntenle a algún experto en acoso moral y en mobbing, que se lo va a explicar mejor que yo.

Yo hace muchos años llegué a la conclusión de que lo más necesario para poner coto al matonismo y al acoso moral en todas sus formas es que se implante un programa de formación a gran escala un poco por todas partes para enseñar este tipo de cosas, lo cual de hecho a mi entender es exigible de acuerdo a leyes como la de Prevención de Riesgos Laborales. 

Hasta ahora se ha hecho muy poco en ese sentido, probablemente porque hay mucho acosador, mucho narcisista agresivo y mucho sociópata en posiciones de poder y lo están bloqueando, y porque el resto de la gente está reaccionando con miedo, escurriendo el bulto o tratando de congraciarse con ellos con halagos y regalos, que son dos de las peores cosas que se pueden hacer. La izquierda tampoco parece estar muy por la labor, sospecho que por miedo a que algunos de sus métodos de lucha tradicionales, como las manifestaciones y las huelgas, se califiquen de acoso. No me parece a mí que sea tan difícil deslindar una cosa de la otra.

A ver si ahora que se está viendo que con las políticas actuales va creciendo la bola nos damos cuenta y rectificamos.

Pongan ustedes, por favor, su granito de arena, y aprovechen la ocasión para explicar estas cosas, que lo de Trump es un ejemplo estupendo, y para reclamar a los poderes públicos y privados que reaccionen e implanten los programas de formación que se debieron implantar hace décadas.