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Albert Rivera y Pablo Casado: parecidos razonables y algunas diferencias

Rivera y Casado coinciden en enarbolar un nuevo nacionalismo español pero se distancian en cuanto a algunos derechos sociales

En Ciudadanos rechazan el calco que algunos analistas políticos y dirigentes de otros partidos se empeñan en ver en ambos políticos

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Albert Rivera (izquierda) y Pablo Casado (derecha), en una imagen de archivo

Albert Rivera (izquierda) y Pablo Casado (derecha), en una imagen de archivo

La victoria de Pablo Casado como líder del PP obliga a Ciudadanos a prepararse para hacer oposición no solo a Pedro Sánchez sino también al nuevo PP, algo que los de Rivera han comenzado a hacer de inmediato con el recibimiento que le dieron ya el sábado nada más finalizar el cónclave. 

Pero, sobre todo, en Ciudadanos se preparan para desmontar el argumento que más les incomoda: el empeño de buscar similitudes entre ambos líderes, Casado y Rivera, una idea en la que insisten muchos analistas, tertulianos políticos y dirigentes de otros partidos, además de numerosos ciudadanos que así lo destacan en las redes sociales.  

Los dos tienen casi la misma edad, son de la misma generación. Incluso se parecen bastante físicamente y en sus estilos de puesta en escena y dominio del lenguaje político. No obstante, la carrera política de Casado es más amplia que la de Rivera y su partido cuenta con una larga trayectoria de gobierno y Ciudadanos, no.

Los dirigentes de Ciudadanos sitúan a Casado en la derecha radical del PP, más cercano a Vox que al proyecto “liberal y de centro” que, insisten, representa Rivera. De hecho, los guiños de Casado al sector más duro de su partido han sido constantes en su discurso de presentación durante el cónclave popular.

En el partido naranja tampoco ven similitud entre Macron  -el líder francés en el que se ve reflejado Rivera- y el ahora presidente del PP. 

¿En qué coinciden Rivera y Casado? ¿Cuáles son sus ideas políticas y qué les diferencia? A tenor de sus declaraciones son estas:

Catalunya y Euskadi, políticas similares

Tanto uno como otro coinciden en su aversión por los nacionalismos y en su posición sobre la crisis en Catalunya. Rivera siempre ha mantenido que Rajoy debió aplicar el artículo 155 de la Constitución desde el momento en el que el anterior Govern catalán anunció la Declaración de Independencia Unilateral (DIU) y un referéndum ilegal.

Casado también piensa que el expresidente del Gobierno ha dejado con su "inacción" que "el desafío separatista" haya llegado a los límites actuales. Los dos culpan a Soraya Sáenz de Santamaría de la situación y creen que con los independentistas no se puede dialogar.  

Rivera ha propuesta una reforma de ley electoral y elevar el porcentaje de votos necesario para frenar a los partidos nacionalistas. Casado, directamente, ha apostado por ilegalizarlos si no se atienen a la Constitución.

Ambos dirigentes también son contrarios a privilegios territoriales, como el Cupo Vasco. Las cesiones que Rajoy otorgó al PNV para garantizarse el apoyo a los Presupuesto Generales del Estado fueron rechazadas de plano por Rivera.

Igualmente, los dos se oponen a cambios en la política penitenciaria y al acercamientos de presos de ETA al País Vasco. Además, ambos dirigentes creen que las víctimas del terrorismo etarra no han sido bien tratadas y se esfuerzan por demostrarles respaldo.

De hecho, uno de los primeros gestos que ha hecho Casado en estos días de campaña ha sido recuperar a María San Gil y reclamar el regreso al partido de Ortega Lara, el exfuncionario de prisiones secuestrado por los terroristas que militó en el PP, y del que se marchó desencantado.

Recuperar los símbolos y el orgullo de ser español

Si hay algo que une a los dos dirigentes es su empeño en recuperar el "orgullo de ser español", los símbolos -bandera e himno- y el poder gritar "sin complejos",  "viva España". Rivera lo demostró en la presentación de la Plataforma España Ciudadana, con la cantante Marta Sánchez, que ya había manifestado sus simpatías por el PP.

Casado, por su parte, se ha comprometido en "liderar la España de los balcones y las banderas", además de recuperar Tabarnia en Catalunya. Su intervención, una vez fue proclamada su vitoria en el Congreso extraordinario del PP, fue rematada con un sonoro "viva España".

Política económica muy en consonancia

En el terreno económico ambos lideres defienden planteamientos de corte liberal. Frente a la subida de impuestos que propugna la izquierda para garantizar el estado de bienestar, Rivera y Casado apuestan por la bajada impositiva para no cargar en "las clases medias" la solución a la crisis . Los dos rechazan cualquier gravamen a la banca.  

Aunque poco ha hablado Casado en su campaña del modelo laboral, en este terreno los planteamientos del PP siempre se han acercado a los de Ciudadanos. El único matiz, si acaso, es que la formación de Rivera cree que hay aspectos en la reforma laboral de Fátima Báñez que habría que cambiar, como ir hacia un contrato único o la creación de un "mochila austriaca" para  ‘aliviar’ a los empresarios los costes del despido. Los populares consideran que gracias a ese modelo laboral se ha logrado salir de la crisis y crear empleo en España.

Discrepancias en derechos sociales

Las principales discrepancias entre Rivera y Casado surgen en cuanto a la manera de afrontar algunos de los derechos sociales consolidados en nuestro país, o en vías de aprobarse ahora.

Como la eutanasia. Casado se opone radicalmente mientras Rivera dio su apoyo recientemente a la toma en consideración de la ley impulsada por el PSOE pese a que en un principio su apuesta se quedaba en una ley de muerte digna.

También ante el aborto mantienen diferencias. El líder de Ciudadanos no se ha opuesto a la actual regulación del aborto ni ha reclamado modificaciones aunque en su partido haya un sector al que no le gusta el modelo más ambicioso que aprobó el Gobierno Zapatero y que el del PP, siendo ministro de Justicia Alberto Ruíz Gallardón, intentó sin éxito volver a cambiar. Casado en esto es nitido. "No al aborto. El derecho a la vida es sagrado".

Tampoco parece que los dos líderes estén en consonancia frente a la discriminación que sufren los colectivos LGTB. A pesar de que Rivera llegó a decir en 2006 que "llamar matrimonio a la unión homosexual genera tensiones innecesarias y perfectamente evitables en la sociedad", con el tiempo -bien por convicción o por conveniencia-, el líder de Ciudadanos ha cambiado de posición. Ha apoyado e incluso impulsado -en la Asamblea de Madrid- propuestas a favor de los derechos de estos colectivos y no ha faltado a las manifestaciones del Día del Orgullo Gay, aguantando los abucheos de un sector de los asistentes precisamente por aquellas antiguas declaraciones suyas.  

Casado, en cambio, nunca ha acudido a un acto similar. Ni se le espera.

En materia de igualdad, ni Ciudadanos ni el PP creen en las cuotas. Pero Casado ha manifestado su intención de "combatir la ideología de género" porque cree que "compartimenta a la sociedad".

Rivera no está en ese planteamiento y sigue empeñado en demostrar su apoyo al feminismo, puesto en cuestión por algunos de estos colectivos de mujeres durante la última jornada del 8M. Casado ve estos movimientos sociales como "agentes de alienación y propaganda".

Ley de memoria histórica

En este asunto el nuevo líder del PP ha sido tajante y claro. La ley no tiene sentido. A su juicio, la exhumación de las fosas franquistas se ha convertido en un "monotema" de la izquierda. "Es absurdo que se esté hablando de lo que pasó en España hace 80 años". "No gastaría ni un euro para desenterrar a Franco", ha señalado.

Rivera ha tenido más cuidado en sus manifestaciones porque sabe que es un tema que hiere la sensibilidad de miles de personas. No se opone a la exhumación de los restos de las víctimas asesinadas por el dictador. Y en cuanto a sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos, aunque considera que no es un tema prioritario para España, ha condicionado su apoyo a que el Gobierno de Sánchez convierta el recinto en un cementerio como el de Arlinton  (Virginia, EEUU), en un lugar de “reconciliación nacional”.

Casado se apunta a la lucha contra la corrupción

Una de las cosas que en el partido naranja ha causado asombro es ver cómo el nuevo líder del PP, sobre el que pesan sospechas sobre su máster -que sigue bajo investigación judicial-, se presentaba este sábado como el defensor de la lucha contra la corrupción. Y por ahí no pasan dado que todos los escándalos datan de la época de José María Aznar y de Esperanza Aguirre, sus dos padrinos políticos. 

Por eso les molesta que ahora Casado intente apropiarse de una de las principales banderas, la de la regeneración democrática, que ha levantado Rivera contra el propio PP desde que aterrizó en el Congreso y que encima ha sido la causa de que Mariano Rajoy haya tenido que dejar la presidencia del Gobierno.

De ahí que tras su victoria frente a Santamaría, Villegas se apresurara a recordar que Casado fue el "portavoz de Rajoy" y, como tal, ha estado "defendiendo a los corruptos del PP" desde el atril de Génova, sede del partido.

"En el PP han tenido que elegir entre el portavoz de la Ejecutiva de Rajoy o entre la vicepresidenta de Rajoy; entre continuismo y continuismo; entre pasado y pasado", sentenció el dos de Rivera.

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