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Condenado por una agresión homófoba en Móstoles: “Soy legionario, os tenían que matar a todos, maricones”

Imagen de archivo de una pasada celebración del Orgullo LGTBIQ+ en Madrid.

Alberto Pozas


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“Puto maricón, os tenían que matar a todos, no sois hombres, sois la vergüenza de este país, soy legionario, cuando os vea por la calle os voy a matar”. Son algunas de las amenazas e insultos homófobos que dos jóvenes homosexuales escucharon hace un año y medio en la terraza de un bar de la localidad madrileña de Móstoles. El autor, un ex legionario con varios antecedentes penales, ha sido condenado a seis meses de prisión por un delito de odio, otro de amenazas y también por desobedecer a los agentes de la Policía Nacional que acudieron al lugar para intervenir en la agresión.

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Los hechos, según la sentencia a la que ha tenido acceso elDiario.es, tuvieron lugar en la terraza de un bar de la Plaza de Flandes de Móstoles en septiembre de 2020. Los dos jóvenes estaban sentados en la terraza y el acusado dentro del bar. Desde allí empezó a increpar a los dos por el hecho de ser homosexuales, haciéndoles burla al hablar y pasando a los insultos homófobos: “Maricón, que sois maricones, tenían que ahorcaros a todos”. Incluso llegó a escupir en la cara a uno de ellos mientras le espetaba cosas como “puto maricón” y “os tenían que matar a todos”.

La agresión homófoba siguió con el acusado diciendo que no eran “hombres” y que eran “la vergüenza del país”, repitiendo en varias ocasiones que era legionario y que les iba “a matar” si se los cruzaba por la calle. Fueron los dueños del local los que llamaron a la Policía y fue entonces cuando el acusado se encaró con ellos, diciendo que “si iban a defender a unos maricones es que no eran policías”. Según los testigos presenciales, tuvieron que llevárselo “en volandas” a comisaría mientras repetía a gritos que era legionario y que cuando saliese iba “a coger una escopeta” y pegarles “dos tiros”.

Durante la investigación, el acusado –que según fuentes de su defensa es un exlegionario, tal y como afirmaba a gritos– negó los hechos. Luego en el juicio se limitó a reconocerlos, pero intentó convencer al tribunal de que no insultó e increpó a sus víctimas por su orientación sexual. Alegó ante los jueces que los dos jóvenes estaban “haciendo manitas” y que les increpó porque le pareció “una conducta que no procedía en un lugar público”. Puntualizó que habría hecho lo mismo si fuera una pareja heterosexual. Los insultos y las amenazas, añadió, llegaron porque estaba borracho: “Me acaloré”.

La Audiencia Provincial de Madrid no tiene ninguna duda de que el verdadero motivo de su actitud esa noche no fue ni el alcohol ni que las víctimas no guardaran decoro, sino su orientación sexual. “Su falta de inhibición fue fruto de su rechazo visceral hacia las relaciones homosexuales”, dicen los jueces para añadir que “todo indica que se trató de una reacción de intolerancia por no admitir como normales relaciones de esta naturaleza”.

Tal y como planteaba la acusación pública de la Fiscalía, que pidió hasta un año de cárcel para el acusado en el juicio, la Audiencia de Madrid entiende que cometió un delito de odio. Los insultos y amenazas, dicen los jueces, entrañaban “una humillación, menosprecio o descrédito” hacia los dos jóvenes, que contaron que tienen miedo a volver al mismo local por si se encontraban con el agresor aunque acudían con relativa frecuencia. Y no hubo un conflicto previo, destacan, que derivara en esos insultos de manera adicional: “Actuó de forma totalmente gratuita, interfiriendo en una conversación ajena y, cuando el incidente parecía concluido, provocando a uno de los afectados de forma grave y atentatoria contra su dignidad”, dicen los jueces.

Por eso, concluye la Justicia en esta sentencia que según la defensa del acusado ya es firme, que el condenado “actuó por razones de intolerancia y homofobia” y su objetivo era “cercenar o limitar la libertad de las víctimas, por su condición sexual”. La afectación de su dignidad, siguen los jueces, es “grave”, y el “efecto intimidatorio” de estas agresiones es grande, ya que “las víctimas temen encontrarse ante una situación similar y pueden acabar eludiendo su presencia en dichos lugares para evitar el conflicto”.

El resultado es una condena de seis meses de cárcel y multa de 1.080 euros por un delito de odio, otra multa de 180 euros por un delito leve de amenazas y una tercera multa de 2.166 euros por otro delito de desobediencia grave. La sentencia, que según ha explicado la defensa del condenado no ha sido recurrida ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid y ya es firme, también le prohíbe aproximarse a menos de medio kilómetro de las víctimas y le inhabilita para trabajar en el campo educativo durante tres años y medio.

“Código rosa” homófobo en Madrid

La última memoria anual de la Fiscalía General del Estado revela una disminución del total de procesos abiertos por delitos de odio, un aumento de hechos presuntamente cometidos a través de internet y las redes sociales, pero también que la orientación sexual es el motivo más frecuente detrás de estas agresiones en un 39% de las ocasiones, según la Fiscalía de Barcelona. El año pasado, según los datos del Ministerio Público, se dictaron 144 sentencias por delito de odio o con la presencia de la circunstancia agravante de discriminación.

La resolución a la que ha tenido acceso este periódico refuerza sus argumentos de condena en otras sentencias de los tribunales madrileños que también han sancionado conductas homófobas similares. Pone encima de la mesa, por ejemplo, la condena de medio año de cárcel que la misma Audiencia de Madrid impuso a un vigilante de seguridad del centro comercial Plaza de la localidad de Fuenlabrada por trato homófobo a dos jóvenes.

Sucedió en abril de 2017, cuando los dos chicos se besaban y el guardia de seguridad alertó por emisora a otro vigilante de la existencia de dos “códigos rosas” en referencia a los jóvenes homosexuales. Se acercó a ellos, les preguntó si “les parecía normal” y les dijo que “esas no eran formas, que había niños y familias delante, que estaban faltando al respeto y que si no cambiaban de actitud les iba a acabar echando”. Llegó a agarrar a uno de ellos del brazo y a intentar echarles del centro comercial.

En el caso de la agresión de Móstoles, además, los jueces entienden que también amenazó directamente a los dos jóvenes homosexuales. “El acusado dirigió amenazas específicas contra los denunciantes de matarlos si se los encontraba por la calle”, dicen los jueces, lo que supone “un plus” además de sus comentarios homófobos y, por tanto, “merece una sanción separada” aunque entiendan que no tenía un propósito “serio y firme” de consumar esas amenazas de muerte.

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