Del “no hay pan pa' tanto chorizo” al “que no tenemos casa”: qué ha sido de los lemas del 15M

Iñigo Aduriz

14 de mayo de 2026 22:01 h

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La Puerta del Sol de Madrid, epicentro de la capital, se convirtió hace hoy 15 años en el núcleo de una creciente indignación mundial con la clase política y, en general, con los fallos de los sistemas democráticos que despojaron al pueblo de soberanía en favor de los grandes poderes fácticos del ámbito económico. Tras una masiva manifestación, un grupo de jóvenes decidió acampar allí y durante varias semanas Sol se llenó de esperanza y de lemas contra la corrupción, la precariedad y el bipartidismo que perduran en el tiempo. “Democracia real ya”, “no nos representan”, “no hay pan pa' tanto chorizo” o “que no, que no, que no tenemos casa” fueron solo algunos de los gritos que se escucharon por parte del que se consolidó como el “movimiento de los indignados”, que también llenó plazas de otras ciudades españolas y europeas.

En 2011 en el país vivían 46 millones de personas. Ahora, más de 49, siempre según las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE). Entonces, la tasa de paro era del 21,52%, mientras las últimas cifras de la Encuesta de Población Activa lo sitúan en el 10,83%, menos de la mitad. Aquel año, el alquiler medio se situaba en 7,57 euros por metro cuadrado (757 euros por una vivienda de 100 metros cuadrados) y ahora alcanza los 14,64 (1.464 euros por una casa de 100 metros). El PIB per cápita se situaba el año del 15M en 23.271 euros y en 2025, último año con el cálculo completo, fue de 34.210 euros.

El barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) hecho público el 3 de mayo de 2011, menos de dos semanas antes del 15M, situaba el paro como principal preocupación de los españoles, seguido de los problemas de índole económica y la clase política. En el último estudio, el del pasado abril, sitúa en cambio a la vivienda al frente de un ránking en el que le siguen de nuevo la economía y, en tercer lugar, los políticos. El 15M estaba en la Moncloa el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, que sufría un profundo desgaste por los recortes puestos en marcha ante la crisis financiera. Solo seis meses después de la movilización, el PP de Mariano Rajoy arrasó y logró mayoría absoluta. En 2018, en cambio, Rajoy fue expulsado del Gobierno gracias a la moción de censura encabezada por Pedro Sánchez tras la condena al PP por Gürtel a título lucrativo.

Inspirados por la indignación del momento surgieron partidos como Podemos, que llegó a tener un 20% de los votos en 2015. También aseguraron ser herederos del 15M otras formaciones como Ciudadanos, que alcanzaron su mejor cifra en 2019 con cerca del 16% de los votos. Esta última ya no tiene representación parlamentaria y la formación ahora liderada por Ione Belarra cuenta con tan solo cuatro diputados, aunque llegó a tener más de sesenta en alianza con En Marea y los comuns y luego con IU y otras fuerzas.

En este escenario, ¿siguen vigentes los principales lemas del 15M quince años después de que los indignados tomaran las plazas? “No hay pan pa' tanto chorizo” fue la gran proclama contra la corrupción, que no solo iba dirigida al ámbito político sino también a las élites económicas. Tres lustros más tarde, se encuentran en los tribunales dos graves casos de corrupción cometidos después de 2011. En la Audiencia Nacional sigue el juicio por la Operación Kitchen, la presunta trama orquestada desde el Ministerio del Interior de la etapa de Rajoy para ocultar otra causa, la Gürtel, que afecta directamente a la financiación irregular del PP. En el Tribunal Supremo, en cambio, acaba de quedar visto para sentencia otro juicio que, en este caso, investiga las presuntas corruptelas vinculadas al Ministerio de Transportes del primer Gobierno de Sánchez.

“Un primer impacto” con la moción de censura de 2018

Cristina Monge, socióloga, politóloga y miembro del consejo asesor de la organización anticorrupción Transparencia Internacional España, asegura que el lema “sigue vigente”, aunque reconoce que ha habido un “cambio profundo” en la sociedad. En conversación con elDiario.es considera que la concienciación contra la corrupción que irrumpió en las plazas el 15M tuvo “un primer impacto clarísimo” con la moción de censura de Sánchez de 2018. “Sin el 15M hubiera sido imposible que tantos partidos, de izquierdas y de derechas, unieran sus fuerzas para echar al PP por un caso de corrupción”. También destaca la “importante producción de leyes” en materia de transparencia que se ha producido desde 2011.

“Que no, que no, que no nos representan” fue otro de los lemas que se escuchó el 15M. Con él, los indignados trataban de denunciar el alejamiento de la clase política de sus principales preocupaciones. Monge explica que esa crisis de representación se perpetúa. Según los barómetros europeos con los que ella trabaja, la confianza en los políticos sí “se disparó” en julio de 2018, justo un mes después de la moción de censura de Sánchez, pero ahora vuelve a estar “en mínimos históricos”. “Permanece una desconfianza en las instituciones y los órganos de representación porque la gente no confía en que vayan a poder gestionar los nuevos retos que les afectan directamente”, añade.

“Si miramos hacia atrás, encontraremos en este 15M, en la Nuit debout francesa, en las acampadas de los indignados en Chile o en las movilizaciones de los miembros de Occupy Wall Street en Nueva York algunas de las primeras manifestaciones del cuestionamiento de todas las entidades de mediación. Partidos políticos, sindicatos, medios...: todos esos actores encargados de intermediar, función clave en las democracias representativas, eran acusados de no hacer su trabajo y de parapetarse detrás de sus privilegios. Hoy la lista de sospechosos se ha extendido notablemente y llega incluso a eso que se llama 'los expertos', a las universidades y a la propia ciencia. La V República en Francia e, incluso, la Transición en España quedaron desde ese momento cuestionadas. La desconfianza ha penetrado hasta el corazón del sistema, llegando en ocasiones al agotamiento de algunos de los conceptos e instrumentos políticos básicos de cada Estado”, apunta Monge en su último libro Contra el descontento (Paidós, 2026).

Los problemas en el acceso a la vivienda también centraron las protestas del 15M. “No tenemos casa” fue otra de las principales consignas que se escucharon en las movilizaciones y que se pudieron leer en las plazas. “En 2011 aún nos situábamos en el después de la burbuja inmobiliaria”, explica Carme Arcarazo, portavoz del Sindicat de Llogaters. En conversación con este diario, ella recuerda que la de entonces era una “crisis hipotecaria” en un país en el que “hubo centenares de miles de desahucios”. “Nos encontramos después en un momento en el que los bancos acapararon muchísima vivienda de gente desahuciada o de constructoras y era vivienda que se estaba devaluando”, añade.

De la crisis hipotecaria a la del alquiler

“Esto en España se traduce en que en 2013 Rajoy decidió convencer a los fondos de inversión de que compraran grandes carpetas de vivienda enteras para que se revalorizaran. Y la forma que encontraron fue crear una burbuja en el alquiler. Primero se les dio beneficios fiscales, también se bajó la duración de los contratos de alquiler de cinco a tres años para dentro del propio contrato se pudiera seguir subiendo el alquiler y, aparte, se destruyeron muchísimas protecciones al inquilinato, como, por ejemplo, el derecho a compra preferente”, señala. Con todo, su conclusión es que desde el 15M “se reconfigura la crisis de vivienda desde una crisis hipotecaria a una crisis del alquiler”, que es la que sigue vigente ahora y que mantiene a la orden del día las reclamaciones de los indignados en materia de vivienda.

“El 15M fue fundamental a la hora de marcar la agenda en términos de vivienda. Es decir, creo que desde el 15M con menor o mayor intensidad ha sido de los temas que han estado más sobre la mesa”, reconoce.

La petición de “democracia real ya”, una constante del movimiento del 15M, también sigue vigente según los analistas consultados, que reconocen la crisis de representación de la que hablaba Cristina Monge. En cambio, a nivel sociológico la politóloga Carmen Lumbierres es más pesimista. “Yo creo que estamos en el contralegado del 15M. Estamos justo en la otra cara de la moneda de lo que fue la movilización. O sea, seguimos en la indignación como sociedad, pero es una indignación más nihilista, se ha perdido incluso la capacidad de pensar que colectivamente podemos tener otro mundo, que era lo que representaba el movimiento del 15M”, apunta.

A su juicio, “esos valores colectivos han desaparecido” con la instauración de un “mundo hiperindividualista que lleva creciendo desde ese momento, no solo aquí, sino en toda Europa”. Así, aunque reconoce que las consignas siguen vivas, “la búsqueda de las soluciones a los mismos problemas no se está haciendo de manera colectiva, sino individual y, por lo tanto, no se está haciendo nada. Un claro ejemplo es el de la vivienda. A mí me sigue pareciendo incomprensible cómo no hay un movimiento de calle, sobre todo de las personas jóvenes, ante una situación que es de urgencia extrema. Esto sí hubiera sido impensable en España en los 80, en los 90, hasta finales de los 70, que ante un problemón así no hubiera ningún tipo de organización”.

“Había dos maneras de salir de la crisis del 2008 que motivó el 15M: con más democracia, que era el intento del movimiento y todo lo que vino asociado a eso –mayor transparencia, participación ciudadana y reivindicación de lo público–, o desde la reducción del estado de bienestar, el neoautoritarismo y el entender lo público como una carga, que es lo que ha terminado ocurriendo. O sea, hemos dado completamente la vuelta a una sociedad muchísimo más individualista”, concluye.