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La oficialidad del catalán, el euskera y el gallego en la UE se enmaraña en la burocracia

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, durante una rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Ministros.

Irene Castro

Corresponsal en Bruselas —

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La UE ha pisado el freno con la propuesta de hacer el catalán, el gallego y el euskera lenguas oficiales del club comunitario. El asunto ha desaparecido de los órdenes del día en los que España, como presidencia rotatoria del Consejo, lo coló durante varias citas consecutivas de los responsables gubernamentales de asuntos europeos, para sorpresa de muchos de ellos, que no veían ningún avance sustancial para retomar el tema. 

Pero el impulso de esa medida era uno de los compromisos de Pedro Sánchez con las fuerzas independentistas para su investidura y el Gobierno hizo todo lo que pudo, cuando la batuta estaba en su mano. Ahora corresponde a Bélgica, como presidencia del Consejo de la UE este semestre, organizar los debates y el de la oficialidad de esas tres lenguas se ha quedado fuera y, en principio, seguirá siendo así durante bastante tiempo. Por el momento, el asunto se quedó fuera de la reunión del Consejo de Asuntos Generales en enero y tampoco está sobre la mesa en la cita del próximo martes.

“El Consejo está esperando por una propuesta alternativa que sea compatible con los tratados. Todas las propuestas deberán estar acompañadas de análisis de impacto administrativos (recursos humanos), legales y financieros, como solicitaron la gran mayoría de estados miembros”, señalan fuentes comunitarias sobre los deberes que España tiene por delante. 

España no ha puesto aún sobre la mesa esos documentos más allá de un estudio elaborado por la Comisión Europea sobre el coste que supondría hacer oficiales esas tres lenguas. En total, serían unos 132 millones de euros al año, según la estimación del gobierno comunitario. No obstante, el Consejo quiere una propuesta más exhaustiva. El Gobierno, por su parte, se comprometió a correr con los gastos. 

Tampoco han sido suficientes los argumentos que ha esgrimido el Ejecutivo, que ha tratado de calmar a otros socios europeos dibujando una excepcionalidad española que permita denegar la hipotética aspiración de oficialidad de las decenas de lenguas regionales que hay en la UE. El ministro de Exteriores, José Manuel Albares, estableció una serie de requisitos que sólo cumplen las tres lenguas cooficiales españolas.

Entre las particularidades que distinguen al catalán, el euskera y el gallego de otros idiomas europeos están su reconocimiento en el ordenamiento constitucional, el uso en el Parlamento nacional, los acuerdos administrativos que rigen su uso en la Unión Europea desde hace años así como el depósito de copias certificadas de los tratados ante el Consejo de la Unión Europea en esas lenguas. “Todo este grupo de condiciones sólo lo cumplen las lenguas cooficiales españolas en la Unión”, expresó en octubre Albares tras exponer el asunto en Bruselas: “Otras lenguas no podrán ampararse en esta reforma si el Estado miembro no lo desea”.

Para entonces, varios estados miembros, entre ellos Francia, Alemania, Suecia, Finlandia o Lituania, habían expresado sus reservas al respecto. “No creo que ampliemos el número de lenguas oficiales usadas en la UE en este momento”, expresó el ministro de Exteriores letón, Krišjānis Karins: “No creo que ahora mismo sea el asunto número uno. Tenemos muchos asuntos sobre la mesa, tenemos geopolítica y la posición estratégica de la UE en el futuro y en esto creo que deberíamos estar gastando nuestro tiempo ahora mismo”. Y es que la presidencia española causó malestar con su inclusión del tema en todas las reuniones del Consejo de Asuntos Generales, a pesar de que no había ningún avance. 

Por el momento, la presidencia belga ha guardado el asunto en el cajón hasta que España ponga sobre la mesa los informes que le requieren. “La Presidencia analizará todos estos documentos a nivel técnico (nivel de grupo de trabajo) cuando estén disponibles. Seguramente tardarán algún tiempo en publicarse las evaluaciones de impacto completas. Por lo tanto, en esta fase el expediente quedará a nivel técnico”, argumentan fuentes comunitarias.

Desde la delegación española sostienen, no obstante, que trabajan con intensidad en ese expediente y restan importancia a que la presidencia belga lo haya aparcado al mismo tiempo que reconocen que el asunto no está “maduro” para su aprobación. Y es que el catalán, el euskera y el gallego necesitan el ‘sí’ de los 27 para ser oficiales en la UE, una gesta complicada y que, por ahora, se queda en la tela de araña de la lenta burocracia. 

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