Próximo horizonte, sostener con vida la legislatura hasta las vacaciones de Semana Santa. El Gobierno se dispone a recuperar algo de pulso político a la vuelta de Navidad ante el escenario más complejo para Pedro Sánchez desde que aterrizó en la Moncloa. Sin mayoría parlamentaria estable, sin expectativas, por tanto, de sacar adelante unos Presupuestos y asediado por las causas judiciales, en Moncloa proyectan un trimestre de anuncios políticos que sirvan para confrontar el “modelo de involución” de la derecha en mitad de las autonómicas de Aragón y Castilla y León y a la espera de que Junts otorgue un respiro en el Congreso.
Los socialistas, que no han perdido la interlocución durante todo este tiempo con los independentistas catalanes a pesar de la ruptura formal anunciada, tienen expectativas sobre que esa colaboración parlamentaria que resultó clave para la investidura de Sánchez pueda retomarse en algún momento. Se espera, de hecho, que el Tribunal Constitucional se pronuncie antes de primavera sobre la aplicación de la amnistía a Carles Puigdemont. Un hito judicial y político que en el Ejecutivo anhelan para rescatar a Junts del 'bloque del no'.
El reto del Gobierno, mientras tanto, es dotar de contenido político a un mandato que la derecha define como de “colapso” y que en el equipo de Sánchez se resisten a dar por muerto. Esta semana, todos los ministros del PSOE que han ejercido de portavoces del Ejecutivo se volcaron en desterrar la idea de legislatura acabada. “Este Gobierno va a presentar Presupuestos. Seguiremos legislando para tener una mayor justicia social y una economía que es puntera en el mundo. Feijóo tiene una obsesión en la cabeza: ser presidente como sea. Pero los presidentes se eligen en el parlamento democráticamente y esta legislatura durará hasta 2027”, dijo el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, en su comparecencia de balance del año.
Lo que admite el Gobierno es que esas medidas de impacto que pretenden impulsar desde el Consejo de Ministros, y con las que aspira a retomar la iniciativa política a costa de confrontar su modelo con el de PP y Vox, han de sortear las Cortes ante la imposibilidad actual de ahormar mayorías que sustenten la acción del Ejecutivo. “Hay cuestiones que no necesitan un rango de ley. Hay mucho que se puede hacer para mejorar la vida de la gente y que tiene un rango reglamentario, que son medidas que no tienen que ser convalidadas por el Congreso de los Diputados”, sostuvo la ministra portavoz, Elma Saiz, en una entrevista en la Cadena SER.
Está por ver el calado o el recorrido de esas medidas que, además, se proyectarán en pleno ambiente de campaña electoral y que, por tanto, intentarán ser rentabilizadas para revertir la tendencia en las urnas. Porque al pistoletazo de salida dado por Extremadura el 21 de diciembre le seguirán Aragón, primero, Castilla y León, después, y Andalucía justo antes del verano. Tres citas que se aventuran de extrema complejidad política para el principal partido de gobierno y para la izquierda en general.
Porque la debacle extremeña ha supuesto un nuevo golpe anímico en las filas socialistas, desde donde se señala al candidato, Miguel Ángel Gallardo, como principal razón del batacazo. Pero en el PSOE asumen que esa tendencia deberá revertirse en los sucesivos comicios para no ahondar en la sensación de final de ciclo. Si el balance final de todas esas convocatorias electorales que salpicarán lo que queda de invierno y la próxima primavera constatara un fracaso político sin matices, los tambores de adelanto de las generales volverían a sonar con fuerzas redobladas.
Algunos de los principales aliados parlamentarios del Gobierno, de hecho, creen que ese horizonte volvería a llevar a Pedro Sánchez justo a la casilla de salida de esta legislatura que arrancó con las elecciones generales de julio de 2023. Entonces, y tras el derrumbe del PSOE en las autonómicas y municipales de ese año, el presidente se la jugó por enésima vez a una carta. Y le salió bien. Al calor de los pactos de PP y Vox y de las continuas cesiones en los territorios de los de Feijóo a la extrema derecha, los socialistas acudieron a las urnas casi como un plebiscito frente a la agenda ultra.
Esta vez, sin embargo, el camino parece aún más empinado. La evolución de los casos de corrupción que manchan al Gobierno, con un exministro como José Luis Ábalos entre rejas y con Santos Cerdán, su sucesor en la dirección del PSOE, tras haber pasado por prisión preventiva, el calendario judicial del primer trimestre del año amenaza con convertirse en un tormento permanente para la Moncloa.
Esa mácula de corrupción, no obstante, no ha hecho por el momento que la mayoría del Congreso de los Diputados le baje el dedo a Pedro Sánchez para hacerlo caer, a pesar de las voces que desde formaciones como el PNV, ERC o incluso Sumar han elevado el tono de sus críticas al presidente. Con esos socios tendrá su primera prueba de fuego del trimestre el Ejecutivo en el Congreso para validar el macrodecreto que aprobó en el último Consejo de Ministros del año.
Las iniciativas pendientes
La subida de las pensiones, la prohibición de los desahucios a familias vulnerables o la prórroga del bono energético necesitarán en el mes de enero el respaldo de una mayoría suficiente para convalidar el grueso de las políticas sociales de las que hace gala Moncloa. A día de hoy, y por la misma aritmética de siempre que implica poner de acuerdo a formaciones que van desde Podemos hasta Junts, el Gobierno no tiene garantizado los apoyos suficientes. Y una derrota parlamentaria de tal calibre a las primeras de cambio y en medidas de tanto calado social también supondría un golpe político difícil de encajar.
De lo contrario, la aprobación de ese escudo social y de la subida de las pensiones daría un respiro vital al Ejecutivo porque apuntalaría el discurso del PSOE de que, aun en las condiciones más adversas, la legislatura aún tiene sentido para mejorar las condiciones de vida material de la gente. Y si los problemas judiciales y Junts los permitieran, las esperanzas entonces de cara a primavera volverían a ser las mismas que las del pasado verano y las de estas navidades. Que sin que nadie lo espere, cambie de nuevo el viento para devolver el aliento a Pedro Sánchez.