CRÓNICA

Los últimos Presupuestos antes de que empiece a llover

María Jesús Montero enseña el libro de los presupuestos en una conversación con periodistas el martes.

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Isabel Rodríguez estaba contenta como una ministra con presupuestos nuevos. La portavoz del Gobierno no cabía en sí de gozo. Había proyecto de las cuentas públicas pactado con el socio de gobierno e incluía millones de inversiones y gasto social por todos los sitios. Entrará en el Congreso en los plazos marcados. No importa que los aliados en el Parlamento pongan cara de no estar nada impresionados por lo que escuchan. Ya cambiarán de opinión. “Hoy es un gran día para el Gobierno”, dijo.

En realidad, estaba pensando que era un gran día para el PSOE. Como suele ocurrir en las grandes citas en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, hubo presencia monocolor en la mesa. A Rodríguez, la acompañaron las responsables de las carteras de Economía y Hacienda. Situar ahí a Yolanda Díaz habría supuesto compartir los honores y eso es algo que en Moncloa no tienen costumbre.

Díaz tuvo su foto antes con Pedro Sánchez en la reunión en la que se cerraron los últimos temas abiertos. Igual la ausencia de la rueda de prensa posterior no le vino mal a la vicepresidenta. Así no tuvo que responder a preguntas sobre el gran aumento del gasto militar.

Se habría pegado un susto de muerte al escuchar a María Jesús Montero pronunciar la frase del día. “Creo que superamos esa visión excesivamente militarista sobre los gastos en defensa”, dijo. Ese gasto militar que no es tan militar como dice la gente. Se refería a los puestos de trabajo que se podrán crear en España. En algún sitio habrá que producir los sistemas de armamento. Resulta que si prestas atención a la función para la que están diseñadas las armas, estás teniendo una visión militarista.

Esto es un salto conceptual parecido al que se dio cuando los ministerios de la Guerra pasaron a llamarse ministerios de Defensa.

El incremento del gasto militar tiene dos patas. Una está en los presupuestos de Defensa con un aumento del 6,5%. Luego está el extra de los programas especiales de modernización, que alcanzan la suma de 4.900 millones de euros, lo que hace un incremento total del 25%.

Unidas Podemos mostró su rechazo a destinar más dinero al gasto militar. Era una batalla condenada al fracaso. España es miembro de la OTAN y debería estar en condiciones de cumplir sus compromisos, tanto los adoptados en 2014 para que ese gasto llegue al 2% del PIB como los posteriores a la invasión de Ucrania. Moncloa no iba a ceder. Por eso, resulta extraño que el portavoz de Podemos, Pablo Fernández, dijera un día antes que “ni un céntimo más en Defensa”. No ha sido un céntimo, sino miles de millones.

Al final, Podemos quiso dejar claro su rechazo a ese aumento de gasto, pero de forma que servirá para atizar los titulares sobre un Gobierno dividido. Pablo Echenique acusó al PSOE en Twiter de deslealtad: “Quiero decir claramente que nos han ocultado el aumento unilateral en el gasto en Defensa y que es una vergüenza”. Fuentes de la vicepresidencia de Yolanda Díaz explicaron después a este diario que todas las partidas de los presupuestos fueron discutidas en las conversaciones donde participó el secretario de Estado Nacho Álvarez. La ministra y líder de Podemos, Ione Belarra, ha elogiado el papel de Álvarez en las negociaciones.

La intervención de Echenique contribuye a crear fricciones en uno de los momentos más importantes para la imagen del Gobierno. Comparado con el Gobierno de coalición –el supuesto Frankenstein del que tanto han hablado el PP y las tertulias televisivas–, el Govern de ERC y Junts reúne toda la filmografía de Boris Karloff y Christopher Lee. Los gobiernos autonómicos del PP y Ciudadanos se perdieron hace tiempo en la noche de los muertos vivientes.

Para hacer más llevadero el trago militar, Moncloa ha presentado un proyecto de presupuestos con una lluvia de millones en gasto social. Educación y Sanidad disfrutarán de aumentos de gasto superiores al 6%. Las pensiones se subirán al ritmo de la inflación, es decir, en torno al 8,5%, muy por encima de los salarios. Los socialistas han convencido a Podemos de que no se ha restado un euro de gasto social para destinarlo a tanques, aviones de guerra o sueldos de militares. Aquí hay para todos. La recuperación de la actividad económica y el impacto de la inflación han llevado a la recaudación fiscal a niveles históricos.

Serán probablemente los últimos presupuestos expansionistas, no ya por lo obvio al ser el último año de la legislatura, sino por el cambio de ciclo económico. La competición de los bancos centrales por subir los tipos de interés y hacer frente a la inflación no tiene precedentes y a ella se ha unido con decisión el Banco Central Europeo. En Alemania, los optimistas son los que dicen que la economía caerá en una recesión, pero que no será muy dura. No hay que esforzarse mucho para imaginar lo que están pensando los pesimistas. Atravesar el invierno con precios altos de energía será una experiencia nada placentera. Y la guerra continuará.

Lloverá fuerte a partir del invierno. En función de los acontecimientos de la guerra, es posible que 2023 sea un año que vaya oscureciéndose a medida que pasan los meses. En el peor de los casos, Moncloa podría llegar a la conclusión de que la situación a final de año será peor que al principio, con lo que esperar a entonces para convocar elecciones no sería una idea muy inteligente.

El Gobierno deberá tener preparado un discurso para esa nueva coyuntura que coincidirá con el tramo final de la legislatura. Después de dos años de prometer que lo mejor está a la vuelta de la esquina, tendrá que afrontar uno de los momentos más complicados para los partidos en el poder: intentar insuflar esperanza con ciertas dosis de pesimismo sobre el futuro más inmediato. Y sobre todo confiar en que la prioridad para el electorado sea mantener la calidad de los servicios públicos (en educación, sanidad, orden público, etcétera) antes que bajar impuestos.

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