Sobre este blog

Qué hacemos es un espacio de reflexión y elaboración colectiva, desde donde intentaremos abrir debates y difundir alternativas. Quiere ser un punto de encuentro para colectivos y activistas, para elaborar una agenda propia que se oponga a la agenda oficial de la crisis. Es además una colección de libros de autoría colectiva.

Qué hacemos es una iniciativa de un colectivo editorial formado por Olga Abasolo, Ramón Akal, Ignacio Escolar, Ariel Jerez, José Manuel López, Bibiana Medialdea, Agustín Moreno, Olga Rodríguez, Isaac Rosa y Emilio Silva.

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Europa: todo cambia para que todo siga igual

Policías rodean la sede del BCE en una reciente protesta. EFE

Iván H. Ayala

Platón hace referencia a Heráclito en el diálogo Crátilo, cuando se enuncia el principio de que “Diversas aguas fluyen para los que entran en los mismos ríos”. Es el famoso “Pantha Rei” una expresión griega (Πάντα ῥεῖ) que podríamos traducir como “Todo fluye”. Esta frase ilustra el hecho de que el río tiene que estar en constante cambio para ser río. Borges también recogió esta especie de devenir perpetuo de la existencia humana cuando decía que “(…) nadie baja dos veces el mismo río porque las aguas cambian, pero lo terrible es que nosotros somos no menos fluidos que el río”. La expresión “refundar el capitalismo” que formuló Nicolás Sarkozy en los albores de la presente crisis financiera, también estaba hablando del Pantha Rei. Expresaba la necesidad de modificar ciertos atributos del sistema de producción capitalista para que pudiera seguir existiendo.

Empecemos por el contexto supranacional europeo. La UE tiene como sustrato ideológico la libertad de mercado desde sus inicios en 1957, cuando se firmó el tratado de Roma por el que nacieron las entonces llamadas Comunidades Europeas. Desde ese momento muchas de las directivas emanadas de la comisión, dirigidas ideológicamente por las grandes empresas que son las que se benefician de la “liberalización de los mercados”, han permitido reducir la capacidad de acción del sector público en favor del sector privado mediante privatizaciones. Pero es que la austeridad precisamente consiste en planes en los que se embarcan países con problemas de endeudamiento para reducir la producción de bienes y servicios públicos en favor de la producción privada. La “austeridad” entendida de esta forma es la dirección natural hacia la que tiende la UE, pues es el sustrato ideológico sobre el que se ha construido el proceso de integración. La zona euro además lo ha llevado a su máximo exponente, pues se ha privatizado la capacidad de generar moneda. Es cierto que el BCE es un banco de carácter público al ser una institución europea, pero es independiente de los estados democráticos, lo que le hace dependiente de los mercados financieros. Cuando algunos llaman a cambiar Europa desde dentro, hay que definir “cambiar” y “desde dentro”.

“Cambiar”

En 2011 se estimaba que un plan de estímulo podría suponer el 3,9% del PIB anual es decir, más de 40.000 mil millones de euros anuales durante dos años sin tener necesidad de incrementar impuestos para producir crecimiento. Desde el 2010 el cuadro macroeconómico ha empeorado notablemente gracias a los recortes masivos, por lo que el estímulo hoy debería ser mayor. Además este estímulo implicaría una compra de deuda durante al menos cuatro años por parte del BCE equivalente al 4% del PIB, esto es, en torno a 42.000 millones de euros directamente a los estados. Si bien esta cantidad es relativamente pequeña respecto a las inyecciones de liquidez que el BCE ha realizado (algunas de 500.000 millones de euros), o prácticamente igual a la ayuda para la reestructuración del sector bancario en España (alrededor de 50.000 millones), la compra de deuda directamente a los estados está totalmente fuera del escenario de posibilidades.

El BCE ha nacido bajo unos principios, con unos objetivos concretos, con un consenso ideológico que lo blinda ante cualquier intervención política. Pedirle que responda a otro consenso, a otros objetivos, o que responda a las necesidades de financiación de los países es una Contradictio in adjecto. En el hipotético caso de que se pudiera llegar a utilizar el BCE para financiar la deuda de los estados, ya no sería el BCE, por definición. Es una institución creada mediante un consenso político, y es necesaria la modificación de ese consenso para su conversión en otro tipo de banco central. Y ese consenso ideológico es el que sustenta las bases de la liberalización del mercado de capitales y por tanto del proceso mismo de financiarización en el que estamos inscritos. O lo que es lo mismo, el diseño institucional de la zona euro sitúa a los mercados financieros en una posición de poder frente a las decisiones políticas de los países.

Así la posibilidad de que el BCE cambie su estrategia para actuar como un banco central que responda a las necesidades de los países miembros se puede dar si y solo si se acompaña con un control de los mercados financieros que implique una transferencia de poder desde éstos hacia los países. Pero “control de los mercados financieros” es un eufemismo para definir un cambio estructural en su funcionamiento que reduzca su producción y por tanto su capacidad de generar beneficios. Por último, si hemos situado el actual sistema de producción capitalista en una fase de financiarización, y ésta se define como un régimen dónde los beneficios se dan principalmente en el sector financiero, esto implicaría un cambio político más profundo en el sistema de producción actual de los países de la zona euro. Ante esta situación ¿es consistente pensar que las presentes instituciones europeas pueden producir ese cambio en el sistema de producción capitalista?

“Desde dentro”

Se hace necesaria una alternativa con elementos constitutivos que creen las condiciones necesarias para la modificación de ese consenso político. El primer elemento debe ser sin duda una profundización democrática que detenga la espiral represiva que se está dando en los países donde la “austeridad” se está aplicando. En un reciente estudio de varios países se encuentra evidencia de que los planes de ajuste estructural han estado siempre acompañados de violencia política e inestabilidad social (1909-2009). Por tanto para que un gobierno pueda poner en práctica políticas de reducción del gasto, necesita incrementar la represión política a los sectores afectados.

No tenemos que explicar las estrechas conexiones entre políticos que privatizan, y empresas concesionarias, que son las principales beneficiarias de la austeridad. Es crucial introducir en las decisiones políticas los intereses de la sociedad que está sufriendo los recortes a escala masiva. La forma de poder conseguir esto es incrementar la participación popular en la toma de decisiones políticas. Merece la pena estudiar la posibilidad de establecer mecanismos y recursos para que pueda introducirse un contrapeso popular a los sesgos del sistema representativo. Existen numerosas experiencias de participación popular que merece la pena tener en cuenta. ¿Alguien duda de que los recortes en sanidad serían rechazados por los trabajadores de dicho sector?

Además es crucial detener la sangría de la deuda en España. Madrid por ejemplo las obras de la M30 han generado una de más de 7.400 millones de euros de deuda viva, 500% superior a la siguiente en el ránking. El problema no es la deuda en sí misma, sino que su emisión tuviese como objetivo proyectos para gloria del actual ministro de justicia, y que ha provocado: reducción de servicios de recogida de basuras, de becas a comedores, de la cantidad de incendios a los que los bomberos llegan antes de 7 minutos del 80% a 60%, en el presupuesto del SAMUR, en pruebas de VIH (de 4000 a 700), de la atención a familias afectadas por la drogodependencia (de 2500 a 100), por no hablar de servicios sociales o cultura. Recordemos que FCC, una de las constructoras a las que le fue adjudicado el proyecto de la M30, aparece en los papeles de Bárcenas como caritativa donante al PP.

La utopía no es pedir una auditoría a la deuda del ayuntamiento, sino pretender que los representantes políticos pueden degradar tan gratuitamente las condiciones de vida de los ciudadanos. Las propuestas de alternativas han de suponer un cambio en el sistema de producción pues es su evolución la que nos ha llevado a esta situación. El resto es Pantha Rei, es decir modificaciones institucionales de carácter totalitario y crecimiento de las desigualdades y pobreza, todas ellas necesarias para que el sistema de producción capitalista pueda seguir funcionando.

Iván H. Ayala es miembro de econoNuestra y coautor del libro Qué hacemos con el euro.

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