Adiós a Antonio Smash, el superviviente del rock andaluz que murió con las botas puestas

Antonio Rodríguez fundó Smash en 1968.

Alejandro Luque

Sevilla —
5 de enero de 2026 17:57 h

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Antonio Smash murió con las botas puestas. Hasta el último momento estuvo grabando discos, ofreciendo recitales y sumándose a las iniciativas de los colegas que lo requirieran –solo un par de días atrás había estado rindiendo homenaje a su amigo Pedro G. Mauricio–. Había sido rockero toda su vida, y rockero ha muerto a los 73 años en la víspera de la noche de Reyes de este incipiente y convulso año 2026.

Antonio Samuel Rodríguez nació en Sevilla, en abril de 1952, y desde su primer uso de la razón sintió la llamada de la música. Probó fortuna con la batería en grupos de aficionados, en un momento en que el rock empezaba a irrumpir en España, en buena medida bajo el influjo de las bases estadounidenses de Rota y Morón.

El hecho de haber empezado tan joven en la música le permitió ser un puente entre las bandas de los 60 y las de los 70, participando en infinidad de proyectos con suerte desigual. Así, en 1968 fundó el más celebrado de todos, el grupo Smash, junto a Julio Matito, Gualberto García y Henrik Michel. La transcendencia de esta formación fue tal que, con la estela de discos como Glorieta de los lotos o We come to smash this time, pasaría a ser conocido por todos como Antonio Smash.

Espacio de resistencia

Aunque en sus años mozos se había sentido refractario al flamenco, en los primeros 70 se acercó a Manuel Molina –más tarde Lole y Manuel– en una fusión pionera de rock y música jonda que favoreció la grabación de un éxito como El Garrotín. Eran los tiempos de la antigua Cuadra de Sevilla que, regentada por Paco Lira, reunía lo más granado de la creatividad sevillana. Pisco Lira, heredero de aquel legado, recuerda a Antonio con Smash, “acompañando a la Antígona que puso en escena el grupo Esperpento. Y aún recuerdo los ensayos de El Garrotín, Tangos de Ketama y Ni recuerdo ni olvido”.

A renglón seguido, el músico se alió con Manuel Rodríguez (andando el tiempo, Manuel Imán) para dar forma al grupo Goma, que marcaría otro hito en el rock de raigambre sureña con un disco tan significativo como 14 de abril, cuyos colores republicanos en la portada (diseñada por Alberto Corazón) fueron convenientemente censurados. “Antonio fue un gran músico y un gran trabajador, además de tener una vis cómica muy acentuada, que no todo el mundo conocía”, comenta Manuel Imán, todavía impactado porque el pasado viernes estaban tocando juntos y brindando por los viejos tiempos. “Yo tenía 15 años cuando fui al teatro San Fernando a ver a los Smash, y poco después me compré mi primera guitarra. Para mí fue una referencia absoluta, clave para todos los inicios de lo que se llamaría el rock andaluz”.

También dejaría Antonio su sello en formaciones madrileñas como el grupo Granada, Flamenco o Coz. De vuelta a su ciudad natal, sigue embarcándose en aventuras musicales como la de Silvio y Luzbel, en cuyo legendario disco Al Este del Edén participa, así como con Barra Libre y Gas. En aquella época lo conoció el periodista y músico Pive Amador, que oficiaba como mánager del grupo. “Le debo a Antonio ser batería, porque si la gente recuerda, en la portada de Al Este del Edén aparecía él con el brazo vendado. Surgió una actuación y Silvio, que antes había sido batería y al que yo había animado a hacerse cantante, me dijo: '¿Te acuerdas de que yo no era cantante? Pues ahora soy yo quien te hace batería a ti'. Parece mentira que no quede nadie vivo de aquella portada”.

Asimismo, Antonio será testigo de excepción de una nueva hornada de músicos flamencos al militar en Pata Negra, la banda de los hermanos Amador, como batería, bajista y compositor en los elepés Blues de la frontera (1987), Pata negra, el directo (1989) e Inspiración y locura (1990). “Esa manera de amar la música no la he visto en nadie, hasta el punto de sufrir por querer hacerlo todo bien”, añade Pive Amador. “Pero en el fondo, me parece que no hay mejor manera de morir que haciendo hasta el final lo que uno quiere”.

Ya de lleno en los años 90, en la resaca de la Expo, colabora con Kiko Veneno, Alba Molina, Manuel Molina, Luis Auserón o el grupo Caraoscura. “Fue siempre una inspiración para mí, su amor por la música, su dedicación, su decisión a la hora de hacer las cosas”, comentaba consternado Veneno. “Yo era dos semanas mayor que él, pero él fue mi maestro, el músico total, mi referente de la música sevillana, y siempre lo será”.

El hecho de haber estudiado solfeo y haberse convertido pacientemente en multiinstrumentista le permitió trabajar tanto como intérprete como en calidad de productor y arreglista, y por supuesto de afrontar sus proyectos en solitario como paradigmas de exquisita cocina casera. Jardín secreto, Balas de amor o el más reciente Viéndolas venir, del año pasado, son algunos de los títulos que lanzó desde ese espacio personal de resistencia que él mismo había creado.    

Su huella se manifiesta incluso en grupos actuales, como Pony Bravo, que se declaran deudores de su legado: “Nunca tuvimos la suerte de poder colaborar con Antonio Smash, nunca tuvimos contacto personal con él, aunque compartimos cartel en algún festival. Pero es un referente claro de lo que para nosotros fue la mejor época de la música sevillana y andaluza”, aseguran.

 

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