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Opinión - 'Una cumbre a punta de pistola', por Esther Palomera

No pienses en la OTAN ni en Donald Trump

El presidente de EEUU, Donald Trump, en la Cumbre de la OTAN en Ankara, Turquía, el 7 y 8 de julio pasados.
9 de julio de 2026 22:53 h

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George Lakoff explicaba que basta con decir “no pienses en un elefante” para que todo el mundo piense inmediatamente en un elefante. Su tesis era que quien consigue imponer el marco conceptual acaba condicionando también la manera en que pensamos los problemas y las soluciones.

Algo parecido ocurre con la seguridad (y con Trump). Llevamos años oyendo hablar de amenazas militares, de rearme y de la OTAN, hasta el punto de que cuando oímos la palabra “seguridad” pensamos automáticamente en armas, ejércitos y gasto militar. Nadie nos obliga a hacerlo. Simplemente hemos aceptado el marco.

Esta nueva cumbre de la OTAN ha tenido la particularidad de que comenzó con un Foro Industrial de Defensa que, en palabras de Mark Rutte, tenía el objetivo de “convertir el gasto adicional en capacidades operativas y en ampliar de forma significativa nuestras industrias de defensa”. Se refería efectivamente a lo que ocurrió: que se llegaron a acuerdos por valor de decenas de miles de millones en acuerdos de cooperación industrial armamentística y que se eliminaran las trabas a que los aumentos de gasto militar en la UE fueran destinados a la producción armamentística dentro de la UE, agudizando la dinámica actual por la que el grueso del rearme europeo se produzca con armas estadounidenses. Una parte de este estará destinado a mantener un renovado apoyo militar a Ucrania con armas made in USA pagadas con euros.

En Ankara se ha presentado también la propuesta (el marco) del Departamento de Guerra de EEUU de crear una OTAN 3.0, basada en seguir en la Alianza (oh sorpresa), pero con menos compromisos para EEUU y en la que el resto de aliados gasten más. El 5% del PIB de gasto militar como compromiso de todos los estados miembros ha perdido cierto protagonismo, quizá porque el mensaje ya ha calado. O quizá por la resistencia de algunos gobiernos, entre ellos el español, que pueden afectar a una imagen de unidad que esta cumbre ha buscado no sin ansiedad, tal y como se puede ver en el sorprendente recordatorio en los documentos conclusivos de la cumbre de la existencia del artículo 5, por el que los estados miembros se comprometen a intervenir en defensa de sus aliados, ante un ataque militar.

No deja de sorprender el servilismo del secretario general de la OTAN a Donald Trump, tal y como mostró antes de Ankara en su reunión con el presidente norteamericano en el Despacho Oval cuando presentó dos gráficos en paneles de cartón pluma titulados el “Trump Trillion” o el “Efecto Trump”, para mostrar los incrementos que ha conseguido el presidente estadounidense (con su orgullosa complicidad) por su presión para aumentar los gastos militares europeos. Rutte también había sacado pecho ante su superior de que la cartera de pedidos de armas estadounidenses de los países europeos alcanza los 300 mil millones, aludiendo que así se creaban muchos empleos en EEUU gracias a la OTAN. La conclusión de la cumbre de Mark Rutte, con el talento especial que le define, se resume en la palabra “praise” (elogio) a Donald Trump por tanto que ha hecho por la OTAN.

A pesar de las declaraciones finales forzadas de Donald Trump, valorando la unidad de la OTAN y mostrándose satisfecho por el aprecio que le han mostrado sus socios, el presidente norteamericano no está contento. La OTAN no es lo que creía o lo que querría, y le fastidia especialmente haberse quedado solo, con Netanyahu, en su guerra contra Irán.

¿Qué es la seguridad para la OTAN?

Pensando en cómo enfocar esta nueva cumbre de la OTAN, con resultados previsibles para una organización militar y con la capacidad del presidente estadounidense de manejar los tiempos, tengo que reconocer que pensar fuera del marco resulta ciertamente complicado.

A todo esto, pensando en Trump, la OTAN y el elefante de Lakoff, un baño de realidad. A pocos kilómetros de donde vivo se está quemando el monte, han desalojado a 500 personas de sus casas, hay cientos de bomberos jugándose la vida para apagar el fuego y… algo me hace pensar que Rutte, Trump y todos sus acólitos nos están dando gato por liebre. ¿Qué es la seguridad para ellos y qué significa para la gente normal y corriente? Decenas de incendios forestales obligan a desalojar pueblos, destruyen miles de hectáreas, se cobran vidas no solo en las montañas de aquí al lado de casa, sino en las de medio mundo, y quienes dicen estar a cargo de nuestra seguridad no hablan de ello.

No, no han hablado en Ankara de como luchar contra los incendios. Ni habrá una cumbre internacional como las de la OTAN para debatir cómo reforzar la prevención, cómo mejorar la gestión forestal o cómo dotar de más medios a quienes cada verano se juegan la vida apagando incendios. ¿Acaso la seguridad solo merece grandes titulares cuando lleva uniforme militar?

Debemos ser conscientes de que en las cumbres de la OTAN se reúnen políticos, militares y fabricantes de armas. No debe sorprender a nadie que las principales amenazas que identifican sean las militares, por poco probables que sean, ni que sus propuestas de conseguir mayor seguridad sean las de aumentar sus capacidades militares, por muy incompetentes que estas demuestren ser. Uno termina preguntándose si el problema no es solo cuánto dinero destinamos a la seguridad, sino quién decide qué es seguridad. Porque parece que hemos aceptado sin apenas debate que protegernos consiste, sobre todo, en comprar más armas.

Quizá la pregunta que debería haberse planteado también en Ankara no sea cuánto debemos gastar, sino en qué y para qué. ¿Por qué nadie plantea en las reuniones de la OTAN dedicar el 5% del PIB a prevenir los incendios, reforzar la sanidad, mejorar la protección civil o prepararnos frente a las consecuencias del cambio climático? Quizá debemos aceptar que algo así, en la OTAN, simplemente no puede pasar.

En el caso español también hay explicaciones que pedir. Primero, respeto a la cumbre, necesitamos saber a qué se refiere Donald Trumo cuando habla de que España “se redimió” al acceder a una solicitud de pago a la OTAN. Segundo, relacionado con la seguridad de la gente corriente, el gasto en prevención de incendios en España es insuficiente, desigual por territorios y menor hoy que hace dos décadas. La suma del gasto en prevención de incendios de todas las comunidades autónomas es de 1.558 millones € en 2025, si le sumamos la cifra que aporta el gobierno central, se alcanzan los 2.000 millones. Mientras el gasto militar español supera los 40 mil millones. Ello contrasta con que en 2025 el gobierno español aumentó de un plumazo el gasto militar en 11 mil millones para llegar al 2,1% del PIB exigido por la OTAN, mientras podemos estimar que las partidas destinadas a prevención de incendios suponen un 0,4% del gasto público (el 0,18% del PIB).

Pensar fuera del marco

Y ahí está, probablemente, el verdadero debate: qué entendemos por seguridad. Porque mientras en Ankara se hablará de armas y de las amenazas que justifican adquirirlas, nuestros bosques arden cada verano, sin que nadie se lo tome realmente en serio.

Llevamos décadas discutiendo sobre la seguridad en los términos que propone la OTAN. Discutimos si hay que gastar el 2% o el 5%, si Rusia invadirá Europa, si China quién sabe qué hará, si los EEUU de Trump son también una amenaza... pero casi nunca discutimos lo esencial. Damos por hecho que la seguridad consiste en eso. Y quizá ahí esté la mayor victoria de la OTAN y del presidente de EEUU de turno: haber conseguido que incluso quienes la critican piensen la seguridad con sus mismas categorías.

El balance de Ankara es más de lo mismo, amenazas, miedo, militarización y sobre todo, negocio. No parece que vayamos a conseguir una paz real y duradera ni con una OTAN 3.0 ni con un OTAN europea, como muchos proclaman. Viene siendo hora de que alguien piense, reflexione y proponga cómo gestionar nuestra paz y seguridad sin las ataduras que impone una estructura militar como la Alianza Atlántica.

Debemos comenzar a hablar de seguridad en lugares diferentes, personas diferentes y con marcos conceptuales diferentes. No es tan difícil, hay en nuestro entorno organismos multilaterales infrautilizados con un enorme potencial, la OSCE en Europa, la propia UE, la Unión por el Mediterráneo, Naciones Unidas y, sobre todo, marcos alternativos de seguridad poco explorados, porque seguimos atrapados en el que impone la OTAN. La primera condición para construir una seguridad diferente es atreverse a pensarla fuera del marco que nos quieren imponer Donald Trump y Mark Rutte, entre otros.

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