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Más armas, menos paz: la disuasión no funciona y España entra en la carrera militar

Plataformas a favor de Palestin, en una manifestacion para denunciar la situación en Gaza y el papel de la OTAN. EFE/Alejandro García
27 de abril de 2026 22:21 h

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El gasto militar en 2025 ha alcanzado los 2,889 billones, el 2,5 % del PIB mundial, tras once años de crecimiento consecutivo, según los datos publicados por el SIPRI.

Las cifras récord de gasto militar de 2025 muestran el éxito o fracaso, según como se mire, de unos y otros. Es el fracaso de aquellos países que han que se han encargado de marcar el paso, de liderar la paz y la seguridad mundiales, a través de las vías militares, ya que la paz parece estar más alejada que nunca. Pero puede ser un éxito, porque han conseguido multiplicar, en unos pocos años, por dos e incluso por tres los presupuestos destinados a armamento de todo el mundo.

Los cinco primeros países en gasto militar son EEUU, China, Rusia, Alemania e India, que suponen el 58 % del total. Aunque EEUU en solitario acapara el 33 %, Europa el 30 % y Asia el 23%. Los 32 miembros de la OTAN alcanzan en conjunto 1,582 billones, el 55 %. Si les sumamos otros países aliados, como Japón, Corea del Sur, Australia, Arabia Saudí, etc. superan el 70 %. EEUU triplica el gasto de China, quintuplica el de Rusia; Europa triplica el de Rusia. El conjunto de países OTAN y aliados militares multiplican la fuerza militar de cualquier país o región del planeta. La legitimación de seguir aumentando el gasto militar basada en la disuasión no se sostiene.

Merece este año especial atención el caso de Alemania y Japón. Alemania ha aumentado en tan solo un año un 24 % y lo ha hecho a doble dígito los últimos tres, alcanzando en la actualidad el 2 % del PIB en gastos militares, con el objetivo de llegar al 3 % en 2029. Además, todo ello lo hace con “trampa” contable, modificando su marco fiscal para facilitar el aumento del gasto militar, excluyéndolo parcialmente de su propio límite de déficit, permitiendo financiarlo con deuda mediante mecanismos fuera del presupuesto. Japón, con un aumento del 61 % desde 2016, ha llegado al 1,4 % del PIB, su cifra más alta desde 1958; ha cambiado su constitución para dotar de capacidad ofensiva a sus fuerzas de autodefensa y ha modificado recientemente la legislación que le impedía exportar armamento. Los dos países perdedores de la Segunda Guerra Mundial, ahora estrechos aliados de EEUU, tienen carta blanca para militarizarse de nuevo.

Merece también un comentario la reciente guerra entre Rusia y Ucrania, que ha llevado a que el primero dedique hoy en día el 20 % de su presupuesto y el 63 % el segundo a gastos militares y no a otras necesidades sociales, y que ambos necesitan endeudarse para hacer frente a las enormes necesidades financieras de la guerra, hipotecando los gastos sociales de las futuras generaciones de sus respectivos países. Su ciudadanía tiene derecho a exigir explicaciones a sus gobernantes por no haber hecho lo suficiente para evitar la guerra. No basta con aceptar que la guerra era inevitable y dar el asunto por cerrado, como si se tratara de un desenlace ajeno a toda decisión política.

Por otra parte, si sabemos que el 60% de la facturación de las principales empresas de armas del mundo es de EEUU, que Israel exporta el 75% de su producción armamentista, aun estando en varias guerras a la vez, si también sabemos que el 55% de las importaciones de armas de la UE provienen de EEUU, podemos ver claramente quien se está beneficiando del contexto actual de escalada armamentística. No podemos decir que no lo sabíamos. Eisenhower nos lo advirtió después de dos mandatos presidenciales en su discurso de despedida, en 1961, cuando advirtió que “en los consejos de gobierno debemos guardarnos de la adquisición de una influencia injustificada, buscada o no buscada, por parte del complejo militar-industrial.”

En el capítulo de Donde Callan las Armas: Cañones o mantequilla: el verdadero precio del gasto militar hemos incluido otra cita de Eisenhower: en la que se centró en los costes de la carrera armamentística: “Cada arma que se fabrica, cada buque de guerra que se lanza, cada cohete que se dispara significa, en última instancia, un robo a quienes tienen hambre y no son alimentados, a quienes tienen frío y no son vestidos.”

Nuestros gobernantes debieran saber que sabemos que el gasto militar es un indicador clave que refleja la acción política y muestra la voluntad de cada gobierno de destinar una parte de sus presupuestos públicos a la construcción de su estructura y de sus capacidades militares. Es decir, el gasto militar no es solo una cuestión técnica o presupuestaria, sino una expresión clara de prioridades políticas. Nos permite analizar cómo un gobierno decide asignar sus recursos dentro de un proyecto político concreto, es decir, qué prioridades establece cuando diseña sus presupuestos.

¿Qué camino queremos seguir como sociedad? ¿Queremos avanzar hacia modelos en los que el peso del ámbito militar sea cada vez mayor, como ocurre en países como Israel o Estados Unidos? ¿O, por el contrario, queremos situarnos con los países donde el gasto militar no ocupa un lugar central en su política exterior?

En el caso de países como España esta pregunta no es abstracta. Las decisiones que se tomen hoy, igual que las que se tomaron anteriormente, en materia de gasto militar contribuirán a definir no solo la política de defensa (o de paz), sino también el tipo de sociedad, de economía y de cultura política que se consolidará en el país en las próximas décadas.

Volviendo a los datos, España aparece en 2025 por primera vez entre los países con mayor gasto militar del mundo, con un crecimiento en tan solo un año del 50%, alcanzando en 2025 los 40 mil millones de dólares según el SIPRI (el 2,1% del PIB). Una cifra que podemos aumentar hasta el 2,42% si añadimos el resto de partidas que componen el gasto militar que calcula el cálculo del Centre Delàs, que utiliza de forma estricta el criterio OTAN. Si Además observamos que en la lista de Programas de Modernización de Armas del Gobierno español vigentes para la próxima década se alcanza la cifra de 81.956 millones € y que 33.315 han sido aprobados en Consejo de ministros de 2025. Según estos datos, no podría asegurarse que España pueda ser, independientemente de quién gobierne, un país del No a la guerra, sino que, como el resto de los países que optan por las vías militares para conseguir la paz, más pronto que tarde se puede encontrar con una guerra por el camino.

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