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Por qué enviar tropas a Ucrania sería un error estratégico y humano

Imagen de un desfile militar.
14 de enero de 2026 23:30 h

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Pedro Sánchez ha anunciado recientemente el envío de soldados españoles a Ucrania, a raíz de la reunión de París de la coalición de voluntarios. Las reacciones políticas que ha habido hasta el momento muestran una imprudente connivencia con una decisión que supondría un inaudito precedente en la política española con efectos imprevisibles.

España en la guerra de Ucrania

En la guerra de Ucrania debemos tener en cuenta, en primer lugar, que existen dos bandos enfrentados: Rusia con sus aliados (Corea del Norte, Irán, Bielorrusia, etc.) y Ucrania con los suyos. Entre los aliados de Ucrania se encuentra la coalición de voluntarios que reúne a 34 países, cuyo objetivo es dar respuesta las necesidades que Ucrania requiere para mantener su capacidad de enfrentamiento bélico con Rusia. Además, está el grupo de contacto de defensa de Ucrania, también llamado grupo Rammstein, que reúne a más de 50 países, prácticamente todos los anteriores, miembros de la OTAN, de la Unión Europea y de aliados cercanos como Japón, Corea del Sur, Australia o Nueva Zelanda, además de otros países de la esfera de influencia de Estados Unidos. El grupo Rammstein coordina el apoyo militar a Ucrania, suministrando armamento, entrenamiento y ayuda humanitaria. España es miembro activo de ambos grupos.

Debemos ser conscientes de que de, algún modo, en esta guerra se dibuja un enfrentamiento bélico de grandes dimensiones entre Ucrania con sus aliados de la OTAN y la Unión Europea, y Rusia con sus aliados, cuyo marco asimilable a la OTAN en materia de paz y seguridad es la Organización de Cooperación de Shanghái.

España forma parte del bando de Ucrania, a través de posicionamientos en la Unión Europea, decisiones sobre financiación, envío de armamento y posicionamiento político en Naciones Unidas, situándose del lado de los aliados de Ucrania, el bando en cierto modo natural para los países de la Unión Europea y de la OTAN. Este factor es importante porque una misión de paz requiere imparcialidad y que sus soldados pueden actuar como fuerza neutral, algo que por definición quedaría descartado.

No sería una misión de paz

Según Naciones Unidas, una misión de mantenimiento de la paz debe cumplir tres principios: consentimiento de las partes, imparcialidad y uso limitado de la fuerza. Para desplegar una misión de paz en Ucrania sería necesario el consentimiento de Rusia y Ucrania, así como voluntad política para avanzar hacia un escenario de paz. La imparcialidad exige no tomar partido por ninguno de los bandos y denunciar por igual sus infracciones, tanto las de Ucrania como las de Rusia. Solo bajo el capítulo 7 de la Carta de Naciones Unidas puede imponerse la paz mediante uso de la fuerza, lo que requiere autorización del Consejo de Seguridad, donde existe la posibilidad de veto por parte de Rusia.

A esta cuestión se suma la confusión que puede existir en el Gobierno español y en la opinión pública sobre qué es o no una misión de paz. La web del Ministerio de Defensa explica que España participa en 16 operaciones “de mantenimiento de la paz”. Pero no es cierto. El ejército español tiene cerca de 4.000 efectivos desplegados en la actualidad en dos misiones de la ONU, 8 de la OTAN, 5 de la Unión Europea y una más unilateral en el Golfo de Guinea. Sin embargo, bajo la ONU solo existe una misión real de mantenimiento de la paz: UNIFIL en el Líbano, prorrogada hasta agosto de 2025. Esto contrasta con las numerosas misiones OTAN directamente relacionadas con el conflicto en Ucrania, como Persistent Effort, de disuasión militar a Rusia, o el despliegue terrestre en Letonia, Eslovaquia y Rumanía, que también tiene un mandato vinculado con la guerra en Ucrania.

Es decir, excepto una, todas las misiones militares del ejército español no son de paz, a pesar de que en la terminología utilizada por el Ministerio de Defensa en su página web, ciertamente engañosa, todas lo serían.

El riesgo de entrar en guerra

En relación con ello surge una cuestión fundamental: ¿cuáles son los riesgos para España de formar parte de un despliegue militar en un país en conflicto armado del cual se ha tomado parte?

España no es imparcial, porque toma participa dando apoyo a Ucrania, a través de misiones de la OTAN, del envío de armamento y de apoyo político, económico y financiero, tanto desde la Unión Europea como de forma directa.

El envío de militares españoles a un lugar en conflicto armado del cual se toma parte hace imposible que se trate de una misión de paz, España no cumple las condiciones necesarias para ser aceptada por las partes y no tiene capacidad para desarrollar actividades propias para favorecer un proceso de paz con garantías.

El envío de tropas a Ucrania pondría en riesgo la vida de los soldados desplegados, pero también a España en su conjunto. Porque enviar tropas a una guerra tiene como primera consecuencia elevar el nivel de participación en un enfrentamiento bélico de todo el país. La participación de militares implica elevar al máximo nivel la implicación de toda la ciudadanía en un conflicto cuya evolución es incierta y que puede escalar más de lo que podemos prever.

Otra consecuencia es que España sería considerada parte contendiente desde un punto de vista militar, convirtiéndose en objetivo militar, incluyendo sus fábricas de armas o canales de suministro militar.

Una consecuencia especialmente reseñable es el riesgo de escalada: si soldados españoles fuesen atacados, la respuesta militar sería inevitable y podría generar represalias mayores del ejército ruso u otros grupos armados, obligando a su vez a incrementar la respuesta militar española en el conflicto.

Es decir, existe el riesgo de que algunos actores busquen deliberadamente esa escalada para aumentar la implicación militar europea, lo que beneficiaría estratégicamente a Ucrania, y quizá legitimaría y reforzaría al Kremlin ante sus potenciales aliados militares.

Otra línea roja menos

Es cierto que el anuncio actual del Gobierno español limita el despliegue a instructores, ingenieros, desactivadores de explosivos y observadores. Sin embargo, no hay garantía de que la misión acabe como empieza. Otros compromisos se han modificado en el pasado: Sánchez anunció en 2022 que no enviaría armas a Ucrania y finalmente sí lo hizo. En diciembre dijo que “no veía” el despliegue de tropas españolas en suelo ucraniano; sin embargo, ahora se anuncia una participación española dentro de una fuerza multinacional. Lo que se presenta como un despliegue limitado puede convertirse en el cruce de otra línea roja: el envío de tropas españolas a una guerra en la que España ya ha tomado parte.

Una decisión con graves consecuencias

En conclusión, España ya ha elegido su bando en la guerra de Ucrania a través de decisiones políticas, económicas y militares, así como mediante el envío de armamento y la participación en diversas misiones de la OTAN vinculadas al conflicto. Esta realidad impide que cualquier tipo de despliegue español pueda presentarse como una misión de paz imparcial, porque no se cumplen los principios fundamentales establecidos por Naciones Unidas.

El anuncio del envío de militares españoles, aun presentándose como limitado, no elimina los riesgos asociados. La experiencia reciente demuestra que compromisos inicialmente acotados pueden evolucionar hacia una mayor implicación, como ocurrió con el envío de armamento, que en un principio se negó rotundamente y después se autorizó.

El despliegue de militares españoles en un país en guerra señala a España como contendiente, incrementa el riesgo de ataques, abre la puerta a represalias y puede desencadenar una escalada difícil de controlar. Además, existe la posibilidad de que actores con interés estratégico en aumentar la implicación europea provoquen incidentes que empujen a una mayor participación militar y a alejar la posibilidad de una resolución pacífica del conflicto.

Por todo ello, lo que se presenta como un gesto limitado y provisional puede acabar siendo un nuevo cruce de líneas rojas, profundizando la implicación militar española en un conflicto armado de consecuencias imprevisibles para el país, para sus soldados y para el conjunto de la ciudadanía.

La decisión de enviar unos pocos militares hoy a la retaguardia de Ucrania, puede ser el punto de inflexión que allane mañana el envío de nuestros jóvenes a morir a la guerra. Quien tome la decisión de dar el primer paso para meter a España de lleno en una guerra, debe saber que no solo firma una orden militar, firma su propia condena política y moral.

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