Día Mundial de los Pastos Marinos: estas son las algas que jamás podrías ingerir por tóxicas
Cuando pensamos en algas, solemos imaginar sushi, ensaladas marinas o suplementos saludables. Pero el 1 de marzo, en el Día Mundial de los Pastos Marinos, conviene recordar que no todas las algas son comestibles. Algunas pueden convertirse en un riesgo serio para la salud humana y animal.
Hablamos de las llamadas proliferaciones de algas nocivas, crecimientos descontrolados que pueden producir toxinas peligrosas. Estas explosiones biológicas no son raras ni lejanas: ocurren en lagos, ríos, embalses y mares de todo el mundo.
Cianobacterias y otras algas tóxicas: cuando el agua deja de ser segura
No todas las algas son perjudiciales. De hecho, muchas cumplen funciones esenciales en los ecosistemas acuáticos. El problema aparece cuando determinadas especies se multiplican de forma masiva y alteran el equilibrio del agua.
Las cianobacterias, también conocidas como algas verde-azules, son la causa más frecuente de proliferaciones de algas nocivas en agua dulce. Lagos y ríos pueden cubrirse de una especie de espuma o capa espesa que parece pintura derramada sobre la superficie. El agua puede adquirir tonos verdes intensos, azulados o incluso marrones.
En entornos marinos, los dinoflagelados y algunas diatomeas son responsables de fenómenos como la marea roja, una coloración rojiza o anaranjada del agua causada por concentraciones altísimas de microorganismos. Aunque visualmente pueda parecer espectacular, la marea roja puede liberar toxinas que se acumulan en peces y mariscos.
Entre las algas tóxicas, las cianobacterias destacan por su capacidad de producir venenos que afectan al hígado, al sistema nervioso o a la piel. La exposición puede darse al ingerir agua contaminada, al consumir pescado o marisco afectado o incluso al inhalar aerosoles en zonas próximas.
En el contexto del Día Mundial de los Pastos Marinos, es importante diferenciar entre los pastos marinos —plantas acuáticas fundamentales para la biodiversidad— y estas proliferaciones de algas nocivas, que suponen un desequilibrio del sistema.
Por qué aparecen las proliferaciones de algas nocivas
Las algas tóxicas y las cianobacterias están presentes de forma natural en el agua. Lo que cambia es el entorno. Es más probable que se desencadenen proliferaciones de algas nocivas cuando el agua está tibia, se mueve lentamente y contiene grandes cantidades de nutrientes como nitrógeno o fósforo.
Esos nutrientes suelen proceder de fertilizantes agrícolas, aguas residuales o escorrentías urbanas que llegan a ríos y lagos tras tormentas. El exceso de nutrientes actúa como combustible para estas microalgas. A ello se suma el aumento de la temperatura del agua, vinculado al cambio climático, que favorece su crecimiento rápido.
Cuando las proliferaciones de algas nocivas se vuelven demasiado densas, pueden consumir el oxígeno del agua, provocar mortandad de peces y alterar ecosistemas completos. Además, algunas liberan gases irritantes que afectan a quienes viven o realizan actividades recreativas cerca de la costa.
La marea roja, por ejemplo, puede provocar intoxicaciones alimentarias al consumir marisco contaminado. Y las cianobacterias en embalses de agua dulce han obligado en ocasiones a cerrar playas y restringir el uso de agua potable.
En el Día Mundial de los Pastos Marinos, recordar la existencia de estas algas tóxicas no es alarmismo, sino prevención. Las señales de alerta suelen ser visibles: agua con aspecto de pintura espesa, espumas verdes, cambios bruscos de color o mal olor. Ante la duda, lo prudente es evitar el contacto y no consumir productos procedentes de zonas afectadas.
Las algas son esenciales para la vida marina y, en muchos casos, también para nuestra alimentación. Pero cuando se transforman en proliferaciones de algas nocivas, dejan de ser aliadas y se convierten en un riesgo real. Conocerlas es el primer paso para no confundir lo natural con lo inocuo.
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