Trump, la OTAN y el mito de que EEUU paga por la defensa de Europa
Trump ha sugerido que Estados Unidos podría retirarse de la Alianza Atlántica si sus aliados no “pagan su parte”. Incluso ha afirmado que “animaría” a Rusia a atacar a cualquier miembro de la OTAN que no cumpliera con sus obligaciones financieras, o que, si Europa no paga la factura de su seguridad, EEUU no les defenderá ante un hipotético ataque. ¿Qué hay de cierto en ello? ¿Nos debemos tomar en serio las amenazas del presidente estadounidense?
Veamos cuál es la presencia militar estadounidense en Europa, la factibilidad de la retirada de EEUU de territorio europeo y/o su salida de la OTAN, el coste que esto supondría para Europa (según estudios que dan por supuesta la intención de invasión del continente por parte de Rusia) y finalmente quién debe a quién, en términos monetarios y también securitarios.
Un informe de 2021 del Quincy Institute for Responsible Statecraft, Drawdown: Improving U.S. and Global Security Through Military Base Closures Abroad señala que, a pesar de la retirada de tropas y bases de Afganistán, EEUU aún mantiene alrededor de 750 bases militares en unos 80 países y territorios de todo el mundo. Según los autores del estudio, estas instalaciones cuestan a los contribuyentes estadounidenses unos 55.000 millones de dólares al año en gastos operativos y de mantenimiento.
Para cuantificar la presencia militar de EEUU en Europa podemos consultar el artículo Where Are U.S. Bases and Forces Situated in Europe? del Council on Foreign Relations, donde se constata que a comienzos de 2025 había cerca de 84.000 militares estadounidenses en Europa. Aunque, actualmente, con el envío suplementario de militares a los países fronterizos con Ucrania, la cifra podría alcanzar los 105.000 efectivos, en 26 bases militares estadounidenses y otras 19 instalaciones con presencia militar norteamericana.
Hay 38.700 militares estadounidenses en Alemania, 14.000 en Polonia, 12.600 en Italia, 10.000 en Reino Unido y 3.500 en España
El informe calcula que hay 38.700 militares estadounidenses en Alemania, 14.000 en Polonia, 12.600 en Italia, 10.000 en Reino Unido y 3.500 en España, y cifras inferiores en hasta 14 países más. Se calcula además que Europa alberga aproximadamente un centenar de bombas nucleares B61 en Bélgica, Italia, Países Bajos, Alemania y Turquía. Según este mismo artículo, los países que acogen una base militar estadounidense pagan aproximadamente el 34% de los costes operativos de esas bases.
De tal modo que si en Europa hay 45 bases, el 6% del total, podemos hablar de un coste anual de unos 3.000 millones de dólares, a los que cabría restar el mencionado 34% del coste que cubren los países que acogen estas bases militares. Por tanto, el coste real de las bases militares de EEUU en Europa puede rondar los 2.000 millones de dólares anuales.
Esto no parece mucho cuando lo comparamos con las armas que Europa compra a EEUU cada año, ya que mientras Europa prácticamente no le exporta armas, sí importa un volumen considerable. Según la Defense Security Cooperation Agency (DSCA) EEUU exportó más de 318.000 millones de dólares en armamento en 2024, del que un tercio fue a parar a Europa. Esta misma fuente revela la existencia de 2.907 millones de dólares en compras españolas de armas a EEUU en 2024 y 1.682 millones en 2023, más de 4.500 millones en dos años. Vistas estas cifras récord, parece que las críticas reiteradas de Donald Trump a España por su bajo gasto en defensa pueden haber conseguido sus objetivos.
EEUU y la OTAN
En las declaraciones de Donald Trump referidas más arriba hay una incongruencia de base porque amenaza con no defender a los países europeos si no se encargan de su propia seguridad; es decir, si no aumentan sus capacidades militares. Lo que significa que sí que defendería a Europa si esta se encargara de su propia seguridad; esto es, si tuviera más armas y un mayor ejército, que harían innecesaria la intervención norteamericana.
No es creíble, por desgracia, que EEUU abandone la OTAN. No solo por la incoherencia apuntada, sino por razones obvias, como las que fueron señaladas por 16 antiguos embajadores en la OTAN de EEUU y ex altos cargos militares el 13 de febrero con motivo de la Conferencia de Seguridad de Múnich, quienes defendieron con énfasis que “la presencia de EEUU en la OTAN no es una cuestión de caridad, sino que es vital para su propia seguridad”. Insistieron en su comunicado en que estar en la OTAN no es un acto de generosidad por parte de EEUU, sino que les sirve para mantener e impulsar su poder global, y señalaron que si EEUU saliera de la OTAN, el resultado inmediato implicaría mayores costes, pérdida de influencia y menor legitimidad en el resto del mundo.
El miedo a Rusia justifica el rearme
Finalmente, me gustaría hacer referencia al estudio del International Institute of Strategic Studies Defending Europe Without the United States: Costs and Consequences de mayo de 2025 sobre el coste que tendría para los países europeos hacerse cargo de la actividad militar y de seguridad estadounidense en Europa. Este estudio parte de la poco creíble asunción de que la guerra en Ucrania termine con un alto el fuego, al tiempo que el Gobierno de EEUU inicie el proceso de retirada de la OTAN. Los cálculos concluyen que los aliados europeos necesitarían reemplazar las plataformas militares clave con aproximadamente 128.000 efectivos. Para sustituir las capacidades militares actualmente utilizadas por EEUU en Europa, el coste según este estudio podría llegar a alcanzar hasta un billón de dólares.
Pero claro, este informe parte de una premisa cuando menos tendenciosa, porque considera de manera acrítica que Rusia constituye una amenaza militar significativa para Europa y que la presencia de EEUU ha sido la razón de evitar que Rusia invadiera desde el final de la Segunda Guerra Mundial el continente europeo.
Para ello, el estudio cita, entre otros, al Gobierno danés, que en su informe Intelligence Outlook 2025 de sus propios servicios de inteligencia proyecta que Rusia podría iniciar una guerra local contra un país vecino en seis meses a partir del momento en que la guerra en Ucrania se congele o termine; en dos años, podría lanzar una guerra regional en la región del mar Báltico; y en cinco años, podría estar preparada para un ataque a gran escala contra Europa. Es una predicción con escaso fundamento, que más bien parece buscar que se genere en la percepción en la sociedad europea de que, pase lo que pase, hay que seguir con el Plan de Rearme ante la ausencia de escenarios alternativos a las vías militares para conseguir la paz y seguridad en Europa.
La factura de la inseguridad
Por otra parte, la discusión sobre quién paga la seguridad europea suele plantearse en términos monetarios, pero a menudo se omite el coste estratégico de las decisiones adoptadas en las últimas tres décadas.
No debemos olvidar que desde el fin de la Guerra Fría, la OTAN pasó de 16 a 32 miembros, incorporando progresivamente a antiguos países del Pacto de Varsovia y a ex repúblicas soviéticas. En 2008, la cumbre de Bucarest declaró que Ucrania y Georgia podrían ser miembros de la OTAN en un futuro. Recientemente, Finlandia y Suecia han ingresado, ampliando aún más la frontera directa entre la OTAN y Rusia.
Para Moscú, este proceso no fue una mera ampliación administrativa, sino un desplazamiento constante de una alianza militar liderada por EEUU hacia su espacio estratégico inmediato. Ya en 2007, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, Vladímir Putin denunció abiertamente la expansión de la OTAN como una amenaza directa a la seguridad rusa y cuestionó el modelo de orden unipolar dominado por Washington.
La “factura” de la seguridad europea también debe considerar el precio político y estratégico de una arquitectura de seguridad que, en lugar de integrar a Rusia en un sistema común, avanzó bajo una lógica de ampliación y presión percibida como amenaza
A esta dinámica se añadió el giro constitucional de Ucrania. Tras su independencia, el país mantuvo durante años una política formal de no alineación. Sin embargo, después de 2014, Kiev abandonó esa posición y en 2019 incorporó en su Constitución el objetivo estratégico de integrarse en la OTAN y en la Unión Europea. Desde la óptica rusa, la posible entrada de Ucrania en la Alianza Atlántica suponía la presencia potencial de infraestructuras militares occidentales en un territorio históricamente vinculado a su esfera de influencia y situado a escasa distancia de Moscú.
En este contexto, la “factura” de la seguridad europea no puede reducirse al coste de bases o despliegues militares estadounidenses. También debe considerarse el precio político y estratégico de una arquitectura de seguridad que, en lugar de integrar a Rusia en un sistema común, avanzó bajo una lógica de ampliación y presión percibida como amenaza. El resultado no ha sido una Europa más estable, sino un continente militarizado, polarizado y en guerra. Desde esta perspectiva, más que pagar por su seguridad, Europa estaría pagando hoy las consecuencias de una inseguridad, responsabilidad de EEUU y la OTAN, acumulada durante años de expansión sin un marco inclusivo que incorporara a Rusia en el nuevo orden posterior a 1991.
Este tema se aborda en detalle en el tercer capítulo del pódcast 'Donde callan las armas', del Centre Delàs con Olga Rodríguez.
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