Minúsculas, pero dañinas: las especies invasoras utilizan el río Guadalquivir para expandirse por Andalucía
El mapa de Andalucía está lleno de puntos rojos. Parece un enjambre furioso. Estas señales corresponden a las notificaciones de especies exóticas invasoras que se registraron en la web global iNaturalist entre los años 2015 y 2025, multiplicándose de forma exponencial y marcando de color rojo la costa andaluza, así como varios puntos del interior. Las marcas que antes correspondían a áreas aisladas ahora se han convertido en líneas trazables que alertan sobre la expansión de los ejemplares, y uno de los elementos para que ocurra es la presencia de ríos que atraviesan el territorio. Entre ellos, el Gualdalquivir, que se ha convertido en un corredor para que las especies invasoras avancen hacia el interior de la región.
A partir de la plataforma ciudadana EXIA, que participa desde el sur andaluz en iNaturalist, se han cuantificado alrededor de 189 especies exóticas invasoras, aunque su número aumentaría de contabilizar los especímenes más pequeños o parásitos. “Andalucía es un labotario natural” para el estudio de aquellos animales o vegetales que no son parte del ecosistema local y desplazan a la flora y fauna endémicas.
Así, “toda la costa está afectada por este fenómeno y nuestro corredor del Guadalquivir es un punto importante, de ahí que afecte a Sevilla y a Huelva, aunque todas las provincias están más o menos igual”, detalla Ismael Ferreira, biólogo y miembro de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación de la delegación del CSIC en Andalucía, también comisario de la exposición Especies invasoras: el caso Andalucía, que abrirá este martes con la inauguración de la nueva temporada de La Casa de la Ciencia de Sevilla.
“El problema de las especies exóticas invasoras es global: donde hay humanos, hay este tipo de especies”, a causa de la movilidad que, desde los cascos de los barcos al transporte de animales o la adquisición de semillas, ha influenciado en el medio desde sus orígenes. “En Andalucía tenemos el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, somos puerto de entrada a Europa y tenemos una mezcla tan heterogénea como las marismas de Doñana o los cultivos extensivos, por lo que es muy útil para estudiar cómo se adaptan y son los primeros estadíos de las invasoras”, comenta.
Hablando de ríos, una de las introducciones más destructoras ha sido la del cangrejo rojo, originario de Norteamérica. A pesar de sus fines comerciales, su explotación ha conllevado a que el molusco reduzca la diversidad de especies en los humedales y actúe como vector de enfermedades para otros cangrejos, aparte de que su actividad excavadora deteriora orillas, canales y cultivos como los arrozales. Otro caso similar es el del cangrejo azul o jaiba, que altera los recursos pesqueros locales, por lo que el divulgador recomienda un equilibrio entre los fines productivos y la pervivencia en el medio natural.
Celeridad en el control de especies
Además, los ríos entrañan una doble dificultad: “Las especies que hay, como el caracol de agua dulce, ”son pequeños y, como humanos, no vamos por ahí, así que es casi imposible cuantificar el impacto que causa una especie de este tipo“, por ejemplo, si bien uno parece inofensivo, las colonias que se forman con millones de ejemplares provocan competencia por el espacio con otros animales o producen daños medioambientales, como el caso del mejillón cebra, contra el que la Confederación Hidrogáfica del Guadalquivir tomó medidas en Utrera a principios de mes.
El proyecto EXIA ha logrado más de 5.819 observadores, con 28.085 observaciones que han permitido identificar a 189 especies. Un número que demuestra el compromiso de tantos ciudadanos y ciudadanas y se refleja en otros proyectos de ciencia ciudadana hermanados con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), como lifeinvasaqua, observadoresdelmar o mosquitoalert. Hablando de mosquitos, el experto señala en diferenciar entre el mosquito tigre, originario de las selvas del sureste asiático y transmisor de enfermedades como la fiebre amarilla y el dengue, y el mosquito que porta el virus del Nilo, el cual es autóctono y extrae el patógeno cuando pica a las aves migratorias.
En todo caso, pide celeridad a las instituciones públicas a la hora de gestionar y aplicar los planes de actuación sobre el control de especies: “La administración hace bastantes cosas, pero es cierto que en política hay una tendencia a reflejar lo que era nuestra sociedad hace dos o tres años. Esto con una especie invasora no funciona: no podemos trabajar cuando ya está establecida en el terreno”, y cita al avispón oriental. Procedente de Asia central y suroeste asiático, se expande por el litoral mediterráneo y ya se ha detectado en el interior andaluz. Caza numerosos insectos, por lo que deja menos recursos a sus contrincantes, y ejerce una fuerte presión sobre las colmenas, además de competir por recursos y lugares de nidificación con avispas y avispones autóctonos.
Un caso igualmente llamativo es el de la cotorra argentina y, especialmente, la cotorra de Kramer, que se distingue por su pico anaranjado. Estas aves de lustrosos colores y canto ruidoso planean en los alrededores de la Casa de la Ciencia y, a pocos metros, protagonizaron en el Parque de María Luisa una dura gresca contra la colonia de murciélagos gigantes que recibió atención mediática. Ferreira evoca aquel episodio como un ejemplo más de lo que entrañan esta expansión descontrolada, ya que se confirmó que los pájaros verdosos atacaban y picoteaban las alas de los mamíferos para quitarles los huecos de los árboles en los que luego anidarían. Destruyendo los refugios lograron amenazar a una de las colonias más grandes del continente.
La alga asiática o el rabo de gato
Igualmente, el divulgador concede que no hay una especie “peligrosa” de por sí en Andalucía, pero la que sí tiene efectos devastadores sobre el entorno es el alga asiática. “Está por toda la costa y las playas que viven del turismo tienen un serio problema económico, aparte del sector pesquero, ya que se carga todo el sustrato que es alimento de otros peces y, finalmente, todo esto tiene un efecto dominó”, describe. Solo en Cádiz se retiraron 1,2 millones de toneladas el verano pasado en la playa de La Caleta.
Tampoco hay que bajar la guardia con respecto a los vegetales y muestra una lista de aquellas que están más extendidas: el vinagrillo procede de Sudáfrica y con sus flores amarillas homogeneiza los terrenos; también, el rabo de gato o cola de zorro, “ya no queda ni una cuneta en Sevilla sin ello”, que a causa de sus vistosas inflorescencias plumosas se introdujo en España para uso decorativo, pero su alta resistencia al fuego y a las altas temperaturas, junto a su rápida propagación, lo ha convertido en un elemento más del paisaje. “En Andalucía ha aumentado de forma notable, llegando casi a duplicarse año tras año”, según los registros de iNaturalist.
Un caso paradigmático es el de la banderita española, cuyas flores coloridas recuerdan a la rojigualda. Nativa de América tropical, está incluida entre las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Sin embargo, sigue siendo de las plantas más cultivadas por su poco coste, viéndose hasta en rotondas. “La legislación prohíbe un tipo, pero al haber múltiples hibridaciones al final gana lo barata y bonita que es”, aunque sea una amenaza continua.
“Antes salía al campo y, como biólogo, quería saber qué especie era cada cosa. Había tantas cosas que me di cuenta que era muy difícil hasta que empecé a distinguir las exóticas invasoras de las especies comunes”, rememora, “por desgracia, cuando ahora salgo al campo sé todo lo que hay: todo es homogéneo o no es de aquí”. Lo que, desafortunadamente, da lugar a una simplificación del ecosistema andaluz y desentraña grandes peligros puesto que, entre otras cuestiones, una sola enfermedad o un solo depredador puede arrasar con todo un conjunto si no hay una diversidad genética resistente a tales procesos.
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