Las cifras de muertes semanales que publica Sanidad representan poco más de la mitad de las reales

El Ministerio de Sanidad publicó el miércoles la mayor cifra de muertes semanales desde el final del estado de alarma en España. 517 fallecidos en 7 días, el dato más alto desde que se publica este indicador en los informes diarios. No se alcanzaba un nivel similar de mortalidad desde mediados de mayo.

Los datos, sin embargo, nos indican que esta cifra está infraestimada y que probablemente ya estemos sobre las 700-800 muertes semanales. Sin embargo, no lo sabremos con total seguridad hasta dentro de unas semanas, cuando las comunidades terminen de notificar todos sus fallecidos con COVID-19.

Desde el 1 de agosto, las cifras de fallecidos semanales que publica el Gobierno en cada informe diario apenas representan entre el 40% y el 60% de las muertes reales que se van incluyendo con días y semanas de retraso por las comunidades autónomas, según los datos del Ministerio de Sanidad analizados por elDiario.es. Por ejemplo, el informe del 24 de agosto especificaba que habían fallecido 96 personas en 7 días. Con las cifras consolidadas hasta el 24 de septiembre, esa cifra ha escalado hasta los 250 fallecidos, más del doble.

La razón de estos retrasos se encuentra, por un lado, en la entrada en vigor en mayo de la nueva estrategia de vigilancia y detección precoz, que cambió la forma en la que las comunidades notificaban sus casos y muertes de COVID-19.

Hasta entonces lo hacían de forma agregada. Es decir, cada una enviaba un número total de casos y fallecidos al Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. De ahí se restaba el total anterior y se obtenía una cifra diaria. Sin embargo, eran notificaciones, es decir, había casos de fallecimientos o contagios, por ejemplo, que podían haber ocurrido hacía tiempo pero que se comunicaban en ese momento. Este sistema permitía comunicar casos más rápido, ya que no había que rellenar una exhaustiva encuesta epidemiológica para cada caso, pero la información era menos detallada.

El sistema que se usa (SiVIES) en la actualidad es más lento: si una comunidad confirma un caso, el médico tiene que rellenar una ficha de forma urgente con todos los detalles: cuándo empezaron los síntomas, el municipio de residencia, el sexo, la edad, el lugar probable de contagio o el tipo de prueba diagnóstica. El problema es que hay que hacer el seguimiento de cada caso y este proceso es manual.

Por ejemplo, una persona con síntomas graves da positivo en una prueba PCR, el médico que le atiende en el hospital completa la ficha y se notifica el caso al Ministerio. Varios días después o una semana más tarde, el paciente fallece por las complicaciones de la enfermedad. Para notificar este fallecimiento, el médico tiene que volver a la ficha que rellenó cuando confirmó el caso y actualizar la fecha de defunción del paciente.

Fuentes del Instituto Carlos III, que gestiona el sistema SiVIES, confirman a elDiario.es estos retrasos: "Desde el principio de la pandemia hay un decalaje variable de la información diaria que se publica". Aseguran que están en contacto con las regiones que más retraso presentan a la hora de actualizar los datos pero que dependen "de los circuitos de información de las comunidades autónomas".

Según los datos de más de 150.000 casos confirmados en España hasta el 10 de mayo, las muertes se sucedieron durante la primera ola del virus entre el día 12 y 23 desde el momento del contagio y en los días 7 y 18 desde el inicio de síntomas. Ahora, ese tiempo se alarga por la detección precoz y este retraso en las notificaciones. El siguiente esquema muestra las distintas fases entre que un paciente se contagia y termina falleciendo:

Este esquema muestra que los fallecidos que estamos registrando ahora son probablemente por los contagios que se produjeron hace 2 o 3 semanas. Con el aumento sostenido de casos que registramos desde principios de agosto, las muertes seguirán subiendo durante, al menos, dos o tres semanas más.

Más de 2.600 muertes desde el fin del estado de alarma

El 21 de junio decayó el estado de alarma y se acabaron las fases. En ese momento, las cifras de mortalidad estaban en los niveles más bajos desde el inicio de la epidemia: un promedio de 5 fallecidos diarios. Incluso, según los datos hasta el 24 de septiembre, no hubo ninguna defunción con COVID-19 el 2 y el 5 de julio. Desde inicios de agosto, las cifras de muertes han ido escalando paulatinamente hasta las 90 diarias.

Desde el 21 de junio hasta la actualidad han fallecido 2.687 personas con COVID-19 en España. Este dato solo incluye las muertes notificadas hasta el 24 de septiembre que fallecieron en los últimos tres meses. Aunque Madrid lidera este ranking en números absolutos, con 766 defunciones, Aragón es la que más ha visto subir la mortalidad en comparación con el tamaño de su población. La región, donde se iniciaron los primeros brotes asociados a temporeros que después se expandieron al resto de comunidades, registra un total de 331 fallecidos por cada millón de habitantes.

El caso más extremo es el de Catalunya, que solo ha notificado 153 muertos desde el final del estado de alarma cuando allí se registraron los brotes más graves a finales de julio. Precisamente, según reveló elDiario.es, es la autonomía con mayor diferencia entre los muertos que registra en sus propios informes diarios y los datos que proporciona al Ministerio. Hay que tener en cuenta que una parte puede deberse a una diferencia de criterios: el Ministerio pide en su sistema que se notifiquen las muertes con prueba PCR, pero Catalunya sigue incluyendo en la web de la Generalitat las que las funerarias apuntan como "sospecha de COVID-19".

La secretaria de estado de Sanidad, Silvia Calzón, admitía este jueves los continuos retrasos y los achacaba las "limitaciones" de los sistemas informáticos, de los estatales y de los autonómicos, en los que "se trabaja intensamente" para mejorar. También a que "no podemos olvidar que hay personas que están detrás de estos datos y que es una batería muy alta lo que se pide".

Adrián Aguinagalde, médico experto en Medicina Preventiva y portavoz de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (SEMPSPH), explica que todo depende del factor humano: "Es normal que en vigilancia durante una pandemia haya cierto decalaje, y ese decalaje depende de cómo hayan organizado los sistemas de información". Añade que estos retrasos dependen de lo automatizado y perfeccionado que esté el sistema de información sanitaria de cada autonomía, y de cuántas revisiones requiera.

¿Estos retrasos suponen una carencia a la hora de monitorizar la pandemia a tiempo real? No epidemiológicamente, según Aguinagalde. Lo que epidemiológicamente se analiza es: "El número de casos totales, que acuden a Atención Primaria, hospitalizados y en UCI. Eso nos permite saber por dónde va la pandemia, los fallecidos que vemos ahora responden a picos de hace unas semanas. El número de fallecidos es información que completa la foto y que nos permite contextualizar mejor la crisis, pero no nuestra variable principal de análisis a nivel de vigilancia".

Aunque en las curvas de casos confirmados por comunidades dentro de nuestro país se observa cómo la segunda ola iguala o supera a la primera; en la letalidad todavía no se han registrados niveles similares a los que vivimos en marzo y abril.

¿Por qué los contagios han subido tanto y la mortalidad, hasta el momento, no? El principal motivo es que entre marzo y abril, epidemiológicamente, solo veíamos "la punta del iceberg". Durante muchas semanas del estado de alarma, solo se diagnosticó a las personas graves que ingresaban en el hospital. Entonces la prioridad era paliar el colapso de la estructura sanitaria y aligerar los laboratorios de PCR, que no daban abasto materialmente para hacer pruebas a todos los pacientes con síntomas.

Es decir, ahora mismo vemos una mayor proporción de contagios sobre los que detectábamos entre los meses de marzo y abril. Aunque las cifras de muertes pueden estar infraestimadas, ya que tardan varias semanas desde el momento del contagio y las comunidades están notificando con mucho retraso sus fallecidos al Ministerio, la curva de fallecidos nos da una imagen más real de la situación actual en comparación con la de la primera ola.

Por el momento, las cifras de muertes están muy lejos de las registradas en marzo y abril, aunque han ido subiendo en la última semana. En el pico de la epidemia se registraron más de 800 muertes diarias con una prueba analítica positiva. Ahora estamos alrededor de 100 fallecidos al día, aunque esta cifra seguirá subiendo en las próximas semanas teniendo en cuenta el fuerte incremento registrado en los datos de contagios.

Sin embargo, las curvas de fallecidos de algunas comunidades como Andalucía, Aragón, Baleares o Canarias ya empiezan a despuntar. Una de las razones de estos incrementos es que estas regiones apenas se vieron afectadas en la primera ola y en todos los casos han tenido que alcanzar un pico dos o tres veces superior al de marzo y abril para alcanzar esas cifras de mortalidad.

El Ministerio de Sanidad publicó el miércoles la mayor cifra de muertes semanales desde el final del estado de alarma en España. 517 fallecidos en 7 días, el dato más alto desde que se publica este indicador en los informes diarios. No se alcanzaba un nivel similar de mortalidad desde mediados de mayo.

Los datos, sin embargo, nos indican que esta cifra está infraestimada y que probablemente ya estemos sobre las 700-800 muertes semanales. Sin embargo, no lo sabremos con total seguridad hasta dentro de unas semanas, cuando las comunidades terminen de notificar todos sus fallecidos con COVID-19.

Desde el 1 de agosto, las cifras de fallecidos semanales que publica el Gobierno en cada informe diario apenas representan entre el 40% y el 60% de las muertes reales que se van incluyendo con días y semanas de retraso por las comunidades autónomas, según los datos del Ministerio de Sanidad analizados por elDiario.es. Por ejemplo, el informe del 24 de agosto especificaba que habían fallecido 96 personas en 7 días. Con las cifras consolidadas hasta el 24 de septiembre, esa cifra ha escalado hasta los 250 fallecidos, más del doble.

La razón de estos retrasos se encuentra, por un lado, en la entrada en vigor en mayo de la nueva estrategia de vigilancia y detección precoz, que cambió la forma en la que las comunidades notificaban sus casos y muertes de COVID-19.

Hasta entonces lo hacían de forma agregada. Es decir, cada una enviaba un número total de casos y fallecidos al Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias. De ahí se restaba el total anterior y se obtenía una cifra diaria. Sin embargo, eran notificaciones, es decir, había casos de fallecimientos o contagios, por ejemplo, que podían haber ocurrido hacía tiempo pero que se comunicaban en ese momento. Este sistema permitía comunicar casos más rápido, ya que no había que rellenar una exhaustiva encuesta epidemiológica para cada caso, pero la información era menos detallada.

El sistema que se usa (SiVIES) en la actualidad es más lento: si una comunidad confirma un caso, el médico tiene que rellenar una ficha de forma urgente con todos los detalles: cuándo empezaron los síntomas, el municipio de residencia, el sexo, la edad, el lugar probable de contagio o el tipo de prueba diagnóstica. El problema es que hay que hacer el seguimiento de cada caso y este proceso es manual.

Por ejemplo, una persona con síntomas graves da positivo en una prueba PCR, el médico que le atiende en el hospital completa la ficha y se notifica el caso al Ministerio. Varios días después o una semana más tarde, el paciente fallece por las complicaciones de la enfermedad. Para notificar este fallecimiento, el médico tiene que volver a la ficha que rellenó cuando confirmó el caso y actualizar la fecha de defunción del paciente.

Fuentes del Instituto Carlos III, que gestiona el sistema SiVIES, confirman a elDiario.es estos retrasos: "Desde el principio de la pandemia hay un decalaje variable de la información diaria que se publica". Aseguran que están en contacto con las regiones que más retraso presentan a la hora de actualizar los datos pero que dependen "de los circuitos de información de las comunidades autónomas".

Según los datos de más de 150.000 casos confirmados en España hasta el 10 de mayo, las muertes se sucedieron durante la primera ola del virus entre el día 12 y 23 desde el momento del contagio y en los días 7 y 18 desde el inicio de síntomas. Ahora, ese tiempo se alarga por la detección precoz y este retraso en las notificaciones. El siguiente esquema muestra las distintas fases entre que un paciente se contagia y termina falleciendo:

Este esquema muestra que los fallecidos que estamos registrando ahora son probablemente por los contagios que se produjeron hace 2 o 3 semanas. Con el aumento sostenido de casos que registramos desde principios de agosto, las muertes seguirán subiendo durante, al menos, dos o tres semanas más.

Más de 2.600 muertes desde el fin del estado de alarma

El 21 de junio decayó el estado de alarma y se acabaron las fases. En ese momento, las cifras de mortalidad estaban en los niveles más bajos desde el inicio de la epidemia: un promedio de 5 fallecidos diarios. Incluso, según los datos hasta el 24 de septiembre, no hubo ninguna defunción con COVID-19 el 2 y el 5 de julio. Desde inicios de agosto, las cifras de muertes han ido escalando paulatinamente hasta las 90 diarias.

Desde el 21 de junio hasta la actualidad han fallecido 2.687 personas con COVID-19 en España. Este dato solo incluye las muertes notificadas hasta el 24 de septiembre que fallecieron en los últimos tres meses. Aunque Madrid lidera este ranking en números absolutos, con 766 defunciones, Aragón es la que más ha visto subir la mortalidad en comparación con el tamaño de su población. La región, donde se iniciaron los primeros brotes asociados a temporeros que después se expandieron al resto de comunidades, registra un total de 331 fallecidos por cada millón de habitantes.

El caso más extremo es el de Catalunya, que solo ha notificado 153 muertos desde el final del estado de alarma cuando allí se registraron los brotes más graves a finales de julio. Precisamente, según reveló elDiario.es, es la autonomía con mayor diferencia entre los muertos que registra en sus propios informes diarios y los datos que proporciona al Ministerio. Hay que tener en cuenta que una parte puede deberse a una diferencia de criterios: el Ministerio pide en su sistema que se notifiquen las muertes con prueba PCR, pero Catalunya sigue incluyendo en la web de la Generalitat las que las funerarias apuntan como "sospecha de COVID-19".

La secretaria de estado de Sanidad, Silvia Calzón, admitía este jueves los continuos retrasos y los achacaba las "limitaciones" de los sistemas informáticos, de los estatales y de los autonómicos, en los que "se trabaja intensamente" para mejorar. También a que "no podemos olvidar que hay personas que están detrás de estos datos y que es una batería muy alta lo que se pide".

Adrián Aguinagalde, médico experto en Medicina Preventiva y portavoz de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (SEMPSPH), explica que todo depende del factor humano: "Es normal que en vigilancia durante una pandemia haya cierto decalaje, y ese decalaje depende de cómo hayan organizado los sistemas de información". Añade que estos retrasos dependen de lo automatizado y perfeccionado que esté el sistema de información sanitaria de cada autonomía, y de cuántas revisiones requiera.

¿Estos retrasos suponen una carencia a la hora de monitorizar la pandemia a tiempo real? No epidemiológicamente, según Aguinagalde. Lo que epidemiológicamente se analiza es: "El número de casos totales, que acuden a Atención Primaria, hospitalizados y en UCI. Eso nos permite saber por dónde va la pandemia, los fallecidos que vemos ahora responden a picos de hace unas semanas. El número de fallecidos es información que completa la foto y que nos permite contextualizar mejor la crisis, pero no nuestra variable principal de análisis a nivel de vigilancia".

Aunque en las curvas de casos confirmados por comunidades dentro de nuestro país se observa cómo la segunda ola iguala o supera a la primera; en la letalidad todavía no se han registrados niveles similares a los que vivimos en marzo y abril.

¿Por qué los contagios han subido tanto y la mortalidad, hasta el momento, no? El principal motivo es que entre marzo y abril, epidemiológicamente, solo veíamos "la punta del iceberg". Durante muchas semanas del estado de alarma, solo se diagnosticó a las personas graves que ingresaban en el hospital. Entonces la prioridad era paliar el colapso de la estructura sanitaria y aligerar los laboratorios de PCR, que no daban abasto materialmente para hacer pruebas a todos los pacientes con síntomas.

Es decir, ahora mismo vemos una mayor proporción de contagios sobre los que detectábamos entre los meses de marzo y abril. Aunque las cifras de muertes pueden estar infraestimadas, ya que tardan varias semanas desde el momento del contagio y las comunidades están notificando con mucho retraso sus fallecidos al Ministerio, la curva de fallecidos nos da una imagen más real de la situación actual en comparación con la de la primera ola.

Por el momento, las cifras de muertes están muy lejos de las registradas en marzo y abril, aunque han ido subiendo en la última semana. En el pico de la epidemia se registraron más de 800 muertes diarias con una prueba analítica positiva. Ahora estamos alrededor de 100 fallecidos al día, aunque esta cifra seguirá subiendo en las próximas semanas teniendo en cuenta el fuerte incremento registrado en los datos de contagios.

Sin embargo, las curvas de fallecidos de algunas comunidades como Andalucía, Aragón, Baleares o Canarias ya empiezan a despuntar. Una de las razones de estos incrementos es que estas regiones apenas se vieron afectadas en la primera ola y en todos los casos han tenido que alcanzar un pico dos o tres veces superior al de marzo y abril para alcanzar esas cifras de mortalidad.

El Ministerio de Sanidad publicó el miércoles la mayor cifra de muertes semanales desde el final del estado de alarma en España. 517 fallecidos en 7 días, el dato más alto desde que se publica este indicador en los informes diarios. No se alcanzaba un nivel similar de mortalidad desde mediados de mayo.

Los datos, sin embargo, nos indican que esta cifra está infraestimada y que probablemente ya estemos sobre las 700-800 muertes semanales. Sin embargo, no lo sabremos con total seguridad hasta dentro de unas semanas, cuando las comunidades terminen de notificar todos sus fallecidos con COVID-19.