Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Fernández Díaz y su número dos escenifican en Kitchen un pacto de no agresión
Análisis - 'Un tráfico de influencias sin influencia acreditada', por J. M. Romero
Opinión - 'Puente, al rescate', por Esther Palomera
Entrevista
Jordi Alberola, delegado de Cruz Roja en RDC

El ébola amenaza el Congo: “La población está cansada de una alerta tras otra y desconfía del sistema sanitario”

Jordi Alberola (1982, Godella) es delegado de Cruz Roja Española en República Democrática del Congo

David Noriega

28 de mayo de 2026 21:54 h

0

Jordi Alberola (1982, Godella) es delegado de Cruz Roja Española en República Democrática del Congo, donde lleva tres años trabajando sobre el terreno junto a voluntarios y médicos locales. La actual epidemia de ébola es una emergencia más en una larga cadena de crisis que castiga el ánimo de la población. Desastres naturales, sanitarios, violencia y falta de medios hacen que los ciudadanos desconfíen ya de las autoridades.

“La gente está cansada de una alerta, otra alerta y ahora otra alerta, lo que unido a la desinformación genera una desconfianza en el sistema sanitario”, advierte Alberola, que denuncia los recortes en ayuda a la cooperación de Estados Unidos. “Aquí, la mayor parte iba a reforzar el sistema sanitario, que contribuye a la vigilancia epidemiológica”, explica. La detección temprana es, precisamente, uno de los puntos flacos de esta crisis.

¿Cuánto de esta crisis sanitaria tiene que ver con el contexto de violencia y conflictos armados, inestabilidad y desplazamiento de población dentro de la propia región?

En esta región llevamos muchos años encadenando crisis, medioambientales y epidemias, como inundaciones, desastres naturales o cólera. Esto hace que las estructuras sanitarias ya estuvieran debilitadas. No nos hemos recuperado de una antes de afrontar la siguiente. Por ejemplo, con el conflicto armado, que está afectado a los desplazamientos de población a nivel interno y transfronterizo. La gente está cansada de una alerta, otra alerta y ahora otra alerta, lo que unido a la desinformación genera una desconfianza en el sistema sanitario.

¿Qué herramientas tenéis para combatir ese estado de ánimo?

La herramienta más importante es el valor humano. Por suerte, Cruz Roja de la República Democrática del Congo tiene una red muy extensa de voluntarios en cualquier punto del país, lo que nos hace mucho más fácil llegar a la comunidad en sensibilización, información e identificación temprana de casos para cortar la cadena de transmisión.

Trabajamos con bolsas para cadáveres con una parte transparente, para que la familia pueda identificar a la persona. Esto permite a los voluntarios explicar los riesgos de manipular el cuerpo

Se habla de cuestiones antropológicas o de los ritos funerarios como un factor de transmisión del virus. ¿Cómo se gestiona algo tan delicado e íntimo cuando hablamos de prácticas tan arraigadas?

Ha habido algunos asaltos a hospitales, por lo que es importante la sensibilización puerta a puerta y el seguimiento comunitario antes de que aparezcan los brotes, para explicar cómo funciona la enfermedad. Al tener voluntarios por todo el territorio, estamos en contacto con la comunidad y sabemos cómo enfocar esos mensajes, que son diferentes en cada zona. Por ejemplo, trabajamos con bolsas para cadáveres con una parte transparente, para que la familia pueda identificar a la persona. Esto permite a los voluntarios explicar los riesgos de manipular el cuerpo, porque algunos rituales son más cercanos al cuerpo que los que podemos tener en Europa. De todas formas, hay que entender que la República Democrática del Congo es enorme. No es igual Ituri, que Kivu, que son zonas más aisladas, que otras más urbanas, con algo más de conocimiento sobre el ébola.

¿Qué papel juegan los líderes comunitarios?

El trabajo de sensibilización se hace con la comunidad. Los voluntarios hablan con los jefes tradicionales, que juegan un papel muy importante.

¿Cómo se rastrean casos en un territorio donde la gente está huyendo de la violencia?

En los centros de salud y en los hospitales hay puntos donde se realiza la primera evaluación de síntomas, donde se decide si una persona debe permanecer aislada. Pero el miedo al ébola o a ir a un centro de salud porque te puedan contagiar hace que enfermedades curables tengan un final diferente o se complique la situación. Además, tenemos un problema con el cierre de fronteras, porque la gente que tiene que desplazarse, se va a desplazar igual por puntos informales, lo que complica el seguimiento.

¿Están notando los recortes a la cooperación internacional de Estados Unidos?

Ha afectado muchísimo. Una parte importante de esa financiación aquí en el Congo iba a reforzar el sistema sanitario, que contribuye a la vigilancia epidemiológica, la detección temprana, los laboratorios, etc.

¿De qué recursos disponen ahora mismo los hospitales y centros de salud?

Tienen capacidades limitadas. Las organizaciones estamos intentando apoyar en el tema de alerta, detección temprana, aislamiento y tratamiento, pero a raíz de la crisis financiera y de todas las que han vivido, el sistema sanitario está más debilitado.

¿Hay algún otro factor que esté complicando el freno de la epidemia?

Cuando hablamos de crisis sobre crisis, en Bukavu y en Goma —las capitales de Kivu del Sur y del Norte— llevamos casi un año con los bancos cerrados. Esto provocó que la gente saliese a Ruanda para conseguir fondos, lo que se complica aún más con las fronteras cerradas. Para la gente que tiene trabajo informal y depende de la ganancia del día, la situación se complica si tiene que decidir entre prevención y comida.

La OMS ya ha dicho que el número real de casos podría ser mucho mayor que el oficial. ¿Hasta qué punto estamos ante una epidemia invisible? ¿Hasta dónde puede llegar?

No sé hasta dónde puede llegar, tampoco la OMS. El problema es que el primer caso se detectó muy tarde y, después, tardaron bastante en identificar que era ébola. Esto ha provocado una expansión bastante rápida por la zona. La OMS dijo el miércoles que llevamos 900 casos sospechosos y más de 200 muertes. Desde mi punto de vista, esto puede crecer mucho más, porque los contactos tardan en identificarse. Por ejemplo, en la zona de Kivu, desde que se detectó el primer caso, tenemos a 120 personas en seguimiento, porque ya estábamos alertados y ha sido todo mucho más preciso.

Al margen de la propia enfermedad y la pérdida, ¿qué impacto tiene dentro de una familia un diagnóstico de ébola?

Las personas supervivientes y las familias afectadas pueden sufrir rechazo social o ser discriminadas y aisladas. Esta desinformación y los rumores también pueden generar tensiones sociales. Es un riesgo que también corre el personal sanitario, por eso hay que remarcar el enorme esfuerzo que hacen estos equipos, trabajando bajo presión y en condiciones muy difíciles. Tres voluntarios de Cruz Roja han fallecido por el ébola en esta crisis.

¿Cómo ha cambiado tu percepción de estas crisis desde que estás ahí? ¿Qué prejuicios tenemos desde Europa?

Es duro decirlo, pero creemos que la gente aquí no tiene capacidades o conocimientos y que en Europa lo solucionaríamos más rápido. Sin embargo, lo que no tienen son medios, por esa situación de crisis continua a la que están abocados. Precisamente, lo que más me ha sorprendido es esa capacidad de las personas de remontar una y otra vez este tipo de situaciones.

Etiquetas
stats