Un equipo de científicos en el Congreso para las legislaciones del futuro

Vista general del Congreso de los Diputados. EFE/J.J. Guillén/Archivo

Por primera vez en su historia, el Congreso de los Diputados contará con cinco científicos independientes a su servicio. El objetivo de la nueva Oficina de Ciencia del Congreso es que haya una mayor relación entre políticos y científicos. Estos últimos se encargarán de elaborar informes técnicos para que los diputados cuenten con nociones fundamentales sobre los avances científicos antes de enfrentarse a un debate o a una votación importante sobre energía, gestión sanitaria o medio ambiente.

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La oficina ya ha echado a andar. El equipo científico terminó de concretarse a comienzos de este año y la semana pasada la Mesa del Congreso seleccionó los cuatro primeros temas de los que se elaborarán informes durante el resto del año. Las temáticas seleccionadas son el hidrógeno verde como combustible, inteligencia artificial y salud, avances en el tratamiento del cáncer y ciberseguridad. Sin embargo, la propuesta del consejo asesor de la oficina, que cuenta con representantes de los principales organismos científicos del país, propuso un total de 17 asuntos.

Entre los temas que se han dejado para más adelante están la resistencia antimicrobiana, la preservación del suelo como ecosistema o la calidad del aire en interiores, de vital importancia durante la pandemia. Cada año, la comunidad científica realizará una preselección y la Mesa del Congreso escogerá los temas a tratar. Se espera que, una vez rodada, la oficina sea capaz de elaborar más de cuatro estudios anuales.

“Uno de los temas escogidos es hasta qué punto puede ser el hidrógeno verde una de las soluciones ante la escasez o el precio del petróleo”, explica Andreu Climent, ingeniero y presidente de Ciencia en el Parlamento –que forma parte del consejo asesor de la oficina–. Otro ejemplo, añade el investigador, “sería cómo va a impactar la inteligencia artificial en la gestión de la salud porque existen empresas que utilizan grandes bases de datos para mejorar el sistema sanitario, pero no está legislado”.

Más que un trabajo de avance científico, el equipo de investigadores va a recopilar información sobre el estado de la cuestión en diferentes ámbitos de la ciencia. “No pretende avanzar en ciencia, sino al revés, poner de manifiesto aspectos que reúnen consenso científico”, han explicado fuentes parlamentarias a este diario. “Esto pondrá a los diputados en situación para saber cuál es el consenso, qué posibilidades se abren y marcar unas líneas de acuerdo científico que después los grupos políticos pueden seguir o no”, apuntan las mismas fuentes. La meta final es que las futuras iniciativas políticas se realicen en base a ese consenso científico. Se trata de investigar de cara a lo que sucederá en el futuro, introduciendo “cosas nuevas en el debate” o planteando asuntos que todavía no han llegado al Parlamento o que “se desconocen”.

“La oficina recabará la evidencia científica y tecnológica de acuerdo con un método de trabajo basado en la revisión y contextualización de bibliografía científica, entrevistas a expertos en la materia”, aclara la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) en una nota de prensa. La FECYT es la encargada de liderar el proyecto a través de un convenio de cinco años, que el Congreso tendrá que decidir si renueva o no pasado ese tiempo.

Una idea que ya funciona en Europa

La idea de la oficina no es algo especialmente novedoso, explican desde Ciencia en el Parlamento, organización que presentó la iniciativa en el Congreso ya en 2018, durante la presidencia de Mariano Rajoy. Los cambios políticos y la pandemia interrumpieron su puesta en marcha, pero el consenso para su creación se ha mantenido hasta ahora.

Ciencia en el Parlamento analizó otros 23 parlamentos de todo el mundo en los que ya había oficinas con científicos independientes. “Arrancamos hace casi cinco años con el objetivo de que en España, como ya sucedía en otros países de nuestro entorno, hubiera una mayor relación entre la política y el mundo de la ciencia”, recuerda Climent.

“El nuevo espacio tiene dos encargos principales. Preparar temáticas prospectivas para los diputados. Esto es señalar los temas que el mundo de la ciencia considera que el Parlamento debe conocer para preparar las leyes del futuro, y organizar eventos informales”, subraya el investigador. En otros países, por ejemplo, se realizan emparejamientos entre diputados y científicos, y durante unos días cada uno visita el trabajo del otro. “Es la primera vez que el Congreso va a contar con cinco personas con formación científica trabajando específicamente para la Cámara”.

En Reino Unido llevan años realizando este tipo de labor. “El parlamento británico prepara cada año 20 temas. En España, se van a preparar cuatro. Claro, ellos son mucha más gente. En función del impacto que tenga, el objetivo es seguir creciendo”, compara Climent, que apunta que en Reino Unido estos informes “son famosos” porque la izquierda y la derecha los utilizan para atizarse.

Los informes serán breves, de unas cuatro páginas, y en ellos se les planteará a los diputados un resumen de los consensos y disensos de la ciencia respecto a algo concreto. El documento no tendrá recomendaciones. “La ciencia va a informar, pero la toma de decisiones será política”, enfatiza el ingeniero, que anticipa que se evitará elegir temas que ya estén muy politizados porque en esos casos, por mucha información que se dé, será muy difícil hacer cambiar posicionamientos políticos previos.

“Por fin España está dentro de la red de oficinas de asesoramiento científico europea y mundial, que es una red que tiene casi 30 años, cuenta con más de 20 países y en la que no estaba España”, concluye Climent, que considera que al final “es un sitio de diplomacia más”.

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