La portada de mañana
Acceder
El dispositivo sin precedentes para evitar la propagación del hantavirus
Entrevista - María Jesús Montero: “Moreno Bonilla es una versión blanda de Ayuso”
Opinión - 'Los viajes de Ayuso y sus inconvenientes', por Esther Palomera

Exagerar no ayuda a gestionar crisis como la del hantavirus: “La crítica destructiva es de las prácticas políticas más denostables”

Raúl Rejón

7 de mayo de 2026 22:03 h

0

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo (CC), decidió iniciar una pelea con el Gobierno de Pedro Sánchez por la llegada del crucero donde se detectó un brote de hantavirus al archipiélago. A su rebufo, se han unido el Partido Popular y Vox. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ha dicho que no está de acuerdo con que los pasajeros españoles sean trasladados a un hospital de Madrid y la portavoz popular Ester Muñoz ha criticado “la manera de gestionar las crisis”. “Hay un barco con un virus mortífero. ¡A Canarias!”, ironizó Santiago Abascal durante un mitin.

A pesar de que el propio Clavijo ha repetido que hace falta “sosiego, tranquilidad y calma”, ha deslizado que el virus del barco es de una variante muy contagiosa o una nueva cepa más peligrosa. “Hay muchas incógnitas”, ha dicho. E incluso ha sacado a relucir la pandemia del coronarivus: “Desgraciadamente, tenemos un precedente con el covid-19. No puedo permitir que [el barco] entre en Canarias”. La diputada nacional de su partido, Cristina Valido, ha añadido después que, “desgraciadamente, todos tenemos episodios muy recientes”.

“La toma de decisiones en eventos sanitarios siempre se hace en un contexto de incertidumbre y la única arma es la mejor ciencia disponible”, explica el catedrático de Medicina Preventiva de la Universidad Miguel Hernández, Ildefonso Hernández Aguado. “Por eso, la crítica destructiva hecha sin base técnica es una de las prácticas políticas más denostables porque crean una desconfianza que, además, se prolonga en el tiempo”.

El Partido Popular también ha optado por utilizar el recuerdo del covid para ligarlo al caso del hantavirus, a pesar de que los científicos han aclarado que no son comparables. La portavoz parlamentaria popular, Ester Muñoz, ha afirmado que “esto es el caos absoluto. Es la manera de gestionar las crisis y las pandemias que ya hemos conocido en otras ocasiones”.

Ya el miércoles, el vicesecretario de políticas autonómicas del PP, Elías Bendodo, pidió públicamente que se “aparte” de la gestión del hantavirus a la ministra de Sanidad, Mónica García, con el argumento de que “es un desastre”.

“Lo primero que hay que hacer es mantener la calma, salirse de sensacionalismos, escándalos y peleas”, pide la presidenta de la Asociación Madrileña de Salud Pública, Pilar Serrano. “El patógeno es muy conocido, sabemos lo que hay que hacer y se está haciendo: ni Canarias ni España corren peligro”. La epidemióloga aclara que “no puede hacerse ninguna comparación con los albores de la covid. Esos comentarios hacen mucho daño”.

La mejor ciencia a la que hace referencia Hernández —que fue director general de Salud Pública en el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero— supone estudiar cómo han sido los anteriores brotes de la infección —en este caso el hantavirus—, cuál es la letalidad del virus, su nivel de contagio y sus vías de transmisión. En resumen: la acumulación de conocimiento sobre la enfermedad.

Pilar Serrano insiste en que, por lo que se ha estudiado desde hace tiempo, estos patógenos “no tienen la capacidad de generar pandemia porque los brotes son autolimitados y por no poder casi transmitirse entre humanos”. Según su análisis, una alarma exagerada es contraproducente porque “la posibilidad de transmisión comunitaria es bajísima. No es que no haya que hacer nada, claro, pero exagerar no sirve”.

En este sentido, el catedrático emérito de sanidad animal, Juan José Badiola, ha reforzado a Europa Press la idea de que el hantavirus no es un patógeno “peligroso”, que sus variantes “son bien conocidas” y que “no veo riesgo de pandemia ni muchísimo menos”.

La toma de decisiones, en definitiva, “no es una ciencia exacta porque entran en juego muchos factores y, en general, siempre manda el principio de precaución ante cualquier riesgo para la salud”, abunda Hernández. “Hay elementos técnicos suficientes para tomar esas decisiones”. Pilar Serrano añade que “las personas afectadas se tienen que atender y ser tratadas porque el virus tiene una letalidad relevante y los profesionales deben estar protegidos. Y hay que vigilar. Pero, por favor, un poco de tranquilidad”.

El epidemiólogo, por su parte, recuerda que el menoscabo de las autoridades sanitarias genera daños que se prolongan en el tiempo y afloran cuando surgen nuevos casos como el actual. “Se nota a la hora de ver cómo se desconfía de las vacunas o se critica tanto si las medidas son estrictas como si parecen una falta de acción. Se mina la confianza y luego es difícil recuperarla”.

El antídoto

Para evitar este problema, el médico recuerda que debería ponerse en marcha cuanto antes la prevista Agencia Estatal de Salud Pública. Una institución que también fue pasto de la batalla política, ajena a la sanidad.

El organismo obtuvo el visto bueno del Congreso en junio de 2025, a la segunda y tras caer en primera instancia por una vendetta política del PP que nada tenía que ver con esta materia: alteraron su voto porque se había cambiado el orden del día como el grupo pretendía para votar otra regulación. PP y Vox se aliaron a pesar de haber votado sí en comisión. “Te quedas sin tu chiringuito”, le espetaron a la ministra Mónica García. La ley había mandado crear la agencia en 2011.

“Al ser en cierta forma independiente y un organismo que presenta los hechos y hace recomendaciones para que los políticos tomen decisiones, es menos vulnerable a la crítica ventajista”, analiza Ildefonso Hernández. Por eso, remata, “Donald Trump odiaba a Anthony Fauci [el epidemiólogo jefe de EEUU durante la covid]. Porque era una voz autorizada e independiente”.