Por qué tus mocos pueden convertirse en la barrera anti-COVID con la vacuna adecuada

Una profesional sanitaria sostiene un vial con la vacuna contra el Covid-19

Con el inicio de la pandemia, el esfuerzo científico mundial se centró en investigar con qué fármacos se podía tratar la COVID-19 y al mismo tiempo en buscar una vacuna contra la enfermedad que produce el coronavirus SARS-CoV-2. Ese fue el objetivo inicial ante miles de fallecidos y una situación epidemiológica urgente: encontrar un fármaco que impidiese desarrollar la enfermedad y sus consecuencias. Ahora, a medida que avanza la campaña de vacunación en España con el 70% de la población con al menos una dosis, y teniendo en cuenta que estos productos han demostrado su efectividad contra el desarrollo de la afección, cabe preguntarse cuál es la clave para que el coronavirus no entre en el organismo. Y la respuesta es la inmunidad de las mucosas.

"La mucosa oral y respiratoria es la puerta de entrada fundamental del virus", explica el doctor en epidemiología Antonio Gutiérrez. "Si se generan anticuerpos IgA neutralizan al patógeno justo antes de entrar al cuerpo, previniendo la infección en buena medida", aclara Gutiérrez. Esa es la idea de administrar una vacuna por vía nasal como la que desarrollan en el Centro Nacional de Biotecnología del CSIC.

Una de las primeras indicaciones que se lanzó en la lucha contra la pandemia fue la de proteger la nariz, la boca y los ojos, ya que son la puerta del virus al cuerpo humano. Por eso es tan importante llevar una mascarilla que dificulte al patógeno entrar o salir, así como evitar tocarse la cara. La mucosa es más que el moco o la mucosidad, es también la capa de tejido que recubre superficies como la boca o la nariz, y contiene sustancias antibacterianas o antivíricas y en ella expresa la inmunoglobulina A (IgA), un tipo de anticuerpo presente en sustancias como las lágrimas, la saliva o la leche materna. Sin embargo, aunque se cuente con diferentes tipos de defensa en las mucosas, algunos virus pueden eludirlas si no hay mecanismos de defensa como los anticuerpos que bloqueen la entrada del patógeno.

Vacuna para 'blindar' las mucosas

Cuando el virus entra en el organismo comienza a replicarse su material genético. Si la persona está vacunada con los fármacos aprobados en la actualidad, seguramente no desarrollará la enfermedad o lo hará de una manera leve. Antonio Gutiérrez explica que las vacunas intramusculares "entrenan al organismo y lo dotan de defensas para su futura posible exposición al virus una vez ya ha infectado a la persona". Este tipo de productos generan sobre todo inmunidad sistémica, que hace que la infección por el virus no derive en la enfermedad.

Una de las vacunas que se están desarrollando en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) se basa en la idea de generar, además de la inmunidad sistémica, una inmunidad en las mucosas que sirva de protección de entrada ante el patógeno. Este es el proyecto de Luis Enjuanes e Isabel Sola, que busca crear una vacuna intranasal basada en ARN que sea autoamplificable y que genere inmunidad esterilizante: que las personas que reciban la dosis no solo no enfermen, sino que ni se infecten del coronavirus ni lo transmitan.

La inmunóloga e investigadora de ISGlobal, Carlota Dobaño, apuesta por la importancia de generar inmunidad en estas zonas de entrada a través de aplicar como dosis de refuerzo una vacuna intranasal: "Podríamos tener una inmunidad más fuerte porque la vacunación mucosal complementaría la sistémica [que aportan las vacunas intramusculares], y seguramente sería más eficiente a la hora de frenar el virus en las vías respiratorias". De esta manera, según indica la doctora, la protección se daría "en el tejido donde realmente el virus está intentando invadirnos". En la misma línea que Dobaño, María del Mar Tomás, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), aclara que "habría que analizar si posibles refuerzos con vacunas intranasales en determinada parte de la población sería adecuado con el fin de proteger a los más vulnerables".

Las actuales ayudan a bajar la transmisión

Pero parece que no solo los fármacos intranasales como el del proyecto del CSIC pueden ayudar en la inmunidad de las mucosas. En un preprint a falta de revisión publicado en medrxiv, autores de la Universidad de Toronto en Canadá anunciaban que habían encontrado en personas vacunadas con ARN mensajero (ARNm) vía intramuscular y pauta heteróloga de AstraZeneca y ARNm "anticuerpos típicos de la inmunidad de las mucosas en saliva (IgA) tras la vacunación, sobre todo después la primera dosis", explica la experta en inmunología Adelaida Sarukhan.

Aunque se trata de resultados preliminares y en revisión, se consideran novedosos porque "teóricamente las vacunas intramusculares actúan a otro nivel", opina el doctor Gutiérrez: "Son extraordinariamente efectivas en evitar que, aunque cojamos el virus, este nos enferme, pero no están diseñadas para evitar que adquiramos el virus. Ahora sabemos que todas tienen en cierta medida esa capacidad tras la pauta completa", afirma.

Por su parte, la inmunóloga Dobaño argumenta que el hecho de que se encuentren estos anticuerpos de tipo IgA en saliva puede ser por el tránsito entre el fluido oral y el suero, ya que los fármacos intramusculares favorecen estas 'defensas' en suero y sangre. Por eso, la experta asegura que para inducir una respuesta del sistema inmune en mucosas se debe apostar por las vacunas locales, como las intranasales u orales.

De la misma manera, la doctora miembro de la Sociedad Española de Inmunología, Yvelise Barrios, asegura que a pesar de que aún se debe revisar la publicación, sí puede ser interesante para, por ejemplo, tener más claro y decidir "qué vías por donde se administran las vacunas son más relevantes y así saber cómo pueden ser más eficientes". 

"Es un punto controvertido"

En cuanto a la relación de estos datos con la menor transmisión de la COVID-19, aún es pronto para saberlo porque, como explica Barrios, "es un punto controvertido", debido a que hay publicaciones en diferentes sentidos, pero "los datos epidemiológicos apuntan a que la transmisión debe ser menor porque parece que las personas vacunadas contagian menos", sobre todo a partir del quinto día, donde se reduce la carga viral en vacunados.

De confirmarse la publicación, podría significar que incluso los fármacos actuales pueden suponer cierta protección frente a la entrada del patógeno, con lo que podrían ser "en parte el motivo de la ya demostrada capacidad de las vacunas actuales de disminuir la transmisión que estamos observando, y que a priori no se les atribuía por no estar diseñadas para atajar la infección en la mucosa oral", indica Gutiérrez, que coincide con Sarukhan, aunque la experta añade que "todavía no se sabe si serían niveles suficientes para evitar la infección".

Sin embargo, el estudio muestra que estos niveles de anticuerpos tipo IgA en vacunados decaen tras la primera dosis, algo que no tiene por qué ser negativo, ya que "puede ayudar a controlar mejor la infección desde el inicio", asegura Gutiérrez. Por lo tanto, parece que la vacunación intramuscular "reduce, aunque no bloquea, la transmisión", concluye el epidemiólogo. Aunque, como insiste Dobaño, si se quiere generar una inmunidad efectiva en las mucosas, algo muy importante para rebajar la transmisión y el contagio, se debe apostar por las vacunas locales.

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