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España sigue produciendo monedas de céntimo con las que no se puede pagar casi nada

Irlanda se une a Bélgica, Dinamarca, Hungría, Finlandia, Suecia y Holanda y empieza a eliminar la calderilla, algo que España no se plantea

Las máquinas expendedoras no aceptan las monedas de uno y dos céntimos, y los fabricantes aseguran que se debe a que "no existe demanda"

Solo desde enero España ha puesto en circulación 2 millones de monedas de 1 céntimo, cuya producción cuesta más de lo que valen

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Seis países de la zona del euro han quitado de la circulación las monedas de uno y dos céntimos / Alejandro Navarro

Seis países de la zona del euro han quitado de la circulación las monedas de uno y dos céntimos / Alejandro Navarro

"Es muy raro que alguien se agache a recoger un céntimo", "raramente se usan", "la gente suele acumularlos en tarros que nunca llegan vaciar". Es lo que responden varios economistas preguntados por la calderilla, las pequeñas monedas de cobre de uno y dos céntimos.

En España circulan 5.192 millones de monedas de un céntimo con un valor de 52 millones de euros, según los últimos datos del Banco de España. Las de dos céntimos son menos, 3.438 millones de piezas que se tasan en 69 millones de euros.

Desde enero de este año, el Banco de España ha puesto en circulación cuatro millones de euros en monedas pequeñas, dos millones por cada tipo de pieza, un valor de cambio que muchos países europeos ya se ha eliminado y que España sigue produciendo a pesar de que el coste de fabricación es más alto que el de la propia moneda.

El Tesoro Público no ha aclarado el coste exacto de la producción de estas dos monedas, pero sí ha admitido en varias ocasiones que el de la moneda de un céntimo es "superior al del valor de la divisa" y el de la de dos "es ligeramente inferior". Según la estimación de los economistas consultados por este diario, acuñar una moneda de un céntimo supera el coste de 1,60 céntimos, y la fabricación de 2 alcanza el de 1,87 céntimos de euro. 

Irlanda elimina una moneda cara

Irlanda empezará el próximo 28 de octubre a retirar estas monedas, una iniciativa que ya habían llevado a cabo otros países como Bélgica, Hungría, Holanda y Suecia. Finlandia, incluida en la zona del euro, decidió no poner en circulación estas monedas incluso antes de la implantación de la divisa única, y Dinamarca, que tampoco cuenta con estas monedas, ha dado un paso más allá. En el país escandinavo el Gobierno ya ha empezado a presentar propuestas para acabar con el pago en efectivo.

Irlanda se ha mostrado firme con el argumento de que el valor de producción es superior al de las monedas. Lo que sumado a su poca utilidad ha llevado al Gobierno irlandés a tomar la decisión de empezar a retirarlas de manera progresiva y voluntaria para los ciudadanos. 

A partir de ahora, aplicará la política del redondeo, aunque lo hará de manera voluntaria y solo en el pago en efectivo. Los comercios que deseen adscribirse al nuevo plan del Gobierno redondearán sus precios para que la cifra se ajuste a los 5 céntimos más cercanos. Es decir, si un precio es de 1,22 euros, se redondeará a 1,20, mientras que si es de 1,23 o 1,24 se ajustará a 1,25 euros.

España: ni un billete de metro ni un café

Estas pequeñas monedas de cobre tienen cada vez menos utilidad. Las máquinas expendedoras o de vending no las admiten. Esto impide que la conocida como "calderilla" se pueda usar para comprar un billete de metro, un café o una chocolatina sin ser atendido por el personal de servicio.

Herdicasa, una empresa fabricante de este tipo de máquinas, asegura que "estas monedas tienen una propensión alta de dar errores en los sistemas de pago", lo que corroboran sus competidores. La empresa navarra Azkoyen añade que "a pesar de tener dificultades técnicas se podrían fabricar". "Si no lo hacemos es porque el mercado no lo demanda", asegura su jefe de producto, Iñaki González.

¿Es viable eliminarlas?

Los economistas expertos consultados por eldiario.es coinciden. "Eliminarlas es viable", es algo "que tendría un impacto imperceptible en la economía". Pero el Ministerio de Economía lo tiene claro, "no es algo que esté sobre la mesa", una discusión que tampoco contemplan en la asociación de consumidores Facua.

Con ellos coincide el economista Mario Weitz, profesor de la escuela de negocios ESIC y consultor del Banco Mundial, que a pesar de reconocer que sería factible, aboga por no eliminarlas. "No sería recomendable para España, no es un tema central ahora mismo y no tendría mucha repercusión", argumenta. 

El resto de consultados discrepa. Creen que sería recomendable acabar con estas "incómodas monedas" que, según el Catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, José María Mella, "nadie se agacha a recoger". El profesor del departamento de Estructura Económica hace hincapié en "recordar que el precio del cobre ha aumentado en un 425% desde la entrada del euro", algo que según él ha provocado que "las pérdidas acumuladas desde 2002 en la zona euro alcancen los 1.400 millones de euros".

Mella especifica que la retirada debería hacerse de manera "progresiva", y que antes de iniciar la medida se debería realizar un estudio para ver cómo podría afectar "a las rentas más bajas la pequeña inflación que podría producirse". El catedrático explica que la subida de precios, en caso de producirse si hubiera redondeo al alza, "sería casi imperceptible", pero advierte de que "sería bueno averiguar si de alguna manera puede afectar a las rentas más bajas".

Jose María Mella propone que se establezcan puntos de recogida de monedas y que el cobre se recicle, algo que "generaría beneficios al Estado y que favorecería la generación de energías renovables".

Gayle Allard, economista de la IE Business School, está de acuerdo. "Eliminarlas es aconsejable", sostiene, "las monedas son prácticamente inservibles y sacarlas de circulación no provocaría inflación, como no la ha provocado en los países que las han suprimido ya".

"La propia dinámica del comercio las ha sacado del mercado", explica el catedrático de Economía Aplicada de la UNED, Santiago Garrido, que añade que eliminarlas es muy difícil. "Plantearlo sería impopular, el que lo haga será acusado de hacer que suba la inflación", señala el experto. Garrido asegura que "esto no pasará si se aplica una buena política del redondeo".

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