La luz tarda 8 minutos y 20 segundos en llegar desde el Sol hasta la Tierra. Esto lo sabemos porque conocemos la distancia que hay entre el Sol y la Tierra, unos 150 millones de kilómetros, y la velocidad de la luz en el vacío, 300.000 km/s. Ahí sale la cuenta de esos 8 minutos y unos 20 segundos.
Lo que quiere decir esto es que el Sol que vemos no es el del momento en el que lo observamos sino el que era hace un poco más de 8 minutos. Si ahora al Sol le pasara algo, que se apagara, por ejemplo, no lo veríamos hasta dentro de 8 minutos. Aunque no te preocupes porque el Sol no se va a apagar, es una estrella a la que le quedan todavía seis mil millones de años de vida.
Esos 8 minutos y 20 segundos son la media de lo que tarda la luz solar en llegar a nosotros porque no siempre tarda lo mismo. Hay una ligera variación debida a que la órbita de la Tierra alrededor del Sol no es un círculo perfecto. Es, más bien, como una elipse un poco achatada. Esto significa que, en función de la época del año, el Sol estará un poco más cerca o un poco más lejos. Cuando la Tierra está más cerca del Sol, lo que ocurre alrededor del 3–5 de enero, la luz tarda unos 8 minutos y 10 segundos, mientras que cuando está más lejos, alrededor del 4–6 de julio, tarda unos 8 minutos y 27 segundos. Esto sorprende a mucha gente que vive en el hemisferio norte, porque estamos más cerca del Sol en invierno. En cambio, en el hemisferio sur, en Australia, por ejemplo, el verano sí que coincide cuando están más cerca del Sol.
Lo que no varía es la velocidad de la luz que, en el vacío y como te decía, se mueve a 300.000 km/s. Si unimos este dato, de nuevo, a la enorme distancia que nos separa de la estrella, quiere decir que, por ejemplo, las nubes no suponen una disminución apreciable del tiempo que tarda la luz en recorrer el trayecto del que hablamos, ya que la práctica totalidad de ese trayecto la hace la luz en el vacío, a pesar de que la velocidad de la luz sí puede verse ligeramente reducida al atravesar esas nubes.
Recuerda que los 300.000 km/s de los que hablamos siempre es la velocidad de la luz en el vacío, pero si la luz atraviesa un medio material, las nubes, un cristal, el agua, etc., su velocidad se reduce. Esto ocurre porque la luz interactúa con los átomos del material; es decir, se mueve entre ellos, lo que la ralentiza. Pero, como te explicaba, en el caso de las nubes, estas ocupan solo una parte de la atmósfera terrestre, entre 1-12 kilómetros, que, en los 150 millones de kilómetros de distancia al Sol, suponen una diferencia que es realmente inapreciable (¡unos 33 microsegundos!).
Lo que sí que hacen las nubes es reflejar parte de la luz al espacio, la dispersan en muchas direcciones y reducen la intensidad de la luz que nos llega directamente. Por eso, cuando está nublado, notamos que nos llega menos luz, menos brillo y el sol “no pica tanto”, porque llega menos radiación directa del Sol a tu piel, que es la que más calienta y más “pica”.
--
María Herrando Zapater es doctora ingeniera, investigadora del Instituto Tecnológico de Aragón (ITA), y secretaria de la Junta Directiva de AMIT Aragón.
Coordinación y redacción:â¯Victoria Toro.
Pregunta enviada por Octavio Gracia.
Investigadoras al rescateâ¯es un consultorio científico semanal, patrocinado por el programaâ¯L’Oréal-Unesco ‘For Women in Science’â¯y porâ¯Bristol Myers Squibb, que contesta a las dudas de lectores y lectoras sobre ciencia y tecnología. Son científicas y tecnólogas, socias deâ¯AMITâ¯(Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas), las que responden a esas dudas. Envía tus preguntas aâ¯nosotrasrespondemos@gmail.comâ¯o por Bluesky o Instagram como #investigadorasalrescate.