Celia Agüero Pereda
Santander, 31 dic (EFE).- Manos manchadas de chocolate, cuchillos manejados con concentración y una mezcla de nervios e ilusión propia de quien entra por primera vez en una cocina profesional son la tónica común en los talleres de cocina para niños que se celebran en estas fechas.
Es el caso de los talleres de cocina que la Asociación Empresarial de Hostelería de Cantabria impulsa estos días de Navidad para que niños aprendan, prueben y descubran que hay detrás de cada plato.
La iniciativa, que tiene lugar en dos jornadas consecutivas, reúne a casi medio centenar de niños entre 8 y 14 años, con un formato adaptado a estas fechas.
Es más reducido de lo habitual, ya que lo normal es que los talleres se desarrollen durante una semana completa, especialmente en verano.
“Lo que buscamos es que los niños se acerquen a la gastronomía, que conozcan los alimentos y que prueben un poco de todo”, ha explicado a EFE la responsable de formación de la asociación, Carmen Pérez.
Educar en hábitos alimenticios
Estos cursos se organizan durante las vacaciones escolares siempre que la disponibilidad lo permite, y están pensados no solo para enseñar a cocinar, sino también para educar en hábitos básicos relacionados con la alimentación.
Además de elaborar recetas, los participantes aprenden cómo se pone una mesa y la importancia de colaborar en casa en tareas vinculadas a la cocina.
Para ello, la asociación utiliza materiales didácticos adaptados a su edad, como mantelitos ilustrados que muestran la colocación correcta de los utensilios.
“Se trata de que conozcan los alimentos, de dónde vienen y qué es lo que comen, algo importante en un momento en el que hay mucha oferta de comida rápida”, ha apuntado Pérez.
Unas recetas marcadas por las fechas
Trufas de chocolate, turrones tradicionales, un pastel navideño de embutido con capas tipo frisuelo, pudin de cabracho o torrijas forman parte de las elaboraciones previstas.
Los niños trabajan en pequeños grupos y, tras la explicación inicial de cada receta, pasan a la práctica bajo la supervisión de los profesores.
El profesor de este taller, el cocinero Juan Manuel España, ha destacado la ilusión con la que se afrontan estas jornadas.
“Queremos que los niños se diviertan, que se lo pasen bien, porque estamos en época de diversión”, ha señalado el cocinero, quien ha apuntado que cada sesión tiene una duración de cuatro horas, con una receta aproximada por hora, y cuenta también con el apoyo de otro profesional en cocina.
España ha subrayado que la enseñanza culinaria se adapta con facilidad a niños entre 8 y 14 años, incluso más que con adultos.
“Los niños absorben mejor las cosas y no vienen con hábitos adquiridos. Entienden que en una cocina se usan herramientas y aprenden a manejarlas”, ha explicado.
Más allá del aprendizaje técnico, el profesor considera que lo más importante es la experiencia que se llevan para que conozcan cómo se hacen las cosas, que prueben alimentos hechos en casa y que entiendan que lo que ven ya preparado también se puede elaborar.
Una vivencia que combina juego, aprendizaje y convivencia, y que convierte la cocina, al menos por unas horas, en un espacio de descubrimiento para los más pequeños.