Por qué EEUU está firmando acuerdos militares por toda América Latina mientras ataca y asedia Venezuela
Con todo el mundo pendiente de los cuatro meses de campaña militar de EEUU contra Venezuela, la Casa Blanca ha aprovechado para firmar discretamente acuerdos de seguridad con otros países que le permitirán desplegar soldados en América Latina y el Caribe.
En las últimas semanas, Estados Unidos ha cerrado acuerdos militares con Trinidad y Tobago, Paraguay, Ecuador y Perú, mientras la Administración Trump anunciaba bloqueos a petroleros sancionados, ordenaba la incautación de buques, y lanzaba los ataques aéreos que han terminado con la vida de más de 100 personas en el Caribe y el Pacífico. Además, Washington ha abierto una nueva fase en su campaña contra Maduro con ataques de la CIA dentro del país.
Los acuerdos van desde el acceso a aeropuertos, como en el caso de Trinidad y Tobago, hasta el despliegue temporal de tropas estadounidenses en operaciones conjuntas contra “narcoterroristas”, como en el de Paraguay. Se están firmando bajo la bandera de la llamada “guerra contra las drogas”, la misma justificación que Washington emplea para su ofensiva contra Venezuela, aunque autoridades de la Casa Blanca y el propio Trump hayan dicho que derrocar al dictador Nicolás Maduro y apoderarse de las gigantescas reservas energéticas del país también figuran entre los objetivos.
Washington mantiene pactos similares desde hace tiempo en la región, pero los analistas creen que la magnitud y el momento en que se firman estos nuevos acuerdos representan una nueva escalada en la que sería una invasión sin precedentes de un país sudamericano por parte de Estados Unidos. “Si Estados Unidos lanzara una ofensiva más amplia que incluyera ataques aéreos contra Venezuela o contra otros países mencionados, como Colombia o Cuba, necesitaría bases operativas en toda la región”, dice Jennifer Kavanagh, directora de análisis militar en el centro de estudios Defense Priorities.
“Construir una red de bases es importante para la sostenibilidad de cualquier posible operación”, añade. “No podemos afirmar con certeza que estas actividades estén dirigidas directamente contra Venezuela, pero sería ingenuo sugerir que no están relacionadas de alguna manera”.
Entre los últimos acuerdos figura el despliegue “temporal” de soldados de la Fuerza Aérea estadounidense en Ecuador, contra la voluntad expresa de los ecuatorianos que rechazaron en referéndum el establecimiento de bases militares extranjeras. Otro ejemplo es el Congreso de Perú, que aprobó la solicitud de la Casa Blanca de autorizar al personal militar y de espionaje estadounidense para que operen armados dentro del país.
Según Jorge Heine, exembajador de Chile y profesor investigador en la Escuela de Estudios Globales de la Universidad de Boston, “esto no tiene nada que ver con las drogas”. “Paraguay no se considera un centro importante de producción o distribución de drogas y tampoco lo es Venezuela”, dice. “Esto tiene mucho más que ver con el documento de Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos”.
No podemos afirmar con certeza que estas actividades estén dirigidas directamente contra Venezuela, pero sería ingenuo sugerir que no están relacionadas de alguna manera
De reciente publicación, dicho documento aboga por la “expansión” de la presencia militar estadounidense en la región en lo que denomina el “corolario Trump” a la Doctrina Monroe, como se llamó a la política exterior promulgada en 1823 por el presidente estadounidense James Monroe. Conocida como ‘América para los americanos’, la doctrina fue invocada posteriormente para justificar los golpes militares respaldados por Estados Unidos en países de América Latina.
El régimen de Maduro ha acusado a Trinidad y Tobago de participar en la incautación del primer petrolero a la vez que anunciaba la rescisión inmediata de cualquier acuerdo sobre suministro de gas fósil al país insular caribeño después de que este otorgara permiso a Estados Unidos para instalar en su territorio un sistema de radar y acceder a sus aeropuertos.
Kamla Persad-Bissessar, primera ministra de Trinidad y Tobago, ha señalado que la cooperación militar con Estados Unidos es la “mejor defensa” para su país. “Si Trinidad presta su territorio para atacar a Venezuela, tendremos que responder”, dijo el lunes Diosdado Cabello, ministro del Interior de Venezuela.
Solo en los últimos meses, Estados Unidos ha firmado acuerdos similares con Guyana, Panamá y República Dominicana. Otros enclaves de la región ya se han visto envueltos en el reforzamiento militar contra Venezuela por las bases estadounidenses ya existentes en Puerto Rico, Honduras y Cuba, así como los centros de vigilancia en aeropuertos de El Salvador, Aruba y Curazao.
Para los países que no se suman, la diplomacia de cañonero estadounidense representa una amenaza implícita de la extrema cercanía del ejército estadounidense, una forma de garantizar que nadie haga enfadar a Estados Unidos
Según John Walsh, director de políticas antidroga en la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos, la nueva estrategia estadounidense es “diplomacia de cañonero con esteroides”, es decir, recompensar a los aliados y enviar un mensaje de advertencia a los que se enfrenten a la Administración Trump.
En una carta enviada el lunes a otros presidentes del Caribe y América Latina, Maduro hizo un “llamamiento urgente” contra lo que describió como una “escalada de agresión” por parte de Estados Unidos “cuyos efectos traspasan las fronteras de Venezuela y amenazan con desestabilizar toda la región”.
Desde su reelección el año pasado en unos comicios considerados ampliamente como amañados, Maduro casi no ha tenido contacto con otros presidentes de la región. Ni siquiera con antiguos aliados como el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva o el colombiano Gustavo Petro, dos de los pocos líderes de izquierda que están en el gobierno tras la oleada de victorias de la derecha y extrema derecha en la región. Lula quedó marginado al enfrentarse a aranceles de importación del 50% en EEUU, hasta que se descongelaron las relaciones, y sobre Petro pende la amenaza de convertirse en el próximo objetivo de Estados Unidos después de Maduro.
Según Walsh, “para los países que no se suman, la diplomacia de cañonero estadounidense representa una amenaza implícita de la extrema cercanía del ejército estadounidense, una forma de garantizar que nadie haga enfadar a Estados Unidos”.
Traducción de Francisco de Zárate
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