Lanzarote lucha por sobrevivir tras más de un mes en el máximo nivel de alerta por COVID: “Es una ruina”
2021 ha transformado Lanzarote por dentro y por fuera. El paso de la borrasca Filomena ha convertido su particular escenario volcánico en un conjunto de pequeñas montañas de color verde. Una estampa que sus habitantes no disfrutaban desde hace años. Pero estos últimos meses también han revolucionado los motores de esta pequeña isla de casas blancas y 150.000 habitantes. Ningún sector ha salido ileso del mazazo de la tercera ola de la pandemia provocada por la COVID-19. Después de cinco semanas en el nivel máximo de alerta por el virus impuesto por el Gobierno de Canarias, el hospital de la isla está devastado, los bares y restaurantes intentan esquivar la ruina, los hoteles luchan por sobrevivir un mes más y los colegios tratan de paliar el impacto que tiene este nuevo contexto sobre la educación.
Desde el 22 de enero, la vida en las calles de Lanzarote termina a las 18.00 horas. A partir de ese momento, solo permanecen abiertos los comercios esenciales. Las reuniones de más de dos personas están prohibidas y solo se puede entrar y salir de la isla con alguna justificación. “¿Para qué quiere entrar en Lanzarote?”, repiten los agentes de la Policía Nacional en los aeropuertos del resto de islas antes del control de seguridad. ‘’Es una especie de confinamiento encubierto’’, coinciden algunos lanzaroteños.
Informa Natalia G. Vargas.