Hablan los jóvenes contagiados: “Igual podríamos haber sido más responsables, pero los garitos también”
“He sido una paranoica toda la pandemia, no salí ni siquiera el verano pasado por miedo a contagiar a mis padres”, explica al otro lado del teléfono, confinada, Mercè Pampin, una joven de 24 años de Barcelona. Hace 10 días acudió a tomar unas copas en un piso del barrio del Clot. “Tampoco fue una cosa masiva, debíamos ser unas 10 personas”. De las cuatro amigas que la acompañaron, tres de ellas también tienen la COVID–19.
La historia de Pampin se repite con ligeras diferencias en una docena de jóvenes entrevistados. Casi todas tienen un denominador común: la sensación de que la pandemia ya era cosa del pasado, de que el ritmo de vacunaciones inclinaba la balanza inexorablemente hacia la vuelta a la normalidad. También cunde el sentimiento de que se les ha expuesto al virus de manera imprudente en festivales y locales donde les habían asegurado que estaban a salvo.
Escribe Pol Pareja