Mi equipo ha secuenciado la nueva cepa en Reino Unido: aquí explico lo que sabemos hasta ahora
Siempre hemos contado con que el genoma del SARS-CoV-2 mutaría. Después de todo, eso es lo que hacen los virus y otros microorganismos. A medida que circula, el genoma del SARS-CoV-2 va sumando entre una y dos mutaciones por mes. De hecho, su tasa de mutación es muy inferior a la de otros virus conocidos. La gripe estacional, por ejemplo, muta a tanta velocidad que cada año hay que sacar una nueva vacuna.
Aunque el ritmo sea menor, con el paso del tiempo la población del virus va acumulando bastantes mutaciones en diferentes combinaciones. La característica más llamativa de “la nueva variante”, como los medios llaman al linaje 1.1.7 del SARS-CoV-2 que descubrimos aquí, en el Consorcio de Genómica COVID-19 del Reino Unido, es que su genoma acumula un total de 23 mutaciones, un número elevado en comparación con relación a otros linajes que hemos identificado en el Reino Unido.
La mayoría de las mutaciones no son preocupantes porque no implican cambios en los aminoácidos que generan las proteínas de las que está compuesto el virus. Pero cuando sí lo hacen hay que prestar mucha atención, especialmente si las mutaciones (o eliminaciones) ocurren en una región del virus susceptible de cambiar la forma en que interactúa con su huésped humano. En especial, son de gran interés los cambios en la proteína de espiga, que adorna la parte exterior del virus y es el mecanismo que le permite adherirse a la célula anfitriona y entrar en ella para replicarse.
Sharon Peacock en The Guardian.