La gestión de la crisis económica del coronavirus vuelve a reabrir la herida entre el norte y el sur de Europa
“Repugnante” y “mezquino”, decía el primer ministro portugués, António Costa, el jueves por la noche sobre el comportamiento holandés en la crisis del coronavirus. Como un pasajero de primera clase del Titanic tras chocarse con el iceberg, describía la ministra española de Exteriores, Arancha González Laya, este viernes. Y Giuseppe Conte, el primer ministro italiano, fue el primero que se plantó el jueves por la noche en la cumbre de líderes de la UE ante el bloqueo de Holanda, Alemania, Austria y Finlandia, entre otros. Plantón que secundó el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.
España, Portugal e Italia han estallado: ni quieren que se repita la respuesta dada en el pasado ante una crisis económica ni entienden que la respuesta, ante los muertos y enfermos que se multiplican cada día en todo el mundo, no sea colectiva, solidaria y contundente. Piden lo mismo que en 2008: ayuda. Pero en una situación distinta a la de entonces, en la que los desequilibrios macroeconómicos de los países del sur sirvieron de excusa para aplicar recortes en plena recesión. Ahora no hay desequlibrios macraoeconómicos, y el golpe del coronavirus es generalizado.
En esta crónica, Andrés Gil te cuenta la incapacidad de la UE para acordar una respuesta conjunta al tsunami económico que se está produciendo por el coronavirus.