Una médica reconoce el protocolo para no derivar ancianos a hospitales a la hija de una paciente: “Es un comunicado de la Comunidad de Madrid”
“Alejina no está bien. Es mal pronóstico”. Diecisiete días después de recibir esta llamada, la madre de Ramona Carvajal, Alejina, falleció. Pasó a formar parte de las 29.000 víctimas de la pandemia que residía en un centro de mayores -en concreto, en Griñón, al sur de Madrid. El 17% de estas personas vivían en Madrid. La mujer era un caso “altamente sospechoso” de COVID-19, pero, según la doctora que le atendía, no había recursos suficientes para hacerle el test y comprobarlo. “De llevarla al hospital nada, ¿no?”, preguntó la hija a la médica. “Nada”, respondió.
En la conversación telefónica, a la que ha tenido acceso El Periódico, la doctora asegura que ha recibido un “comunicado” en el que se establece un protocolo para no derivar ancianos a los hospitales: “La Comunidad tiene unos criterios para los residentes, que son: uno, puede ser trasladado a urgencias todo aquel paciente que tenga infección respiratoria o insuficiencia respiratoria; dos, que no tenga deterioro cognitivo; tres, que sea una persona independiente; cuatro, que no tenga patologías asociadas”.