El exrelator de la ONU, sobre pobreza: “Desperdiciamos una década en la lucha, el triunfalismo bloqueó las reformas que podrían haber evitado los peores impactos de la pandemia”
Una pandemia de pobreza. Así resume el exrelator de Naciones Unidas para la extrema pobreza, Philip Alston, las consecuencias que está teniendo a nivel mundial la crisis del coronavirus en su informe final, presentado este martes por su sucesor en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
Según indica, la pandemia ha llevado a más de 250 millones de personas al borde de la inanición y ha frustrado las esperanzas de erradicar la pobreza extrema para el año 2030, como marcan los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Alston critica la forma en que los gobiernos han apostado por el crecimiento económico para sacar a la gente de la pobreza y considera que la Agenda 2030 se basa demasiado en una línea de pobreza tan baja, establecida por el Banco Mundial, que permite a los Gobiernos reclamar un progreso donde no lo hay.
El exinvestigador independiente recuerda que el “pésimo historial” de la comunidad internacional en lo que respecta a la lucha contra la pobreza y la desigualdad precede en gran medida a esta pandemia. La crisis provocada por el coronavirus empujará a 176 millones más a la extrema pobreza, de acuerdo con el Banco Mundial.
“Incluso antes de la COVID-19 desperdiciamos una década en la lucha contra la pobreza, con un triunfalismo fuera de lugar que bloqueó las mismas reformas que podrían haber evitado los peores impactos de la pandemia”, ha dicho Alston en un comunicado tras la publicación del documento.
En el informe, sostiene que el impacto de la COVID-19 “será duradero”, pero “las respuestas estructurales necesarias han sido muy escasas”, señala el informe. “El conciso consejo de 'quedarse en casa, distanciarse socialmente, lavarse las manos y ver a un médico en caso de fiebre' pone de relieve la difícil situación de la gran cantidad de personas que no pueden hacer ninguna de estas cosas. No tienen un hogar en el que refugiarse, no tienen reservas de alimentos, viven hacinados y en condiciones insalubres, y no tienen acceso a agua limpia ni a una atención médica asequible”.
“Lejos de ser el 'gran nivelador', la COVID-19 es una pandemia de pobreza, que expone el lamentable estado de las redes de seguridad social para los que tienen ingresos más bajos o están en la pobreza en todo. En la comprensible prisa por reabrir las economías, corren el riesgo de convertirse en corderos de sacrificio”, agrega.
Escribe Icíar Gutiérrez.