Vivir con hiperfantasía: “Recuerdo la ropa que llevaba la gente el día que nos conocimos y cada palabra que dijeron”
Cierro los ojos y me imagino un barco en su camino hacia tierra firme. Iluminado solo por la luz de la luna, una silueta camina hacia un buzón y echa tres cartas, una por una. Luego, la melodía familiar de Gimme! Gimme! Gimme! (A Man After Midnight) de ABBA comienza a sonar, y el musical empieza.
A veces, de niña, tenía problemas para quedarme dormida. Pero desde los 11 años y hasta el principio de mi adolescencia, recrear la película Mamma Mia! en mi cabeza fotograma a fotograma fue mi remedio. Repasando cada línea de diálogo por mi mente y dando vida al color de la ropa de los personajes, generalmente para cuando llegaban nerviosos de su viaje, yo ya me había quedado dormida.
Casi 20 años después de mi terapia de sueño asistida por Mamma Mia!, he aprendido que no todo el mundo puede reproducir escenas (reales o imaginadas) con un detalle tan vívido. Es una tarea casi imposible describir objetivamente cómo uno piensa y cómo nuestra forma única de pensar puede ser diferente a la de los demás. Pero mi capacidad para imaginar el azul exacto del mar y recitar la forma de decir las frases siempre fue, para mí, algo claro; y tiene un nombre: hiperfantasía.
La hiperfantasía es un rasgo cognitivo caracterizado por una abundancia de imágenes mentales vívidas. En un área de la ciencia en desarrollo (el término se acuñó hace solo una década), aquellos que se identifican con esta experiencia tienen una imaginación de calidad “realista” y pueden crear imágenes y escenarios detallados en sus mentes. También puede extenderse a múltiples sentidos.
La medida más común de lo visual que eres es el Cuestionario de Viveza de Imágenes Visuales (Vividness of Visual Imagery Questionnaire), que utiliza una serie de preguntas sobre la claridad de las imágenes al visualizar personas, entornos y objetos. Pero aunque el test es una medida en general bien considerada y lleva a muchas personas a un “autodiagnóstico”, los investigadores también están empezando a buscar formas más objetivas de estudiar el intento del cerebro de generar imágenes. La cuestión de cómo definimos exactamente “viveza” sigue estando, según algunos investigadores, relativamente inexplorada.
Nunca he sido alguien que pueda recordar fechas y horas con precisión autobiográfica. Pero siempre he sido capaz de recordar la ropa que llevaba la gente el primer día que la conocí, y las cosas que han dicho palabra por palabra. Para aquellos con hiperfantasía, siempre hay un rico mundo visual al alcance de la mano, uno donde podemos evocar los rostros de nuestros seres queridos hasta la última arruga, imaginar los personajes de las novelas que leemos y reproducir todo lo que puede salir mal en nuestro trayecto al trabajo antes incluso de haber subido al autobús.
“Puedo mantener los ojos abiertos y lo veo”
Enterarme de que tenía hiperfantasía comenzó con una fascinación por su opuesto. Para el 1% de la población con afantasía, no hay imagen mental, ya sea con los ojos abiertos o cerrados. La frase “imagínate esto” existe simplemente como una metáfora.
La ausencia del ojo de la mente puede manifestarse en múltiples formas, pero la mayoría de las veces es multisensorial, dice Joel Pearson, profesor de neurociencia cognitiva en la Universidad de Nueva Gales del Sur y director del Future Minds Lab. “Puedes tener una afantasía multisensorial completa, de modo que no puedes imaginar sonidos, ni música, ni temperaturas, tacto o gusto, o puedes tener una puramente visual”, afirma.
Lo mismo ocurre con lo que yo, y según algunas estimaciones el 5,9% de la población, tenemos. Cuando un amigo describió su experiencia de no tener imágenes, desconcertada, hice el test para confirmar que yo tenía todo lo contrario. Mientras que mi propia hiperfantasía significa principalmente que siempre puedo construir una imagen mental, otras personas descubren que su imaginación también se ve amplificada al recordar sonidos, gustos, tactos u olores; y a veces incluso puede resultar abrumador.
A Alanna Carlson, abogada y coach ejecutiva, siempre le ha resultado difícil articular su mente inusualmente visual. A lo largo de su vida, ha obtenido altas puntuaciones en evaluaciones que medían el razonamiento espacial y el almacenamiento de la memoria a largo plazo. Pero solo encontró el término hiperfantasía a medida que las discusiones sobre la neurodivergencia proliferaban en línea.
Puedes retroceder al pasado y estar en un escenario que ya ha ocurrido. También puedes proyectarte hacia el futuro de lo que podría pasar
“Siempre lo describí como el ojo de mi mente... pero no tengo que cerrar los ojos. Puedo mantener los ojos abiertos y lo veo, pero no lo veo frente a mí como una alucinación”, dice. “Si cierro los ojos, es más vibrante, o puedo añadir más detalles, uno a uno”. Carlson describe su capacidad de visualización como algo parecido a un software de diseño, rotando objetos en su cerebro para verlos desde todos los lados y determinando su mecánica.
Actuando como un “archivo” de información e interacciones de hace años, la gente ha confiado durante mucho tiempo en Carlson por su memoria y, antes de perder parte de sus recuerdos tras sufrir Covid persistente, a menudo se preguntaba por qué los demás no podían simplemente “esforzarse más” en recordar tantos detalles como ella. Pero para aquellos con hiperfantasía, distanciarse de los recuerdos que preferirían olvidar también puede resultar agotador.
Puedo mantener los ojos abiertos y lo veo. Si cierro los ojos, es más vibrante, o puedo añadir más detalles, uno a uno
Carlson tiene experiencia con el trastorno de estrés postraumático tanto en su consulta como en su vida personal, y dice que el trauma puede ser perturbador. Joel Pearson también ha visto pruebas de esto al estudiar la respuesta de las pupilas a formas claras y oscuras, y en experimentos que evalúan la reacción emocional del individuo a escenarios aterradores mediante sensores cutáneos que miden la respuesta de microsudoración. Para aquellos con imágenes visuales, esa respuesta aumenta; para aquellos con afantasía, se mantiene plana.
Un rompecabezas de cognición y personalidad
El término afantasía fue acuñado, junto con el de hiperfantasía, por el profesor Adam Zeman, un neurólogo británico, en 2015 después de que le derivaran un paciente que perdió la capacidad de imaginar tras un procedimiento cardíaco. Cuando su artículo sobre el caso fue retomado y publicado en la revista Discover, pronto quedó claro que no se trataba solo de una anomalía. “La gente empezó a ponerse en contacto diciendo: 'Soy igual que su paciente, con la diferencia de que siempre he sido así'”, dice Zeman.
Zeman siempre ha estado fascinado por la relación entre la materia y la mente, y por lo que hace especial a la mente humana. “Un candidato bastante fuerte es la imaginación, en el sentido de nuestra capacidad para desapegarnos del aquí y el ahora, recordar el pasado, anticipar el futuro, entrar en mundos virtuales”, afirma.
Después de publicar un libro sobre la ciencia de la imaginación el año pasado, Zeman está centrando su atención en el estudio más profundo de la afantasía y la hiperfantasía. “Se podría pensar que la afantasía impediría a la gente pensar y recordar –hacer gran cosa con sus mentes– y ese claramente no es el caso”, afirma. “Es solo un elemento en el enorme rompecabezas de la cognición y la personalidad”.
“Imagina un…”
Cuando Richard Arblaster descubrió que tenía hiperfantasía hace dos años, estaba ansioso por encontrar personas con ideas afines. Su grupo de Facebook, recién formado, todavía tiene menos de 50 miembros, pero espera que la comunidad crezca.
Arblaster solo se dio cuenta de que no todos podían visualizar como él tras la muerte de su mejor amigo, al describir durante la terapia de duelo cómo aún podía imaginarlo caminando por el bosque como solían hacer juntos. A pesar de las circunstancias, y con la ayuda de la terapia, considera que sus habilidades hipervisuales son abrumadoramente positivas.
“Creo que es reconfortante”, dice. “Puedes retroceder al pasado y estar en un escenario que ya ha ocurrido. También puedes proyectarte hacia el futuro de lo que podría pasar. Puedes poner a cualquier persona en cualquier entorno en cualquier momento”.
Arblaster ve la comprensión de las imágenes visuales como algo lleno de potencial en su trabajo como profesor de piano, recordando los métodos de aprendizaje de su propia época de estudiante.
“Cuando estaba en la escuela, mi mejor forma de recordar cualquier cosa era dibujándola, así que en las paredes de mi habitación dibujé todos mis temas de historia en el papel pintado... Luego, en el examen, recordaba la imagen y escribía sobre lo que veía”.
Para Zeman, es nuestra capacidad de “imaginar un” lo que siempre le ha fascinado. “Realmente creo que la mayoría de nosotros vivimos gran parte de nuestras vidas en nuestras cabezas... la mayor parte del tiempo, la gente está más o menos soñando despierta. Estamos en nuestros pensamientos”.
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