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Las zonas oscuras de las listas de espera sanitarias: “Los datos son más optimistas que la realidad”

El Ministerio de Sanidad quiere “arrojar luz” sobre las listas de espera. Al menos esa es la intención que manifestó este martes la ministra, Mónica García, tras conocerse que el número de personas aguardando una operación marca un nuevo récord y que los tiempos de demora –lo que realmente mide la capacidad del sistema para dar respuesta– han aumentado tanto para las cirugías como para ser atendido por un especialista (consultas externas). “Tenemos unas fotos fijas que muchas veces no concuerdan con la percepción de espera que tienen los ciudadanos”, dijo García en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.

El sistema de medición actual se remonta a hace 20 años, cuando las historias clínicas ni siquiera estaban informatizadas. Era el año 2002 y el Defensor del Pueblo acumulaba una pila de quejas de ciudadanos por las largas esperas en la sanidad pública. Se puso a investigarlo y preguntó a las comunidades. El resultado, más doméstico que preciso porque cada territorio entregó los datos con reticencias y a su manera, fue la primera aproximación institucional a esta realidad en España y sirvió para empujar a las administraciones a marcar unos criterios homogéneos para medirla.

Finalmente en 2003 vio la luz un decreto que se sigue utilizando dos décadas después pese a que los expertos aseguran que no permite retratar correctamente la situación. Los datos ofrecen, dicen, una imagen mejor de la que es. Sanidad se abre ahora a modificarlo como “una prioridad” para dar a los datos “transparencia y trazabilidad”, aunque tendrá que negociarlo con las comunidades autónomas. De momento se ha acordado la creación de un grupo de trabajo.

“Los datos son más optimistas que la realidad que reflejan”, sostiene Beatriz González, catedrática de Métodos Cuantitativos en Economía y Gestión de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que puntualiza que el dato que realmente influye en la vida de paciente es cuánto tiempo espera y no cuántas personas hay en la lista. Salvador Peiró, que investiga sobre servicios de salud y farmacoepidemiología en la Fundación Fisabio, coincide en que “hay más gente de la que dicen”.

Una lista “parcelada”

¿Por qué sucede esto? Primero, porque la medición que se estableció en 2003 está “parcelada”. Esperas por el especialista y te cuentan en esa lista pero luego debes también pasar otro tiempo aguardando una prueba diagnóstica que certifique lo que tienes; y ya después de eso, si así lo prescribe el médico, te pones en la fila para operarte. “El sistema actual no cuenta todo el tiempo que pasa desde que se detecta un problema de salud hasta que se resuelve”, analiza González, que trató de medir los periodos reales en una investigación publicada en 2013. El resultado fue que los tiempos se triplicaban.

"El sistema actual no cuenta todo el tiempo que pasa desde que se detecta un problema de salud hasta que se resuelve"

“Con los sistemas de información actuales puedes seguir a las personas y contarlo bien contado, antes era palote, palote, raya”, analiza Peiró. Pero no solo es una cuestión de contar parcial o totalmente sino de cómo entran y salen los pacientes de las listas de espera. El investigador de Fisabio pone el siguiente ejemplo: “Cuando algunas autonomías derivan a la privada, esos salen de la lista pero probablemente tendrán también que esperar”.

Ocurre, igualmente, “cuando te llaman para operarte en un hospital con concierto y rechazas hacerlo o dices que no a entrar en quirófano en la fecha que te proponen vas a otra lista que está al margen de la estructural”, desgrana González, que llama la atención sobre un dato que se ha dejado de publicar para toda España y que antaño sí se daba. Es el periodo de espera para pruebas como un TAC o una resonancia. Algunas comunidades sí lo siguen ofreciendo.

Las especialidades opacas

Sanidad ve otro problema en las listas de espera que se publican dos veces al año: existen “cajas opacas”, en palabras de la ministra García, en algunas especialidades para las que no se ofrecen datos. Por ejemplo, no hay información homogénea en España sobre cuánto se tarda en acudir a una primera consulta en psiquiatría o psicología. Tampoco en oncología.

Se desglosan las demoras de 15 ramas médicas “pero hay 43”, matiza la catedrática de Economía. La lista se amplió posteriormente y incorporaron algunos tipos de intervenciones, como las prótesis de cadera, la cirugía cardiovascular o las cataratas; una lista que ahora debería volver a replantearse, según los expertos consultados.

En este ecosistema de datos entran otros condicionantes. Uno nada desdeñable es que las listas de espera “han tenido siempre una utilización política muy alta y en esa medida los políticos son poco transparentes”, dice Peiró. En los informes de Sanidad pueden encontrarse multitud de asteriscos –aunque no en el caso de la última actualización de datos– que cuentan que tal comunidad no pudo entregar los suyos o que no son comparables. Andalucía, por ejemplo, pasó un año y medio sin publicar sus cifras. “A veces se intenta sortear y hay mucha letra pequeña. Yo tengo mis dudas sobre los datos de algunas comunidades porque cuando nos vamos a otros microdatos, no nos coinciden”, apunta González.

“El compromiso nuestro y de las comunidades es hacer un buen diagnóstico, pero a partir de ahí son ellas las que tienen que poner en marcha las políticas para que estas listas de espera no sean inasumibles”, apuntó la ministra. Ahora empieza el trabajo primero, el de medir mejor lo que pasa; después habrá que enfrentar el segundo, reducir el tiempo que los pacientes esperan innecesariamente para ser operados, hacerse una prueba o tener una cita con el especialista. El Gobierno se ha marcado un límite para la legislatura que no supere los 60 días en el caso de las consultas externa (actualmente son 101 días, casi el doble) y de 120 para una cirugía (son 128, según los últimos datos).