580 metros cuadrados de mosaicos romanos: así es el impresionante palacio que la Condesa de Lebrija convirtió en museo sevillano

Palacio de la Condesa de Lebrija.

Laura Cuesta

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Si uno pasea por la calle Cuna, una de las más transitadas del centro histórico de Sevilla, puede pasar por alto que en ella se encuentra una de las joyas arquitectónicas y artísticas más importantes de la ciudad. Hablamos del Palacio de la Condesa de Lebrija, ubicado en el número ocho de la vía, un espacio cuya historia se remonta al siglo XVI.

Fue en aquella época en la que este lugar empezó a construirse, pero no lo hizo como un museo, sino como una vivienda noble. Aquella casa señorial pasó por distintas familias de la aristocracia, incluida la familia Paiba, los condes de los Corbos y los condes de Miraflores, por lo que sufrió varias reformas, especialmente entre los siglos XVIII y XIX, que le dieron su aspecto actual.

Sin embargo, el gran cambio de esta casa llegó en 1901, cuando Regla Manjón Mergelina, condesa de Lebrija, decide comprar la propiedad. La aristócrata era una apasionada de la arqueología, mostrando un especial interés por el yacimiento arqueológico de Itálica, así como del arte clásico, lo que le hizo convertirse en una gran coleccionista de obras artísticas de todo tipo.

Retrato de Regla Manjón, condesa de Lebrija, pintado por Joaquín Sorolla.

Los cambios de la condesa

Durante los años que vivió allí, la condesa dedicó gran parte de su tiempo a restaurar la casa. “La planta baja la engalanó de verdaderos tesoros artísticos, así como de piezas arqueológicas de diferentes épocas y culturas, También dotó sus habitaciones de elementos procedentes de diferentes periodos artísticos, como zócalos de azulejos sevillanos”, recuerda la página web dedicada al palacio. 

Decoración de azulejos en el Palacio de la Condesa de Lebrija.

Una de las cosas más relevantes que hizo durante aquella reforma fue la adquisición de miles de mosaicos romanos procedentes de Itálica y otros yacimientos, que utilizó para pavimentar prácticamente toda la planta baja del palacio. En total, hablamos de 580 metros cuadrados de mosaicos romano en suelos y paredes, lo que la convierte en una colección particular sin precedentes.

Mosaico en el suelo del patio principal del Palacio de la Condesa de Lebrija.

Tras la muerte de la condesa, el palacio se mantuvo en manos de la familia y, finalmente, en 1999 se abrió al público como museo, permitiendo visitar tanto la planta baja arqueológica como las estancias superiores del palacio. Toda una experiencia para conocer cómo la condesa transformó aquella casa señorial en un museo privado con una enorme riqueza artística. 

Un palacio en dos niveles

El Palacio de la Condesa de Lebrija tiene una superficie de aproximadamente 2.500 metros cuadrados repartida en dos plantas. La planta baja tiene varios salones y patios, y es donde se encuentran la mayor parte de restos arqueológicos y colecciones artísticas. En la planta alta, por su parte, están las estancias donde vivió la familia hasta que falleció el último Conde de Lebrija, además de una enorme biblioteca con alrededor de 4.000 volúmenes.

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