Ni una aurora boreal ni el fin del mundo: el misterioso resplandor rosa sobre Birmingham tenía un origen futbolero
Las formas en que la naturaleza altera las expectativas visuales suelen despertar una curiosidad inmediata. En el cielo, lo habitual es ver tonos que oscilan entre el azul diurno y la oscuridad nocturna, matizados por la cantidad de nubes que los cruzan. A veces, sin embargo, esos mismos cielos se tiñen de colores improbables que interrumpen la rutina visual del horizonte.
En las regiones cercanas a los polos, esas variaciones adquieren una expresión única: las auroras boreales, que llenan la atmósfera de luces móviles creadas por partículas solares al chocar con el campo magnético terrestre. Este proceso produce cortinas de color que van del verde al violeta, fruto de la excitación de los gases en las capas altas del aire. Por eso, cuando un resplandor aparece lejos de los polos, la sorpresa se multiplica, y la explicación suele estar más cerca del suelo que del espacio.
Una fuente artificial tiñe de rosa una ciudad inglesa durante la noche
El resplandor rosado que tiñó el cielo de Birmingham durante la noche del jueves tuvo una causa simple y terrestre. La iluminación LED del estadio del Birmingham City, situada en St. Andrew’s, proyectó haces de luz intensa hacia la nieve y las nubes bajas. Esa combinación creó un reflejo amplio que cubrió buena parte de la ciudad y de las localidades vecinas, como Hednesford, en Staffordshire
Las imágenes compartidas por los vecinos mostraban calles nevadas bajo una bóveda de color rosa intenso, confundida por muchos con un fenómeno atmosférico poco frecuente. La explicación se confirmó más tarde, cuando el propio club admitió que sus focos, empleados para favorecer el crecimiento del césped, habían iluminado el cielo con ese tono.
El fenómeno se explica por la dispersión de la luz en un entorno cubierto de nieve. Las partículas de agua en suspensión y los copos actúan como espejos diminutos que reflejan las longitudes de onda más largas, como las del rojo y el rosa. En esas condiciones, los tonos azules se difuminan antes y las luces cálidas se extienden con mayor intensidad.
Los meteorólogos describen este comportamiento como una consecuencia clara de la estructura de los cristales de hielo, que dispersan la luz azul en ángulos más amplios y permiten que la luz rojiza alcance el ojo humano con mayor claridad. En el caso de Birmingham, la potencia y la orientación de los focos amplificaron el efecto, multiplicado por la densidad de las nubes.
Las luces del estadio, pensadas para cuidar el césped tras los partidos, suelen emplearse en otros tonos, pero en esta ocasión su programación utilizó LEDs de color rosa. La humedad del aire y la capa de nieve reflejaron esa radiación, generando un resplandor uniforme visible desde varios kilómetros de distancia. A lo largo de la noche, el reflejo fue captado por numerosas cámaras y teléfonos, y la coincidencia con la tormenta Goretti hizo que se vieran imágenes realmente inusuales. Las fotografías tomadas desde cierta altura mostraban el estadio como un foco brillante rodeado por calles cubiertas de blanco, con la luz expandiéndose sobre los tejados.
El temporal invernal enmarca el episodio dentro de una situación más amplia
El episodio coincidió con el paso de la primera tormenta bautizada del año, que dejó avisos de nieve en amplias zonas del centro de Inglaterra. Las autoridades meteorológicas emitieron alertas por acumulación de hielo y suspensión de clases en varios municipios. El temporal provocó además cortes eléctricos en zonas rurales y retrasos en carreteras principales.
Meteorólogos de la BBC y del Met Office aprovecharon el suceso para explicar la física del color atmosférico. Simon King señaló que “las nubes bajas y la nieve actúan como superficies reflectantes que devuelven la luz de los edificios y estadios, amplificando sus tonos”. Grahame Madge añadió que “la nieve dispersa mejor las ondas azules, lo que permite que los tonos rojizos y anaranjados sean los que dominan la vista”. Las declaraciones ayudaron a despejar las dudas sobre una posible aurora. También los equipos de fútbol intervinieron: el Hednesford Town recordó que días antes habían visto el mismo efecto en su propio campo debido a los focos de mantenimiento del césped, aunque a menor escala. Con ello, el misterio quedó resuelto sin necesidad de recurrir al cielo.
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