¿Cómo llegó a Madrid un lince ibérico desde la Comunidad Valenciana para acabar atropellado?

Un conductor alertó a la Guardia Civil tras ver el cuerpo en la calzada de San Fernando de Henares y los agentes trasladaron los restos a un centro especializado

Héctor Farrés

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Las cifras dibujan un avance claro en los últimos años. El lince ibérico ha mejorado su situación en España y ha pasado de estar al borde del colapso a ocupar más territorio que hace una década, con más ejemplares y más camadas cada temporada.

Ese crecimiento ha empujado a muchos animales jóvenes a buscar nuevos espacios fuera de las áreas donde la especie ya está asentada, y ese movimiento implica cruzar carreteras, atravesar campos abiertos y entrar en zonas donde el tráfico es intenso.

El desplazamiento hacia otras regiones no responde a un plan humano, sino a la necesidad de encontrar territorio propio y pareja reproductora. Ese proceso de expansión, que confirma la recuperación demográfica, también expone al lince a riesgos que se hacen evidentes cuando aparece un cuerpo en el asfalto.

Un atropello en la M-203 destapa el recorrido de un macho llegado desde Valencia

Un lince ibérico apareció muerto por atropello en la carretera M-203 de San Fernando de Henares y las autoridades confirmaron que procedía de la Comunidad Valenciana. El aviso lo dio un particular que vio al animal tendido en el margen derecho de la vía y alertó a la Guardia Civil, tras lo cual agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza realizaron una inspección y trasladaron el cadáver bajo cadena de custodia al Centro de Recuperación de Animales Silvestres de la Comunidad de Madrid.

La necropsia practicada en el centro confirmó que el impacto con un vehículo causó la muerte. El ejemplar era un macho de entre ocho y nueve años y llevaba microchip identificativo.

El crecimiento del lince ibérico le obliga a salir de su zona conocida y enfrentarse a más peligros

La muerte en carretera encaja en una tendencia amplia. En 2024 se registraron en España 214 fallecimientos no naturales de linces, y 162 estuvieron relacionados con atropellos, según el último informe del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Ese 75% convierte al tráfico en la principal amenaza fuera de la caza ilegal y del descenso de presas como el conejo. El dato no se limita a una comunidad concreta, sino que afecta a territorios donde la especie se está extendiendo y donde las infraestructuras dividen el terreno en tramos cortos.

Cómo recorren grandes distancias y qué rutas eligen

Ese aumento de población explica por qué aparecen ejemplares lejos de su punto de origen, pero también conviene entender cómo lo consiguen. Un lince ibérico recorre a diario unos 7 u 8 kilómetros de media, y los machos suelen desplazarse más que las hembras. Cuando entran en fase de dispersión, tanto juveniles como adultos pueden cubrir cientos de kilómetros y conectar núcleos que antes estaban aislados, algo que se ha visto en programas de conservación como LIFE Lynxconnect.

Ese viaje no transcurre por un paisaje intacto. Los animales cruzan autovías, carreteras secundarias y áreas urbanizadas, y ahí aumenta el riesgo de atropello, sobre todo cuando buscan un territorio propio. En zonas agrícolas evitan los cultivos intensivos donde escasea el conejo y aprovechan pasos inferiores o viaductos asociados a infraestructuras para salvar barreras que de otro modo resultarían casi infranqueables.

Las carreteras concentran tres de cada cuatro muertes no naturales registradas en 2024

La existencia de corredores ecológicos resulta decisiva en ese proceso. Las franjas de monte continuo permiten que distintas poblaciones funcionen como una red conectada y mantengan intercambio genético. WWF ha identificado 12 grandes corredores en la Península Ibérica, entre ellos las Sierras Béticas, que facilitan el tránsito entre espacios protegidos y reducen el aislamiento.

En sus recorridos, los linces tienden a seguir cursos fluviales, manchas de matorral mediterráneo y áreas con alta densidad de conejos, que constituyen su presa principal. En cambio, evitan plantaciones exóticas como los eucaliptales, que ofrecen menos refugio y alimento. Estudios desarrollados en el marco de LIFE IBERLINCE han modelizado esos desplazamientos y muestran que los animales priorizan hábitats permeables, con cobertura vegetal suficiente y disponibilidad de presas, incluso cuando eso implica rodear zonas intensamente transformadas.

Madrid confirma que Uraclio sigue vivo

El caso de Madrid convive con otra historia distinta. La Comunidad de Madrid confirmó a EFE que Uraclio, el ejemplar que vive en la región desde agosto, no es la víctima de este suceso y fuentes de la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior indicaron que “el buen estado” del animal está verificado gracias al seguimiento con collar.

Uraclio tiene dos años y medio y llegó a la zona noreste madrileña procedente de Guadalajara. Técnicos de la Dirección General de Biodiversidad y Gestión Forestal y el Cuerpo de Agentes Forestales autonómico le siguen la pista en municipios como Villalbilla, Corpa, Los Santos de la Humosa y Anchuelo.

El informe del Ministerio para la Transición Ecológica recoge 214 fallecimientos el pasado año

Madrid ya había registrado otros episodios graves. En diciembre de 2024 apareció en El Molar el cadáver de otro macho adulto al que dispararon y mutilaron, un hecho que marcó un precedente distinto al de los accidentes de tráfico. El Gobierno regional mantiene programas para consolidar la presencia estable de la especie y ha firmado un acuerdo con Patrimonio Nacional para incorporar El Pardo a la zona de reintroducción. Además, continúa el estudio de hábitats con las recomendaciones del grupo de trabajo del lince del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

La población crece con fuerza y deja atrás la categoría más grave

El último censo oficial de 2024, a la espera de nuevos datos, contabilizó 2.401 linces ibéricos, con 2.047 en España, lo que supone un aumento del 19% respecto a 2023. El recuento incluye 1.557 adultos o subadultos y 844 cachorros, repartidos sobre todo en Castilla-La Mancha con 942 ejemplares, en Andalucía con 836, en Extremadura con 254 y en Murcia con 15.

La especie ha pasado de en peligro crítico a vulnerable en la Lista Roja de la UICN y en España mantiene una tendencia favorable. Los programas de cría en cautividad han permitido liberar 291 animales desde 2005 y el proyecto 20Lince40 fija como meta alcanzar 750 hembras reproductoras en 2040.

En el caso del ejemplar hallado en la M-203, las mismas fuentes de la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior señalaron a EFE que “no se tenía constancia” de su presencia en la región antes del accidente.

El microchip permitió comprobar su origen valenciano y descartar que se tratara de Uraclio, que sigue bajo seguimiento activo en territorio madrileño mientras cruza carreteras y campos en su proceso de asentamiento.

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