¿Qué revelan estas pinturas prehistóricas? Los dibujos apuntan a un interés antiguo por distintas especies animales
Algunas cuevas reservaban sus rincones más difíciles para dibujar animales. Aquellas figuras no parecían simples adornos hechos para ocupar una pared vacía, porque muchos grupos humanos repetían los mismos cuerpos, las mismas posturas y los mismos gestos durante generaciones.
Los bisontes, ciervos, caballos, toros, antílopes o grandes felinos aparecían con frecuencia porque eran parte diaria de la caza, de la alimentación y de los peligros que rodeaban a esas comunidades. También ocupaban un lugar espiritual dentro de muchos grupos antiguos, que atribuían fuerza, protección o capacidades especiales a determinados animales.
Algunas pinturas pudieron servir para transmitir conocimientos sobre el territorio, mientras otras quizá acompañaban rituales, peticiones o ceremonias ligadas a la supervivencia. El hecho de que muchas figuras quedaran ocultas en cuevas profundas apunta a que aquellas imágenes tenían un valor mucho mayor que el de una decoración corriente.
Kerry Bowman situó la fauna en antiguas creencias humanas
El bioeticista Kerry Bowman, profesor asistente de la Universidad de Toronto, sostiene en un artículo publicado por Mongabay que el arte rupestre revela hasta qué punto numerosas sociedades antiguas situaban el mundo natural en el centro de su vida cotidiana. Bowman explica que las paredes pintadas del Sáhara, el Amazonas, Sudán o el sur de África muestran una presencia continua de animales, bosques y relaciones entre humanos y otros seres vivos.
Según el autor, esas representaciones aparecieron mucho antes de que existiera el concepto científico de biodiversidad y dejan ver que muchas comunidades entendían su dependencia del entorno como parte de su identidad y de sus creencias.
El Amazonas conservó escenas ligadas a la selva profunda
Las pinturas encontradas en distintas zonas del Amazonas muestran serpientes, animales de caza y figuras relacionadas con la selva. Bowman señala que aquellas imágenes exigían planificación, herramientas y preparación de pigmentos, algo que descarta la idea de simples garabatos improvisados.
Muchas representaciones parecen ligadas a visiones espirituales donde el bosque actuaba como una presencia viva y llena de significado. En varios pueblos indígenas amazónicos, esa mirada todavía permanece y considera a animales y plantas como relaciones cercanas, no como recursos destinados únicamente a la extracción.
El artículo indica que esta forma de entender la naturaleza chocó con la visión industrial moderna, que suele reducir el valor del entorno a su utilidad económica.
Los san dejaron figuras unidas a ceremonias africanas
Los pueblos san del sur de África dejaron algunas de las tradiciones rupestres más conocidas del continente. Sus pinturas muestran antílopes, elands y otras especies trazadas con un nivel de detalle muy alto. Diversos investigadores consideran que aquellas imágenes estaban relacionadas con ceremonias, curaciones y estados de trance. Los animales no aparecían solo como alimento, ya que también ocupaban un lugar espiritual y social que justificaba su presencia repetida sobre la roca.
En la meseta de Ennedi, en Chad, abundan las figuras de ganado y fauna salvaje sobre paredes de arenisca. El paisaje actual es árido, aunque las pinturas retratan un territorio mucho más fértil. Bowman explica que el cuidado dedicado a las figuras bovinas apunta a que aquellos animales tenían un valor ligado al prestigio social y a la vida comunitaria.
El arte rupestre de la región, por lo tanto, terminó funcionando como un registro de un entorno desaparecido y de la importancia que tenían los animales para aquellas poblaciones. Las montañas Nuba, en Sudán, también conservan pinturas con animales y rituales vinculados al territorio.
Indonesia cambió antiguas teorías sobre el arte figurativo
Bowman añade que el descubrimiento de las cuevas de Lubang Jeriji Saleh, en Indonesia, modificó muchas ideas sobre el origen del arte figurativo. Durante décadas se creyó que las primeras grandes representaciones humanas nacieron en Europa, pero aquellas cuevas asiáticas demostraron que otras regiones desarrollaron imágenes complejas hace miles de años.
Pese a las diferencias culturales, el patrón se repite en continentes muy alejados entre sí: humanos de épocas distintas eligieron representar animales una y otra vez.
Kerry Bowman comparó antiguas creencias con la defensa ambiental actual
El artículo insiste en que aquellas sociedades no eran conservacionistas en el sentido moderno. Cazaban, alteraban paisajes y podían generar presión sobre algunos ecosistemas. Aun así, muchas de esas comunidades parecían entender que la vida humana dependía de su entorno inmediato y formaba parte de él.
Bowman contrapone esa visión con la forma actual de defender la biodiversidad mediante argumentos relacionados con servicios ecológicos, regulación climática o seguridad alimentaria. El autor considera válidas esas razones, aunque cree que dejan fuera una dimensión cultural y moral mucho más antigua.
Puede haber daños en paisajes con pinturas antiguas
Bowman también relata varios hallazgos en lugares apartados del Amazonas y Sudán junto a guías indígenas y habitantes locales. En algunas ocasiones llegaron a paredes de piedra que, según quienes los acompañaban, nunca habían sido vistas por investigadores extranjeros. El autor describe esas visitas como una sensación de contacto con una historia humana todavía incompleta.
Muchas de esas regiones permanecen hoy bajo presión por la minería, la deforestación, la desertificación o el cambio climático. La destrucción de esos paisajes amenaza especies animales, aunque también borra parte de la memoria cultural grabada sobre la roca.
El artículo publicado por Mongabay defiende además el valor educativo del arte rupestre. Bowman considera que las pinturas permiten explicar la biodiversidad de una forma más cercana que los gráficos o el lenguaje técnico habitual.
En este sentido, las figuras animales ayudan a entender que la relación entre humanos y naturaleza atraviesa miles de años de historia y no pertenece solo al debate científico actual. Las manos estampadas sobre piedra en distintos continentes, añade el autor, muestran que muchas sociedades antiguas quisieron dejar constancia de su conexión con el mundo vivo que las rodeaba.
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