La forma en que un lagarto del desierto bebe agua impulsa un nuevo sistema de recolección más eficiente

El nuevo dispositivo recogió agua y la limpió durante el proceso

Héctor Farrés

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El calor es infernal y el suelo apenas guarda humedad durante horas. Los animales que viven en el desierto se tienen que buscar la vida para sobrevivir, porque encontrar agua no es cuestión de suerte sino de estrategia. Cada movimiento cuenta cuando el entorno apenas ofrece oportunidades, y eso obliga a desarrollar formas de aprovechar cualquier rastro de humedad antes de que desaparezca.

Esa necesidad empuja a soluciones que se apoyan en el cuerpo, en el comportamiento y en una relación muy ajustada con el terreno que pisan.

Un estudio explica cómo el reptil dirige el agua hacia la boca

Un equipo de la Seoul National University y del Daegu Gyeongbuk Institute of Science and Technology ha logrado aclarar uno de esos mecanismos en un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences. El trabajo describe cómo el lagarto cornudo del desierto consigue llevar hasta la boca el agua que recoge en su piel, un proceso que había quedado sin explicar durante años.

Las grabaciones a cámara rápida de doce ejemplares mostraron un patrón muy preciso. El animal abre la mandíbula de forma lenta y desigual, y la cierra después con rapidez. Ese gesto provoca que la fina película de agua que circula por la piel se rompa y avance hacia las comisuras de la boca. Los investigadores explican el mecanismo con una frase que resume la clave del proceso: “Estos lagartos emplean movimientos de mandíbula asimétricos, con apertura lenta y cierre rápido, para facilitar un bombeo capilar eficiente”.

Ese movimiento solo funciona porque el agua ya está en marcha antes de llegar a la boca. La piel del lagarto está cubierta de pequeños canales entre escamas que actúan como una red de transporte. Cuando hay humedad en el suelo o cae una gota, esa red la absorbe y la dirige hacia delante sin necesidad de esfuerzo muscular. El animal no bebe como otros reptiles, porque en su entorno casi nunca hay charcos ni superficies abiertas donde hacerlo.

Para medir hasta qué punto ese sistema evita pérdidas, el equipo construyó un modelo mecánico con dos placas de vidrio unidas por una bisagra. Al reproducir la apertura y el cierre en condiciones similares a las del animal, comprobaron que solo alrededor del 15% del líquido quedaba adherido a la superficie. El resto seguía disponible para ser recogido, lo que confirma que la secuencia de movimientos reduce al mínimo el desperdicio.

El prototipo eliminó metales pesados mientras recogió el agua

A partir de ahí, los investigadores trasladaron esa idea a un dispositivo artificial. El sistema utiliza un material poroso que actúa como esponja para extraer agua de suelos húmedos y un mecanismo motorizado que repite el mismo patrón de apertura y cierre. El diseño no busca copiar la forma del animal, sino reproducir el modo en que desplaza el agua dentro de un espacio muy limitado.

El prototipo incorpora además una capa de Nafion en el material poroso. Ese componente permite eliminar metales pesados mientras el agua avanza por el sistema. En las pruebas con un entorno simulado, formado por esferas de vidrio empapadas en agua contaminada, el dispositivo logró retirar alrededor del 95% de sustancias como plomo o arsénico, lo que convierte la recogida en un proceso que también limpia el líquido.

Ho-Young Kim, investigador de la Seoul National University, señala que gran parte del agua disponible está retenida en suelos húmedos que resultan difíciles de aprovechar. A partir de esa idea, plantea el alcance del sistema: “Gran parte del agua sin explotar del mundo no está en ríos o embalses, sino atrapada en suelos húmedos y a menudo contaminados, y el lagarto nos mostró que puede extraerse con una acción capilar rítmica sencilla”.

El equipo trabaja ahora en ampliar el modelo para que funcione con múltiples unidades en paralelo. Esa posibilidad abre la puerta a instalaciones capaces de operar en zonas aisladas o con recursos limitados, donde no llegan las infraestructuras convencionales. El mismo principio que permite a un animal sobrevivir con lo mínimo se convierte así en una herramienta que puede trasladarse a otros escenarios donde cada gota sigue siendo decisiva.

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