Hürtgen fue una carnicería: meses de lucha y decenas de miles de bajas para un resultado desolador en la Segunda Guerra Mundial

El nuevo ataque iniciado en diciembre relegó aquellos enfrentamientos hasta que las tropas aliadas retomaron la marcha, tomaron la presa y limpiaron la zona

Héctor Farrés

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Los caminos más codiciados en una guerra suelen ser aquellos que permiten llegar antes a un objetivo difícil, y un bosque espeso puede convertirse en una ventaja para quienes desean impedir ese avance. Un terreno cubierto por abetos, atravesado por pendientes incómodas y con pocos accesos favorece la ocultación, limita los movimientos y obliga a cualquier atacante a avanzar con lentitud.

Para un ejército defensor, un espacio así ofrece tiempo, protección y capacidad para desgastar al enemigo. Ese valor militar explica que ciertos paisajes terminen convertidos en piezas decisivas cuando una ofensiva intenta abrirse paso hacia una posición estratégica.

Las fuerzas estadounidenses llegaron a la frontera alemana

La batalla del bosque de Hürtgen surgió precisamente de ese choque entre la necesidad aliada de avanzar y la decisión alemana de impedirlo. Tras la ruptura del frente de Normandía y la liberación de amplias zonas de Francia y Bélgica, las fuerzas estadounidenses alcanzaron las defensas fronterizas alemanas en septiembre de 1944. El objetivo inmediato incluía las presas del río Roer, cuya destrucción o apertura podía inundar amplias áreas y retrasar cualquier penetración hacia Alemania.

El escenario favorecía claramente a los defensores. Hürtgen era una gran masa forestal situada entre Aquisgrán y el río Roer, con barrancos profundos, crestas elevadas y una red muy limitada de carreteras. El otoño y el invierno añadieron lluvia, barro y niebla.

La superioridad aérea aliada perdió gran parte de su utilidad porque localizar posiciones enemigas entre los árboles resultaba extremadamente difícil. Los alemanes reforzaron aún más esa ventaja mediante campos de minas, alambradas, trampas explosivas, fortines improvisados y numerosos búnkeres de hormigón vinculados a la Línea Sigfrido.

Los objetivos estratégicos justificaron meses de combate

Los primeros combates comenzaron en septiembre de 1944 y pronto demostraron que el terreno podía ser tan peligroso como el enemigo. La 9.ª División de Infantería estadounidense intentó abrir corredores hacia el interior del bosque, pero el avance se medía en centenares de metros. Las unidades alemanas, aunque reducidas en efectivos, conocían bien la zona y aprovecharon cada elevación, cada cortafuegos y cada sendero para frenar a los atacantes. El coste humano aumentó rápidamente mientras los objetivos seguían lejos de alcanzarse.

La situación se agravó con la entrada de la 28.ª División de Infantería en noviembre. Su misión incluía la captura de Schmidt, una posición considerada esencial para continuar la ofensiva. Las dificultades logísticas fueron enormes. Los suministros debían circular por rutas estrechas y vulnerables, mientras las evacuaciones de heridos se convertían en una tarea lenta y arriesgada. Los contraataques alemanes, apoyados por carros de combate y fuego de artillería, recuperaron parte del terreno perdido y provocaron graves pérdidas entre las fuerzas estadounidenses.

Günter Stüttgen acordó una pausa para atender heridos

En medio de aquellos enfrentamientos apareció un episodio singular. Entre el 7 y el 12 de noviembre, el médico militar alemán Günter Stüttgen negoció una tregua no oficial cerca del puente de Kall para atender a miles de heridos de ambos bandos. Aquel acuerdo temporal permitió salvar numerosas vidas en una batalla que, por lo general, estuvo marcada por la dureza extrema de las condiciones de combate.

La lucha continuó durante la llamada Operación Queen. La 4.ª División de Infantería y otras formaciones estadounidenses recibieron la misión de despejar sectores adicionales del bosque y avanzar hacia el río Roer. Sin embargo, los problemas persistieron.

La defensa alemana aprovechó cada ventaja disponible

Los tanques apenas podían moverse entre los árboles, las comunicaciones sufrían interrupciones frecuentes y los defensores alemanes seguían utilizando el terreno con eficacia. La captura de localidades como Hürtgen o de posiciones elevadas exigió semanas de combate y una sucesión constante de ataques y contraataques.

Todo ese esfuerzo estaba relacionado con una preocupación estratégica más amplia. Los mandos estadounidenses temían que las presas del Roer permitieran a Alemania inundar zonas enteras y bloquear el avance hacia el Rin. Por esa razón, atravesar el bosque parecía el camino más corto hacia esos objetivos.

Al mismo tiempo, el alto mando alemán consideraba la región una pieza fundamental para proteger el acceso a las presas y para preparar operaciones posteriores. Esa importancia explica la intensidad con la que defendió el área durante meses.

La ofensiva de las Ardenas desplazó la atención del bosque

La campaña cambió de forma brusca el 16 de diciembre de 1944. Ese día comenzó la ofensiva alemana de las Ardenas, conocida también como batalla de las Ardenas o batalla del Bulge. La atención de ambos ejércitos se desplazó hacia ese nuevo frente, y los combates en Hürtgen quedaron relegados.

Los alemanes mantuvieron sus posiciones hasta que la gran ofensiva fracasó a comienzos de 1945. Solo en febrero las fuerzas estadounidenses reanudaron el avance definitivo, capturaron la presa del Roer el día 10 y terminaron de despejar el bosque una semana después.

El balance final fue devastador. Diversas estimaciones sitúan las bajas estadounidenses en torno a 33.000 hombres, aunque algunas elevan la cifra hasta 55.000 al incluir pérdidas fuera del combate directo. Las fuerzas alemanas sufrieron alrededor de 28.000 bajas. El conjunto de la campaña de la Línea Sigfrido provocó cifras todavía mayores.

La dureza del enfrentamiento llevó a muchos historiadores a considerarlo uno de los episodios más costosos del frente occidental. Charles B. MacDonald, historiador del Ejército estadounidense y veterano de la campaña, llegó a describirlo como “una batalla mal concebida y básicamente inútil que debería haberse evitado”. Su valoración resume una cuestión que sigue abierta décadas después: cuánto se ganó realmente en un bosque que consumió meses de lucha y decenas de miles de vidas.

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