Dos mil piezas forman este museo del ferrocarril, con más de 100 vagones, locomotoras o coches de hasta siete anchos de vía diferentes

El ferrocarril conectó el eje central asturiano, uniendo costa y cuencas mineras, un símbolo incuestionable de progreso, conocimiento y de transformación

Alberto Gómez

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El Museo del Ferrocarril de Asturias, de la ciudad de Gijón, ocupa los terrenos de la antigua Estación del Norte, abierta en 1872 que, durante más de un siglo, fue el principal acceso ferroviario para miles de personas. Sin embargo, en 1990 cesó su actividad industrial para dar paso a una nueva etapa y, en 1998, el recinto se transformó en un centro cultural. Hoy es el centro de investigación y difusión de la historia ferroviaria regional, con muros que custodian el legado de una revolución técnica que cambió la vida social, un espacio donde el pasado industrial se encuentra con la curiosidad del público.

La colección que alberga este museo es verdaderamente impresionante por su magnitud. Dos mil piezas forman este museo del ferrocarril, destacando más de 100 vagones, locomotoras o coches de variada índole. Una característica única es que el material rodante tiene siete anchos de vía diferentes. Estas piezas provienen de cesiones de empresas, adquisiciones o de donaciones, lo que hace que el museo ofrezca en su conjunto todo un regalo para el disfrute. Se pueden encontrar señales, farolas, básculas y antiguos telégrafos del pasado. Cada objeto seleccionado permite reconstruir minuciosamente el avance de los siglos.

El complejo museístico cuenta con una superficie total de unos 17.000 metros cuadrados. La estación histórica fue restaurada completamente para albergar archivos y piezas. Frente al edificio antiguo se levantó un inmueble de nueva planta para muestras, quedando ambas estructuras unidas por una gran marquesina que resguarda al viajero. En el extremo opuesto de la parcela se sitúa una nave polivalente modular. Este espacio se utiliza actualmente como taller de reparación y zona de exposición. La recuperación incluyó también la adaptación de la antigua parrilla de vías. El entorno exterior permite el movimiento y la exhibición de todo el material móvil.

El complejo museístico cuenta con una superficie total de unos 17.000 metros cuadrados

El museo explica la evolución social y económica traída por el tren a Asturias. Durante la segunda mitad del siglo XIX, Gijón creció gracias a la industria y el transporte fue el elemento clave que permitió la salida de las mercancías. La Estación del Norte transformó el entorno rural en un activo arrabal obrero. El ferrocarril conectó el eje central asturiano, uniendo costa y cuencas mineras, un símbolo incuestionable de progreso, conocimiento y de transformación. Actualmente, este centro ayuda a comprender dicha revolución tecnológica local. La historia del tren es, en esencia, la historia del desarrollo del Principado.

Viajes (cortos)

El parque de material móvil es uno de los más destacados y operativos de toda la península. Cuenta con cuatro locomotoras de vapor que se mantienen en estado de marcha. También se exhiben varios tractores diésel que formaron parte de la flota antigua. La colección de vehículos de vapor restaurados es de las más interesantes hoy. El discurso expositivo pone especial énfasis en las redes de vía estrecha local. Las líneas de carácter industrial también reciben un trato preferente en las salas. Se exhiben coches de viajeros que permiten imaginar los viajes de otros tiempos. El museo es un centro vivo donde las máquinas no son solo piezas decorativas.

Periódicamente, el museo organiza las populares Jornadas del Vapor para todos. Durante estas fechas, las locomotoras de vapor son encendidas y los visitantes pueden disfrutar de cortos viajes en coches por las vías internas. Estas actividades suelen celebrarse generalmente cada mes para el gran público. El encendido de las calderas atrae a muchos aficionados que buscan experiencias. Además de los viajes, el museo ofrece exposiciones temporales y conferencias. Pero el museo no es solo un lugar de exhibición, sino un centro documental valioso. Su archivo reúne testimonios gráficos de los últimos 150 años. Cuenta con una biblioteca especializada y una fototeca que ayuda a expertos. En sus estantes se guardan desde antiguos billetes hasta complejos planos técnicos. Los fondos se enriquecen continuamente con nuevas donaciones y compras de piezas. Visitarlo, en definitiva, es una oportunidad excepcional para ver de cerca una joya de patrimonio industrial.

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