¿Puede el autoritarismo cambiar la evolución de los primates? El juego social cae en 37 especies analizadas

Un ataque de chimpancés machos del grupo occidental en 2019.

Héctor Farrés

0

Un ciervo que levanta primero la cabeza ante un ruido, una loba que decide cuándo avanzar o un gorila que corta una pelea rara vez ocupan ese lugar por casualidad. En muchos grupos animales aparece una figura que recibe atención preferente porque reduce riesgos, organiza movimientos o rebaja tensiones internas cuando la convivencia se complica.

Esa posición suele surgir de la experiencia, la fuerza, la capacidad para proteger recursos o la habilidad para mantener unido al grupo durante situaciones de presión. En algunas especies importa más la edad. En otras importa la capacidad para crear alianzas o resolver conflictos sin provocar daños constantes. El resto del grupo termina aceptando esa autoridad porque facilita la supervivencia y evita choques dentro de una estructura donde cada gesto puede alterar el equilibrio.

Cuando ese sistema funciona con rigidez extrema, las relaciones pierden flexibilidad y algunas conductas sociales dejan de aparecer con normalidad.

La Universidad de Pisa concluyó que el juego adulto desaparecía

Una investigación internacional coordinada por la Universidad de Pisa concluyó que las sociedades de primates más autoritarias reducen casi por completo el juego entre adultos. El trabajo, publicado en Biology Letters, revisó el comportamiento de 37 especies de primates no humanos y detectó que el nivel de despotismo social importa más que la historia evolutiva a la hora de explicar por qué algunos animales mantienen esas interacciones y otros las abandonan.

Los investigadores analizaron chimpancés, bonobos, macacos, lémures y distintas especies de monos mediante modelos estadísticos elaborados con estudios científicos publicados entre 1965 y 2024.

Martina Francesconi examinó acicalamientos y reconciliaciones tras las peleas

Para clasificar cada sociedad de primates, el equipo examinó tres dimensiones de las relaciones sociales. Martina Francesconi, doctoranda del Departamento de Biología de la Universidad de Pisa, explicó que observaron el acicalamiento recíproco, las dinámicas de reconciliación tras los conflictos y el grado de rigidez de las jerarquías.

El acicalamiento funciona como una herramienta para crear relaciones y reducir tensión dentro del grupo, mientras que la reconciliación permite reparar choques sin mantener una agresividad permanente. Cuando las jerarquías se vuelven demasiado duras y las posiciones apenas admiten cambios, las interacciones ambiguas empiezan a resultar peligrosas para los adultos.

Los bonobos mantuvieron relaciones adultas mucho más tolerantes

Ese contraste apareció con mucha claridad en bonobos y chimpancés, dos especies muy cercanas desde el punto de vista evolutivo. Los bonobos viven en grupos más tolerantes y cooperativos, con relaciones menos agresivas y una convivencia más flexible. Los chimpancés mantienen dinámicas más competitivas y jerarquías más tensas. La consecuencia resultó evidente durante el análisis. Los bonobos juegan con mucha más frecuencia durante la edad adulta, mientras que los chimpancés reducen esas conductas de manera notable.

Los investigadores interpretan que el juego necesita una red mínima de confianza para existir. Una persecución breve, una falsa mordida o un empujón suave pueden funcionar como una interacción amistosa en sociedades tolerantes, pero en grupos sometidos a mucha presión jerárquica esos mismos gestos corren el riesgo de interpretarse como un desafío. El adulto que se expone a una respuesta agresiva termina evitando comportamientos ambiguos. Esa pérdida afecta después a otras formas de cooperación y relación social dentro del grupo.

Las estructuras autoritarias apartan conductas útiles para cooperar

Los datos recogidos por el estudio mostraron una diferencia muy marcada entre sociedades tolerantes y despóticas. En las especies más abiertas, el juego entre adultos apareció en más del 90% de los casos analizados. En las estructuras más autoritarias era raro o directamente inexistente.

El equipo también comprobó que el peso corporal y las diferencias entre machos y hembras apenas alteraban el resultado. El patrón principal dependía del estilo social y de la forma en que cada grupo gestionaba la convivencia cotidiana.

Elisabetta Palagi, profesora del Departamento de Biología de la Universidad de Pisa y coordinadora de la investigación, afirmó que “lo que emerge con claridad es que no marca tanto la diferencia quién eres en términos evolutivos, sino cómo vives desde una perspectiva social”.

Las jerarquías rígidas apartan varias conductas sociales entre adultos

Palagi añadió que “incluso animales muy similares pueden comportarse de manera distinta según el grado de tolerancia de sus grupos”. Según la investigadora, las sociedades rígidas pierden conductas que ayudan a rebajar conflictos, crear lazos y facilitar la cooperación entre adultos.

La Universidad de Tennessee relacionó aquellos datos con sociedades humanas

El trabajo también contó con la participación de la Universidad de Turín, la Universidad de Tennessee y la Universidad de Lethbridge, en Canadá. Gordon Burghardt, investigador de la Universidad de Tennessee, señaló que estos resultados ayudan a comprender mejor ciertas diferencias culturales y políticas humanas observadas por la antropología.

El estudio recuerda que en grupos humanos más igualitarios el humor y el juego suelen actuar como herramientas para aliviar tensiones y mantener relaciones menos coercitivas. En sistemas mucho más autoritarios, la espontaneidad y las interacciones ambiguas encuentran menos espacio para desarrollarse. Esa diferencia termina alterando la manera en que los individuos cooperan, crean confianza o aceptan convivir bajo una misma jerarquía.

Etiquetas
stats