Descubren una nueva especie de cocodrilo prehistórico y su nombre se debe a uno de nuestros antepasados más famosos
Un equipo de investigadores ha identificado una nueva especie de cocodrilo prehistórico que vivió en África hace más de tres millones de años y que coincidió en el tiempo y el espacio con algunos de los primeros antepasados humanos. El animal ha sido bautizado como Crocodylus lucivenator, un nombre que significa “cazador de Lucy”, en referencia al famoso fósil de Australopithecus afarensis descubierto en 1974.
El estudio, publicado el 12 de marzo en la revista Journal of Systematic Palaeontology, describe a este gran depredador que habitó la región de Hadar, en Etiopía, entre hace 3,4 y 3 millones de años. Este periodo coincide con el momento en el que vivió Lucy, uno de los fósiles más completos y conocidos de un antepasado humano temprano. El hallazgo de Lucy fue clave para comprender la evolución humana, ya que aportó evidencias de que la capacidad de caminar sobre dos piernas apareció antes que el aumento del tamaño del cerebro.
Uno de los mayores depredadores de esa época
Según los investigadores, este cocodrilo era uno de los mayores depredadores del ecosistema en el que vivían los homínidos. Podía medir entre unos 3,6 y 4,5 metros y los adultos pesaban entre 250 y 600 kilos. Habitaba en un paisaje formado por matorrales y humedales atravesados por ríos y lagos, donde acechaba a sus presas.
Los científicos creen que se trataba de un depredador de emboscada que permanecía sumergido en el agua, esperando a que los animales se acercaran a beber para atacar. “Era el mayor depredador de ese ecosistema, más que los leones y las hienas, y la mayor amenaza para nuestros antepasados que vivían allí en esa época”, explica Christopher Brochu, profesor del Departamento de Ciencias de la Tierra y Ambientales de la Universidad de Iowa y autor principal del estudio.
El investigador considera muy probable que este cocodrilo cazara homínidos como los de la especie de Lucy. “Es casi seguro que este cocodrilo habría cazado a la especie de Lucy. No sabemos si alguno intentó atrapar a Lucy en concreto, pero habría visto a individuos de su especie y habría pensado: ‘Cena’”, señala.
El equipo analizó 121 restos fósiles, principalmente cráneos, dientes y fragmentos de mandíbulas, que representan a decenas de individuos. Los fósiles proceden del yacimiento de Hadar, en la región etíope de Afar, una zona que ha proporcionado durante décadas hallazgos fundamentales para reconstruir el pasado evolutivo humano y que fue declarada Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1980.
Una fisonomía muy particular
El cocodrilo presentaba algunas características físicas poco habituales. Una de las más llamativas era un bulto prominente en el centro del hocico, un rasgo que aparece en algunos cocodrilos actuales pero no en el cocodrilo del Nilo africano. Los investigadores creen que esta protuberancia podría haber sido utilizada por los machos durante el cortejo para atraer a las hembras.
Además, el animal tenía un hocico más alargado desde las fosas nasales que otros cocodrilos de su época, un rasgo que se asemeja más al de los cocodrilos actuales. Este conjunto de características llamó la atención de los científicos cuando examinaron los fósiles en el Museo de Addis Abeba, en Etiopía.
Algunos restos también ofrecen pistas sobre su comportamiento. Uno de los fósiles presenta varias heridas parcialmente curadas en la mandíbula, lo que sugiere que el animal había participado en una pelea con otro cocodrilo. Este tipo de mordeduras en la cara también se observa en especies actuales de la familia de los cocodrilos.
Aunque en otras zonas cercanas del Valle del Rift oriental existían al menos tres especies diferentes de cocodrilos durante ese periodo, los investigadores creen que Crocodylus lucivenator dominaba en solitario las aguas de Hadar. La región estaba formada por distintos hábitats, desde bosques abiertos y cerrados hasta praderas húmedas, matorrales y bosques de ribera junto a ríos y lagos.
Los científicos destacan que esta especie fue una de las pocas capaces de mantenerse en el ecosistema de Hadar durante largos periodos de tiempo, lo que refuerza la idea de que desempeñó un papel clave como depredador en el entorno donde también evolucionaban algunos de los primeros miembros de nuestra propia familia evolutiva.
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