El Palacio ideal: la locura del cartero francés que construyó un castillo con sus manos
Ferdinand Cheval trabajaba como cartero en la ciudad francesa de Hauterives, en la región de Drôme-Auvernia-Ródano-Alpes, cerca de Lyon. Su vida era de lo más común y nada parecía que fuera a romper la rutina, hasta que un buen día, Ferdinand tropezó con una extraña piedra. Era el año 1879, Cheval tenía 43 años y empezaba así la historia de una de las construcciones más extrañas y fascinantes que se pueden ver en Europa: el Palais Ideal (Palacio Ideal).
Esta construcción de difícil clasificación está realizada en piedra esculpida, siguiendo un estilo libre y ecléctico que hoy, casi un siglo y medio más tarde, nos sigue fascinando y sorprendiendo. No en vano, se calcula que cada año pasan por el Palacio Ideal unos 150.000 visitantes.
Un proyecto de lo más loco
Quien le iba a decir a Ferdinand Cheval que 33 años después de encontrarse con una piedra, la idea que le vino a la cabeza se habría convertido en una realidad. Solo y con sus propias manos, Cheval se obsesionó por recoger piedras y más piedras a lo largo de sus paseos diarios. Tomando como inspiración imágenes de postales y de revistas que distribuía gracias a su oficio de cartero, Cheval fue dando forma a un singular palacio en su propio jardín.
El resultado es un inclasificable edificio que mezcla los estilos arquitectónicos de los cinco continentes, y que está realizado con materiales encontrados y reciclados. El edificio, completamente transitable, destaca por su decoración esculpida, en la que se pueden ver desde caimanes, elefantes o pelícanos hasta personajes mitológicos, hadas o gigantes y elementos naturales.
Fuente de inspiración artística
Realizado sin normas y al margen de escuelas o movimientos artísticos, el Palacio Ideal del Cartero Cheval pronto despertó el interés de grandes artistas de su época. De hecho, hoy se considera la gran obra representativa del arte Naíf porque así lo definió en 1969 el escritor André Malraux, que en aquel momento ocupaba el ministerio de cultura francés. Antes ya había llamado la atención de figuras como André Breton, que en 1920 consideró a Ferdinand Cheval precursor de la arquitectura surrealista e incluso le dedicó un poema titulado “Le Revolver à cheveux blancs” (“El Revólver de cabellos blancos”).
También Picasso, así como Tinguely y Niki de Saint Phalle mostraron en su momento una gran admiración por esta obra que el también artista Jean Dubuffet comparó con el “art brut” en el que se emmarca su propia obra.
Una tumba hecha con sus manos
El Palacio Ideal no es la única obra arquitectónica que nos dejó Ferdinand Cheval tras su mierte. Cuando tenía ya 78 años, este imaginativo cartero emprendió un segundo proyecto, el de construir su propia tumba, siguiendo el estilo indescriptible de su palacio.
Así, trabajando sin pausa y con sus propias manos, Cheval dedicó ocho años más a construir un mausoleo para él y su familia, conocida con el nombre de “tumba del silencio y del descanso final”. Se ubica en el cementerio de Hauterives, no muy lejos del palacio. Cheval murió cuatro años después de finalizarla. La tumba, recubierta de piedras, fósiles, conchas y otros elementos variopintos, presenta el mismo aspecto orgánico del Palacio.
Hoy, el Palais Ideal está considerado como un Monumento Histórico y atrae a miles de visitantes cada año. En el año 2018, el director francés Niels Tavernier dirigió la película L'extraordinaire histoire du facteur Cheval, en la que Jacques Gamblin y la actriz Laetitia Casta dan vida al imaginativo cartero y su esposa.
0