Un pueblo francés enloqueció tras comer pan en 1951 y la ciencia aún discute qué intoxicó a cientos de personas
Antes de que Pont-Saint-Esprit acabara asociado a una intoxicación que todavía desconcierta a los investigadores, varios panaderos de la región ya habían protestado por escrito por la mala calidad del grano. No era precisamente una buena señal para un alimento que llegaba a diario a las mesas. En localidades como Issirac, Laval-Saint-Roman y Connaux se habían registrado problemas cutáneos, diarreas y dolores de cabeza vinculados al pan.
Todas recibían harina del molino de Maurice Maillet, en Saint-Martin-la-Rivière. La investigación judicial descubrió después un sistema de intercambio por el que agricultores entregaban cereal a cambio de pan, sin controles higiénicos. Maillet admitió haber utilizado grano deteriorado, con polvo y gorgojos, procedente de una operación con el panadero Guy Bruère. Ambos fueron detenidos por homicidio involuntario.
Las irregularidades alimentarias precedieron a una enfermedad en el pueblo
La crisis sanitaria que estalló en agosto de 1951 en Pont-Saint-Esprit, una localidad francesa junto al Ródano, dejó a numerosos vecinos con trastornos digestivos y alteraciones neurológicas. Los médicos investigaron una posible intoxicación alimentaria relacionada con el pan, aunque la sustancia responsable nunca quedó establecida mediante un consenso científico. Los relatos disponibles tampoco coinciden plenamente en el número de víctimas.
La investigación epidemiológica de los médicos Vieu y Gabbai identificó un elemento común entre las familias enfermas: todas habían comprado pan en el establecimiento de Roch Briand. En una vivienda con nueve residentes, solo enfermaron los cuatro que habían consumido aquel producto.
La coincidencia reforzó la sospecha sobre una partida de harina y permitió centrar las pesquisas en la cadena de suministro. También se comunicó la muerte de animales que habían ingerido restos del pan, otra observación utilizada para defender la hipótesis de una contaminación.
El 16 de agosto, los dos médicos del pueblo comenzaron a recibir pacientes con náuseas, vómitos, escalofríos y sofocos, antes de que aparecieran convulsiones y episodios alucinatorios. Un hombre saltó por una ventana convencido de que podía volar y un niño de once años intentó estrangular a su madre. Uno de los facultativos llamó a aquella jornada “la noche del apocalipsis”.
Una reconstrucción contabiliza más de 250 afectados, 50 ingresos psiquiátricos y siete fallecidos; otra eleva la asistencia médica a más de 300 personas, sitúa los ingresos alrededor de 60 y recoge cinco muertes. Algunos pacientes continuaron alucinando un mes después.
Las teorías científicas siguen enfrentadas por el origen del episodio
La explicación inicialmente aceptada atribuyó el episodio al cornezuelo del centeno, pero la investigación posterior abrió otras posibilidades que siguen enfrentando a los especialistas. En septiembre de 1951, los médicos Gabbai, Lisbonne y Pourquier publicaron una hipótesis en el British Medical Journal. Décadas después se plantearon una intoxicación por mercurio procedente de un fungicida, la intervención del hongo Aspergillus fumigatus y el empleo de tricloruro de nitrógeno para blanquear harina.
El historiador Steven Kaplan, catedrático de Cornell y autor de Le pain maudit, defendió esta última posibilidad. El periodista Hank P. Albarelli propuso en 2009 una prueba clandestina de LSD vinculada a la CIA, pero Kaplan objetó que esa sustancia actúa en pocas horas y no explica bien los trastornos digestivos iniciales ni su aparición tardía.
El cornezuelo, identificado científicamente como Claviceps purpurea, produce alcaloides capaces de alterar el organismo y se ha relacionado históricamente con dos formas de ergotismo. La variante gangrenosa daña la circulación y puede destruir extremidades; la convulsiva provoca espasmos y trastornos neurológicos. En la Europa medieval, la enfermedad recibió nombres como fuego de San Antonio.
Sus compuestos también adquirieron aplicaciones médicas: se emplearon para estimular el parto, aunque sus riesgos limitaron ese uso, y algunos derivados sirven para tratar hemorragias posteriores al alumbramiento. En los años 30, el químico suizo Albert Hofmann investigó estas sustancias y desarrolló el LSD-25.
Los juicios de Salem alimentan otra hipótesis sobre ergotismo
La asociación entre intoxicaciones y visiones sobrenaturales ha llevado a comparar Pont-Saint-Esprit con los procesos por brujería de Salem, ocurridos en Massachusetts en 1692. La investigadora Linnda Caporael propuso en 1976 que el ergotismo podía explicar algunas convulsiones atribuidas entonces a la brujería, una interpretación discutida por otros historiadores. En Salem fueron ahorcadas veinte personas.
El caso francés presenta una diferencia documental: sus síntomas fueron registrados por médicos y estudiados mediante investigaciones epidemiológicas contemporáneas. Esa documentación ha permitido discutir varias causas con argumentos clínicos, pero todavía no ha resuelto cuál provocó exactamente la enfermedad.
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