¿Qué eran en realidad los helskor de la Era Vikinga? Un estudio sostiene que tenían un doble significado ligado al Valhalla

Los guerreros caídos creían que emprenderían camino hacia el Valhalla tras el último combate

Héctor Farrés

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Thorgrím ajustó las correas con cuidado mientras el cuerpo de Vésteinn yacía preparado para el entierro, y tiró de las tiras de cuero hasta que el hierro quedó firme bajo los pies. El gesto formaba parte del rito que rodeaba a los muertos en el mundo nórdico, donde el calzado adecuado podía resultar decisivo para el viaje tras la muerte.

Thorgrím dijo durante el funeral que era costumbre atar esos zapatos al difunto y añadió que “es costumbre atar helskor a los pies de los muertos, con los que han de ir al Valhalla”. Ese pasaje de las sagas describe un detalle que la arqueología intenta descifrar muchos siglos después.

Una arqueóloga revisó viejas sepulturas suecas para entender qué papel tenían aquellas piezas con pinchos

Un estudio de la arqueóloga Anne-Sofie Gräslund , que recoge La Brújula Verde en su portal, analizó objetos hallados en tumbas de Suecia y planteó que algunos crampones de hierro pudieron cumplir ese papel ritual como helskor, un calzado destinado a facilitar el camino del difunto hacia el otro mundo.

El trabajo se centró en las necrópolis de Birka y Valsgärde, situadas en el valle del Mälaren y datadas en la segunda mitad del primer milenio. Allí aparecieron numerosas piezas metálicas con pinchos que se usaban para caminar sobre hielo. La investigadora examinó su presencia en enterramientos y su relación con la idea de un viaje tras la muerte.

El cementerio de Birka reunió decenas de piezas metálicas que aparecieron junto a personas y animales

Birka, conocido centro comercial vikingo, ofrece el conjunto de datos más amplio. Allí se documentaron al menos 28 crampones para caballos procedentes de 18 animales enterrados en tumbas de inhumación. En otras 21 tumbas de cremación aparecieron otros 28 ejemplares del mismo tipo.

El número resulta aún mayor cuando se trata de crampones para calzado humano. Los arqueólogos identificaron estos objetos en 109 tumbas. De ellas, un total de 29 pertenecían a hombres y 32 a mujeres. Únicamente dos correspondían a enterramientos dobles con un hombre y una mujer.

Ese registro presenta una peculiaridad llamativa cuando se observan las tumbas infantiles. En Birka se calcula que existen entre 80 y 100 inhumaciones de niños. Sin embargo solo una de ellas contenía un crampón. El objeto apareció junto a los pies de un niño depositado en un ataúd con clavos de unos 1,45 metros de largo. El ajuar incluía joyas y un estuche de agujas. La pieza de hierro estaba dañada y conservaba restos de madera adherida que probablemente procedían de la suela del zapato.

Las piezas halladas tenían formas distintas según se usaran para caballos o para personas

Los crampones encontrados en estos contextos no se parecen al material moderno de montaña. Los ejemplares destinados a caballos adoptaban forma de U con una base ancha y una púa piramidal en el centro. Sus patas se doblaban alrededor del casco del animal para fijarlos. Los destinados a personas eran más pequeños. Tenían forma de banda alargada y las patas se plegaban sobre una placa metálica que sostenía el pincho.

Los modelos destinados a animales rodeaban el casco con una base ancha y un pincho central

En Valsgärde, un lugar con tumbas de barco y cremaciones que abarcan desde el Período Vendel hasta la Era Vikinga, los arqueólogos hallaron crampones para caballo junto a esqueletos de équidos en varias tumbas de barco. También aparecieron en seis tumbas de cremación. Los ejemplares para calzado humano se documentaron en tres cremaciones. Un enterramiento contenía ambos tipos de objeto.

Los textos antiguos y algunos hallazgos medievales apuntaban a la idea de un viaje tras la muerte

El significado de estas piezas se entiende mejor cuando se comparan con textos de la tradición nórdica. La Saga de Gísli Súrsson menciona dos veces los helskor o zapatos de Hel. En el relato, Thorgrím insiste en que el calzado debe quedar bien sujeto al pie del difunto y advierte que “no puedo atar los zapatos de Hel si estos se aflojan”.

Durante años algunos traductores interpretaron este gesto como un intento de fijar al muerto dentro de la tumba y que no regreasara como un fantasma. El filólogo Dag Strömbäck rechazó esa idea en 1952 y defendió que el objetivo consistía en preparar al difunto para una travesía larga hacia el otro mundo.

Anne-Sofie Gräslund adoptó esa interpretación en su estudio. La investigadora afirmó que “encuentro la argumentación de Strömbäck sólida y sensata”. Según su lectura, los crampones pudieron actuar como ayuda simbólica para caminar tras la muerte del mismo modo que servían para avanzar sobre hielo en la vida diaria.

No todos los enterramientos incluían estos objetos

Otros hallazgos refuerzan esa lectura del viaje después de morir. En la iglesia de San Lars en Linköping aparecieron bastones largos dentro de ataúdes de madera de la Alta Edad Media. El medievalista Sune Zachrisson interpretó esos objetos como bastones de caminar destinados al trayecto hacia el otro mundo. En Lund también se encontraron restos de zapatos en tumbas de los siglos XI y XII asociados a la misma idea del viaje.

La propia Gräslund mantiene una posición prudente sobre la extensión de esta costumbre. En Birka solo alrededor del 10% de las tumbas contiene crampones. Esa proporción indica que el uso ritual no formaba parte de todos los funerales. Algunos muertos recibieron esos objetos mientras otros no.

Esa diferencia sugiere que ciertas familias o comunidades creían que el alma debía recorrer un camino difícil tras la muerte y decidían colocar bajo los pies del difunto un pequeño instrumento de hierro capaz de ayudarle a caminar.

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