China ata en corto a sus influencers tras hacer desaparecer a los tres más famosos

Huang Wei, Li Jiaqi y Zhu Chenhui, que acumulan cientos de millones de seguidores en redes sociales

El 3 de junio el influencer más famoso de China estaba en medio de una de sus transmisiones en directo en Taobao. En esta plataforma, propiedad de Alibaba, es habitual que los influencers empleen un formato de teletienda para vender todo tipo de cosas a su audiencia. En esas estaba Li Jiaqi, que promocionaba una tarta helada entre sus 64 millones de seguidores, cuando se le ocurrió hacerle una forma de tanque con ruedas de galleta y un barquillo como cañón. Le salió caro.

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El 4 de junio es el aniversario de las protestas de la plaza Tiananmén, conocidas por la famosa foto del hombre del tanque que muestra a un joven enfrentándose a una columna de blindados. Las autoridades chinas tienen prohibida la exaltación de aquellas manifestaciones contra el régimen y no pasaron por alto la jugada de Li Jiaqi. Segundos después de mostrar el tanque helado, su directo se cortó.

El influencer dijo en sus redes sociales que el abrupto paso a negro se debió a “dificultades técnicas”, pero no ha vuelto a emitir ni a publicar nada. Li Jiaqi es toda una figura en China, especialmente como influencer de cosméticos: es conocido como “el rey de la barra de labios”, después de haber sido capaz de vender 15.000 de ellas en cinco minutos. No ha sido un impedimento para que el régimen lo haga desaparecer e incluso borre su nombre de Baidu, el Google local controlado por la censura.

Había ocurrido antes. Si Li Jiaqi llegó a ser el principal influencer de China fue porque otras dos jóvenes estrellas de las redes desaparecieron antes que él. Ocurrió a finales de 2021, aunque los casos de Huang Wei (conocida como Viya) y Zhu Chenhui (Cherie), recuerdan mucho más a escándalos que también han afectado a influencers en España que se van a Andorra para evitar pagar impuestos. El Gobierno chino las acusó de utilizar la nacionalidad de Hong Kong para defraudar al estado. Primero se volatilizaron, después reaparecieron para pedir perdón y luego sus cuentas fueron eliminadas.

El caso de Viya fue especialmente llamativo por la gran relevancia que su figura tenía en actos del régimen, llegando a participar en los actos del año nuevo chino. Tenía 80 millones de seguidores y fama de ser capaz de vender cualquier cosa con sus promociones, acumulando cientos de millones de euros en ventas en un solo día. Junto a Cherie y Li Jiaqi, eran los tres influencers más famosos de China. La primera fue multada con 200 millones de euros, la segunda con 10 y del tercero aún no se sabe nada.

Como con las criptomonedas o la acumulación de poder de las grandes tecnológicas, China se enfrenta a los mismos retos que los países occidentales para regular la sociedad digital. Pero los resuelve a su modo. Después de hacer desparecer a sus tres principales influencers, el Gobierno ha publicado un código de conducta para estas nuevas estrellas de las redes con 18 puntos y 31 conductas específicamente prohibidas.

Prohibido ostentar o hablar “sin saber”

Las nuevas reglas de China para sus influencers vetan cualquier menosprecio al Partido Comunista o al Gobierno, pero también vetan algunas conductas que popularizaron los influencers estadounidenses y que se estaban extendiendo entre los chinos, ante el disgusto del régimen.

Por ejemplo, la normativa refleja que los influencers deben “practicar activamente los valores fundamentales del socialismo” y abstenerse de “publicar contenidos que debiliten, distorsionen o nieguen el liderazgo del Partido Comunista de China”. “Se adherirán a un estilo y un gusto sanos, rechazarán conscientemente la vulgaridad, la chabacanería y otros intereses de clase baja”, añade otro de los artículos.

No se hará gala de una vida extravagante sin límites ni se mostrará la riqueza de una manera que degrade a los grupos de bajos ingresos

Entre las conductas prohibidas, el Gobierno ha dedicado un punto específico a la ostentación. Queda prohibido “exhibir o especular con una gran cantidad de artículos de lujo, joyas, papel moneda y otros bienes, haciendo gala de una vida extravagante sin límites y mostrando la riqueza de una manera que degrada a los grupos de bajos ingresos”.

Dentro de los comportamientos específicos que algunos influencers han puesto de moda para entretener a sus seguidores, las normas chinas dedican un punto específico a la comida. Una de las conductas vetadas es la exhibición de “exceso de comida u otros contenidos que tienden a provocar un mal consumo de alimentos y una demostración de desperdicio”.

"En el caso de los contenidos en directo que requieran un alto nivel de profesionalidad (como la atención médica, las finanzas, el derecho y la educación), el influencer deberá obtener la correspondiente cualificación

El código de conducta hace responsables a las plataformas desde donde emiten los influencers. Una de sus obligaciones será asegurarse que estos tienen “conocimientos” o “experiencia” en los campos sobre los que emiten opiniones. Si hablan de salud, deberán tener conocimientos médicos: “En el caso de los contenidos en directo que requieran un alto nivel de profesionalidad (como la atención médica y sanitaria, las finanzas y la economía, el derecho y la educación), el influencer deberá obtener la correspondiente cualificación y comunicarla a la plataforma de emisión en directo, que llevará a cabo una auditoría”.

Las tecnológicas también deberán “advertir y restringir” a aquellos que no cumplan las normas. “A los que tengan problemas graves, de forma reiterada y no cambien, se les deben bloquear sus cuentas”, avisa el código. “Los influencers en cuestión deberían ser incluidos en una 'lista negra' y no se les permitiría volver a emitir aunque cambien de cuenta o de plataforma”, advierte.

Valores morales y desapariciones

Cuando sea el régimen el que tenga que intervenir, los casos de Li Jiaqui, Huang Wei y Zhu Chenchui muestran a qué se deberán enfrentar los influencers. “El tema de las desapariciones siempre funciona así. En China, cuando haces alguna cosa que no debes, no te detiene la policía y ya está. Tú desapareces, te recluyen en una instalación de seguridad varios meses y, en ese tiempo, se dedican a hacer que confieses. Ni tu familia ni los abogados tienen acceso a ti. Es lo mismo que le pasó a la actriz Fan BingBing”, explica Claudio Feijóo, codirector del campus Sino-Hispánico de la Universidad de Tongji (Shanghái).

Fan BingBing, la actriz mejor pagada de China, y la que aúna más experiencia en producciones internacionales, desapareció en verano de 2018. En octubre, publicó un breve vídeo para reconocer que había evadido impuestos y pedir disculpas a sus fans y al Partido Comunista. Hasta febrero de 2019 no se la volvió a ver de manera recurrente en actos públicos.

Feijóo explica que la decisión de China de atar en corto a sus influencers va en línea con la política del presidente Xi Jinping de evitar el comportamiento que se salga de la norma, tanto en televisión como en redes sociales. “Es algo que los chinos llaman mainstreaming, llevar a la gente hacia el centro. Utilizan los algoritmos para llevar a la gente hacia un comportamiento homogéneo, estándar y no extremista. Forma parte de una lógica que lleva años en en marcha, por ejemplo, borrando los pendientes de los chicos que salen en televisión, o los tatuajes”, expone.

“También tiene que ver con un mensaje que se quiere mandar a la juventud, de que vienen curvas y hay un posible enfrentamiento con EEUU en el horizonte, por lo que hay que mantenerse centrado en lo importante, arremangarse y trabajar duro para el país”, concluye el catedrático.

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