¿Ha empezado ya el estallido de la burbuja de la IA? Esto es lo que nos dice el desplome de las bolsas
Los mercados financieros globales han entrado en una espiral de inestabilidad, atribuida al temor de algunos inversores a que el sector de la inteligencia artificial pueda sufrir un frenazo tras la victoria de los demócratas en las ‘midterms’.
No es la primera vez en los últimos meses que los mercados bursátiles se tambalean ante la preocupación por una posible burbuja tecnológica o de la IA. Pero, ¿podría esta volatilidad ser el preludio de un desplome generalizado del mercado?
¿Qué ha pasado?
Wall Street sufrió un desplome el jueves impulsado por una oleada de ventas en el sector tecnológico y de la inteligencia artificial, que el viernes se extendió a Asia y Europa. Los mercados estadounidenses repuntaron el viernes tras la reapertura de las operaciones en Nueva York, pero no lograron recuperar todo el terreno perdido porque los temores sobre nuevas caídas persisten.
El jueves, el mercado bursátil estadounidense perdió más de 3,2 billones de dólares —una cifra superior al PIB de Canadá—, después de que el Nasdaq, un índice especialmente expuesto al sector tecnológico, cayera un 5,5%, y el S&P 500, que agrupa a las principales empresas del mercado, retrocediera un 4,4%.
El desplome se produce tras meses de advertencias sobre el excesivo valor de las acciones de empresas de inteligencia artificial en un contexto marcado por el temor a una situación de extrema vulnerabilidad en la economía mundial, agravado por el conflicto en Irán y la preocupación de que la burbuja tecnológica pudiera estallar. El detonante de esta oleada de ventas se ha atribuido a la contundente victoria de los demócratas en las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, que han hecho campaña a favor de la regulación de la IA y los centros de datos.
¿Por qué ha impulsado el desplome el resultado en EEUU?
Los inversores creen que un Congreso controlado por los demócratas promoverá una regulación más estricta de la IA y de la construcción de centros de datos, lo que frenaría el desarrollo explosivo del que ha sido en los últimos años motor del crecimiento económico mundial y de los beneficios empresariales.
Muchos de los candidatos demócratas que han triunfado en estos comicios han centrado sus mensajes en poner coto al poder de los tecnoligarcas, de Wall Street y de las grandes compañías de IA. En varios estados se ha votado a favor de moratorias a la construcción de centros de datos, en un contexto de creciente oposición a la edificación de estas enormes instalaciones que consumen enormes cantidades de recursos y han causado problemas de abastecimiento en comunidades de todo el país.
Como demostración de lo que había en juego en estas elecciones, basta recordar que el dueño de Tesla y SpaceX, Elon Musk, ha batido el récord de donaciones para unos comicios. Se calcula que ha destinado cerca de 500 millones de dólares a apoyar a candidatos republicanos, además de trasladar su residencia a Texas, el estado líder en la construcción de centros de datos. Tras las ‘midterms’, las acciones de ambas compañías han sufrido un fuerte desplome. Solo en las sesiones del miércoles y jueves perdieron más de 400.000 millones de valor bursátil, lo que supone un fuerte varapalo para Musk, su principal accionista.
¿Pero no había ya preocupación sobre la burbuja de la IA antes de las ‘midterms’?
Así es. La preocupación sobre una burbuja de la IA crece desde hace meses por las valoraciones astronómicas que han llegado a alcanzar las empresas tecnológicas en bolsa. Según diversos analistas, las subidas han alejado el precio de estas compañías de la realidad de su negocio.
El indicador utilizado para considerar si un mercado está sobrevalorado —el ratio precio-beneficio ajustado al ciclo (CAPE, por sus siglas en inglés)— ha alcanzado su nivel más alto desde el año 2000, lo que evidencia que la bolsa estadounidense ha alcanzado una valoración inusualmente elevada en relación con los beneficios de las empresas que forman parte del mercado.
En un ejemplo de esa desconexión, las acciones de Alphabet —la empresa matriz de Google— se desplomaron la semana pasada tras registrar unos beneficios inferiores a los previstos, lo que supuso una pérdida de más de 500.000 millones de dólares en su valor bursátil.
Antes de las ‘midterms’ también se esperaba un incremento en la supervisión de las compañías tecnológicas, dada la creciente oposición a la construcción de centros de datos y la preocupación sobre la seguridad de la inteligencia artificial.
Ben Barringer, director de investigación tecnológica en Quilter Cheviot, considera que “resulta demasiado simple afirmar que los demócratas serán perjudiciales para los centros de datos”.
“Es cierto que habrá una pausa en el desarrollo de algunas infraestructuras o la aprobación de licencias; sin embargo, a juzgar por las declaraciones de la nueva gobernadora electa de Texas, Gina Hinojosa, lo más probable es que su enfoque sea pragmático, aunque ahora se ponga también el foco en garantizar que los recursos que consumen estos centros se asignen de manera más equitativa”.
¿Qué supone el desplome de la bolsa para la gente de a pie?
Lo que pasa con el precio de las acciones de los gigantes tecnológicos estadounidenses tiene consecuencias para pequeños ahorradores de todo el mundo.
Las llamadas ‘siete magníficas’, las grandes empresas tecnológicas —Nvidia, Apple, Google, Microsoft, Meta, Amazon y Tesla—, representan más de un tercio del índice S&P 500; lo que significa que todos los fondos, de inversión o pensiones, que replican ese índice están directamente vinculados a su desempeño.
La inteligencia artificial ha sido un importante motor de crecimiento, y el auge tecnológico ha contribuido a amortiguar el impacto que la guerra en Oriente Medio ha tenido sobre la economía mundial.
La posibilidad de una venta masiva y sostenida de acciones tecnológicas podría suponer también un revés para los países que han depositado sus esperanzas en que la revolución de la IA genere empleo e impulse la productividad, permitiéndoles así superar años de relativo estancamiento económico.
Como respuesta al shock inflacionario que ha causado el conflicto en Oriente Medio, los bancos centrales de todo el mundo han subido los tipos de interés. Una desaceleración económica podría obligar ahora a replantear esa estrategia ante el riesgo de estanflación: una situación en la que un crecimiento débil de la economía coincide con un rápido aumento de los precios.
¿Y qué puede pasar ahora?
Las bolsas son propensas a las oscilaciones y la volatilidad y los especialistas están divididos sobre si la situación empeorara a partir de ahora. Desde hace meses, diversos expertos consideraban inevitable una corrección, pero cuando los inversores empiezan a perder la confianza, el proceso puede retroalimentarse. “Un círculo virtuoso puede convertirse rápidamente en uno vicioso. Por tanto, los inversores deben resistir hasta que el rumbo a seguir quede más claro”, explica Barringer.
Otros analistas creen, sin embargo, que las recientes caídas en bolsa del sector tecnológico representan un ajuste más que una recesión duradera. En su opinión, la demanda de inteligencia artificial y semiconductores no desaparecerá de la noche a la mañana y seguirán lanzándose nuevas herramientas y construyéndose centros de datos.
Mark Haefele, director de inversiones de UBS Global Wealth Management, considera que el ciclo de inversión en inteligencia artificial va a mantenerse intacto, a pesar de lo que califica como una “indigestión del mercado” en los últimos días. “No creemos que los fundamentos justifiquen una desaceleración prolongada”, añade.