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Cambio de régimen: frenar la dictadura del 0,01%

La humanidad se comporta como una plaga; si alguna otra especie hiciera tanto daño a la vida en el planeta, haríamos lo posible por exterminarla

Las cuestiones relacionadas con los animales, la naturaleza y el medio ambiente, cuyo maltrato amenaza nuestra supervivencia, se consideran secundarias en la agenda política

Los partidos animalistas basan su trabajo en la protección de los intereses de los más débiles frente al presunto derecho del más fuerte

Bruselas impone nuevas restricciones a la importación de pollo de Brasil

EFE

Los políticos están locos por las mayorías; coaliciones para alcanzar mayorías, mayorías para alcanzar sus objetivos, mayorías para poder transformar en ideología sus puntos de vista. Pero los humanos no somos mayoría. Una reciente investigación de un grupo de reconocidos científicos internacionales, dirigido por el profesor Ron Milo del Instituto de Ciencias Weizman, concluye que la humanidad se comporta como una plaga para el resto de formas de vida en la Tierra, pese a que las 7,6 mil millones de personas que la poblamos solo representamos el 0,01% de toda la vida en el planeta. Si alguna otra especie hiciera tanto daño como lo hace la humanidad, haríamos todo lo posible por deshacernos de ella. De inmediato. Ya lo estamos haciendo, de hecho, con especies que son literalmente de vital importancia para nuestra propia supervivencia: combatimos contra los insectos con pesticidas de amplio espectro y ponemos también en peligro nuestras propias vidas. Será el tiempo quien dé relevancia a este hecho.
 
Solo un planteamiento respetuoso hacia otras formas de vida en la Tierra puede proporcionarnos un futuro sostenible. Y aunque somos conscientes de ello, parece que no nos damos lo suficiente por aludidos. Desde el comienzo de nuestra civilización, el 83% de todos los mamíferos salvajes y la mitad de todas las plantas han sido exterminados por la intervención humana. La transformación de la vida en la Tierra es más evidente a través de la total reestructuración de su biodiversidad; o de la falta de ella.
 
Tomemos a las aves como ejemplo. El consumo mundial de pollo experimentó un boom con la llegada de la industria biológica tras la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día los pollos domesticados son el ave con mayor población en el mundo, pese a las casi 60 mil millones de muertes al año. Las aves de corral representan el 70% de todas las especies de aves en nuestro planeta, lo que significa que solo el 30% son aún salvajes. Al menos la mitad de todas las razas de pollos se han extinguido desde entonces, porque la industria avícola se centra principalmente en la producción de pollos de corral. El que se hayan reducido las razas a un número tan pequeño es un riesgo en sí mismo, ya que está asociado a defectos genéticos. Junto a la masiva cantidad de pollos que se hacinan en granjas, el uso excesivo de antibióticos y el riesgo de infección a gran escala por patógenos también representan un gran riesgo para la salud pública. Según los científicos, las zoonosis pueden conducir a una pandemia de proporciones sin precedentes.
 
El profesor Jan Zalasiewicz, geólogo de la Universidad de Leicester, asegura que el pollo criado por la industria cárnica es la evidencia más relevante de una nueva era: el Antropoceno, cuyo factor más determinante es la dominación ejercida por la humanidad: "El pollo que se cría en industrias se ha convertido en el ave más común del mundo. Se ha fosilizado en miles de vertederos y en las esquinas de las calles de todo el mundo". Nuestro actual estilo de vida se centra principalmente en maximizar nuestra prosperidad a corto plazo. Nuestra huella ecológica es tan grande que cada año agotamos en agosto toda la materia prima y los recursos naturales que nuestra Tierra es capaz de proporcionarnos para un solo año. El resto del tiempo vivimos a crédito, avanzando de forma irresponsable hacia un futuro incierto. Esta forma de vida no solo amenazará nuestro bienestar a medio y largo plazo, también nuestras posibilidades de supervivencia como especie.
 
Pero la humanidad -ese 0,01%- está tan centrada en sí misma, que casi todos los partidos políticos defienden los intereses humanos a corto plazo como el punto de partida para determinar y desarrollar sus políticas. Los animales, la naturaleza y el medio ambiente solo se abordan cuando se ha cumplido con todas las necesidades cortoplacistas de los humanos, algo que raramente ocurre. En España todo esto lo evidencia, entre otras cosas, la falta de unidad política para llevar adelante una lucha real y efectiva que frene el cambio climático, con medidas tan necesarias como un plan para el cierre de las centrales térmicas o la derogación del impuesto al sol que son, literalmente, el elefante en la habitación de nuestros políticos.
 
En 2006, por primera vez en la historia, un partido político que defiende los intereses de los no humanos como punto de partida de su ideología entró a formar parte de un parlamento nacional. El Partido Animalista holandés obtuvo los suficientes votos para entrar en el parlamento con dos representantes. Actualmente, ese número ha crecido hasta los cinco diputados en el parlamento nacional, dos en el senado, dieciocho en los consejos provinciales, quince en los consejos regionales del agua, 33 en consejos municipales y uno en el Parlamento Europeo.
Pero no hay que irse hasta Holanda. En España, PACMA ha triplicado sus apoyos en cada proceso electoral desde su fundación en 2003. Hoy la mayoría de las encuestas lo sitúan dentro de las cámaras parlamentarias. 
 
En clave internacional, los partidos en defensa de los animales son también uno de los nuevos movimientos políticos de más rápido crecimiento. Basan su trabajo en la protección de los intereses de los más débiles frente al presunto derecho del más fuerte. Es decir, la defensa de los que no tienen voz, pero también de esa pequeña pero muy dominante minoría compuesta por los seres humanos. El derecho a controlar y someter a otras especies hasta la muerte no tiene justificación alguna. Las personas no tenemos, de ninguna manera, un derecho mayor sobre nuestro planeta. Nuestra inteligencia no puede ser vista como la razón incuestionable para nuestra autodeclarada supremacía.
 
Como habitantes del planeta, sobran motivos para reconsiderar nuestra interacción con los animales, la naturaleza y el medio ambiente. Cuando le preguntaron a Gandhi cuál era su opinión acerca de la civilización occidental, dijo que “podría parecer una buena idea”. Los partidos animalistas abanderan una lucha por la civilización: dar voz al 99,99%, para velar también por los intereses del 0,01%.
 

Actualmente hay 19 partidos animalistas en todo el mundo. PACMA es uno de ellos. Nuestra ambición es defender a todos los seres vivos del mundo, incluidos aquellos que aún son considerados propiedad por los humanos, desvalidos, almacenados en granjas o en despensas; cuando, en realidad, son de vital importancia para dignificar nuestras vidas.

Este manifiesto lo firman:

Silvia Barquero, PACMA (España)
Marianne Thieme, Party for the Animals (Holanda)
Santeri Pienimäk, Animal Justice Party of Finland (Finlandia)
Bruce Poon and Tamasin Ramsay, Animal Justice Party (Australia)
Endri Haxhiraj, Institute for Environmental Policy (Albania)
Therese Ericsson, Djurens parti (Suecia)
Cristiano Ceriello, Partito Animalista Italiano (Italia)
Kyriacos Kyriacou, Animal Party Cyprus (Chipre)
Constance Adonis Villalon, DierAnimal (Bélgica)
Liz White, Animal Protection Party of Canada (Cánada)
Robert Gabel, Matthias Ebner and Sandra Lück, Partei Mensch Umwelt Tierschutz (Alemania)
Héléna Besnard, Isabelle Dudouet-Bercegeay and Hélène Thouy, Parti Animaliste (Francia)
André Silva, Pessoas-Animais-Natureza (Portugal)
Vanessa Hudson, Animal Welfare Party (Reino Unido)
Ivan Kurajov, Society for the Protection of Animals (Serbia)
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