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Ciencia-realidad de la energía: mejor que la ciencia-ficción

Nuestra sociedad se ha acostumbrado a contabilizar, casi exclusivamente, la cantidad absoluta de un recurso o una reserva, sin considerar la cantidad del mismo que puede ser real, efectiva y técnicamente extraíble y socialmente utilizable del mismo

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La UE acuerda reducir un tercio su consumo de energía de aquí a 2030

EFE

La transición energética y el cambio climático han encontrado un hueco permanente (aunque secundario) en el debate político. Un hueco que se ve espoleado periódicamente por acontecimientos puntuales, como la actual escalada de los precios el petróleo, el impuesto al Sol o la Ley de Cambio Climático. En este debate, en realidad en este y en bastantes más, entra de lleno “En la espiral de la energía”, que acaba de salir en una segunda edición revisada y actualizada.

Va a hacer siete años que nos dejó Ramón Fernández Durán y creo que su aparición como primer autor del libro, todavía en ésta revisión actualizada de 2018, honra a Luis y haría sentirse satisfecho a Ramón, como un Cid Campeador librando batallas a favor de la difusión del conocimiento útil.

Comenté sobre la primera edición, que me parecía el libro más completo y riguroso escrito en castellano sobre el asunto de la energía, clave para entender el mundo y tratar de entendernos a nosotros mismos. Sigo pensando lo mismo.

Se vuelve a presentar en dos tomos. El primer tomo analiza el papel de la energía desde el comienzo de la historia, si no de la vida.

Sólo comentar aquí el salto dado hace aproximadamente 10.000 años en el arranque del Neolítico con la domesticación de animales y el comienzo de la agricultura y con ellos, el sedentarismo. La generación de excedentes, como forma de acumulación de recursos (energía, al fin) fue casi imparable desde entonces. Hasta el punto de que en 2017 con una tasa de crecimiento global de, digamos, un 3,5%, la sociedad mundial (unos más que otros, desde luego) va a duplicar, en apenas 20 años, el consumo de materiales y energía que nos llevó los 10.000 años anteriores amasar. Esto debería ser un motivo de preocupación para todos.

El segundo tomo, nos muestra el vertiginoso horizonte de colapso del capitalismo global y de civilización al que nos empuja la forma de hacer las cosas en la sociedad moderna.

Si pudiéramos poner una fecha aproximada, el segundo gran salto hacia adelante energético, sería el del “pulso del carbono” o uso masivo de combustibles fósiles, al comienzo de la llamada Revolución Industrial.

El libro puede ahora echar la vista atrás y preguntarse si la posibilidad que el capitalismo del crecimiento nos augura, hará posible que un niño de 2018 pueda ver tres veces duplicada la producción de bienes y servicios en una vida de 80 años, según los modelos de crecimiento económico deseables para nuestra actual sociedad. ¿Es esto posible? ¿Es esto, en todo caso, deseable?

En el libro “En la espiral de la energía”, se abordan con detalle estos y muchos otros asuntos e implicaciones. Permítaseme desarrollar anticipadamente (hoy sería un “spoiler”) algunos de estos importantes asuntos clave tratados en profundidad y con todo rigor:

La energía apuntala la economía humana y estamos cabalgando en estos momentos, justo sobre el lomo del pulso mundial del carbono.

La energía y todo lo demás. La riqueza y la productividad se atribuyen generalmente a nuestro ingenio (con la herramienta de la tecnología), al capital, sea financiero o natural, aunque la mayoría piense más en el primero y apenas nada en el segundo y al trabajo humano, esa tan de moda “cultura del esfuerzo”, entendido como rendimiento económico. Sin embargo, con ser estas cosas importantes, se suele ignorar que todas ellas están siempre en función de la energía disponible. El libro "En la espiral de la energía" no deja pasar por alto que las modernas economías consumen energía de la misma forma que los animales consumen alimentos. Toda producción de bienes y servicios exige primero un input energético para convertir el bien o servicio en algo útil.

Flujos frente a stocks. La economía humana consume recursos naturales y materiales críticos como los combustibles fósiles y minerales varios. Es especialmente dependiente de recursos energéticos de alta densidad, como el petróleo o el gas natural. Visto en una perspectiva a largo plazo, estamos viviendo en la cúspide del consumo del regalo energético fósil, una situación única en el ecosistema humano. El trabajo físico en el mundo moderno se realiza en un 98% por máquinas que utilizan compuestos fósiles muy energéticamente densos. Un barril de petróleo, que hoy cuesta 64 euros, contiene la energía capaz de realizar el trabajo de un adulto durante cuatro años y medio. Si el salario medio de un español es de 26.000 euros anuales, habría que pagar 117.000 euros por el trabajo humano que puede hacer una máquina quemando un barril de petróleo. Nuestra forma actual de entender la economía trata y confunde a los inputs energéticos como flujos (tales como ríos, vientos, luz solar o crecimiento de biomasa), cuando realmente son en su inmensa mayoría utilización de stocks, limitados y agotables en términos de una vida humana.

Recursos limitados y agotables y entelequias. El uso de recursos limitados y agotables sigue una curva gaussiana de crecimiento, cenit y declive posterior. Estos recursos han aumentado durante el último siglo, por el desarrollo tecnológico, pero ya comienzan a declinar, tales como las leyes del cobre, de los metales o de la calidad del petróleo. Sin embargo, el aporte de dinero y crédito sigue una línea ascendente, sin vincularse al área de la curva de los recursos agotables. Desde el punto de vista global, en 2017 cada euro o dólar de crecimiento del PIB demandó 8 euros o dólares de nuevos créditos. Podemos imprimir dinero sin límites, pero no podemos imprimir la energía; apenas podemos consumirla más rápido. Este divorcio va a tener consecuencias.

Bruto y neto. En nuestro mundo económico sucede que tenemos muy clara la conciencia para distinguir un salario bruto de uno neto al descontarle los impuestos y demás cargas, que pueden y de hecho varían constantemente en el tiempo. Sin embargo, nuestra sociedad se ha acostumbrado a contabilizar, casi exclusivamente, la cantidad absoluta de un recurso o una reserva, sin considerar la cantidad del mismo que puede ser real, efectiva y técnicamente extraíble y socialmente utilizable del mismo. A medida que nos vemos obligados a acceder a recursos más profundos, menos accesibles y más dañinos ambientalmente, vamos gastando una cantidad creciente de esos recursos claves para obtener esos mismos recursos claves. Un ejemplo es la tasa de declive de, petróleo de fracking en los EE. UU., que ahora es del 30-40% por año, por lo que un determinado nivel de producción está cada vez más en función de cuántos nuevos pozos se van perforando. La época en que gastábamos un 5% de la energía en obtener energía para la sociedad, va dejando paso a un tiempo en que iremos gastando un 10% o un 15% de energía para obtener esa energía. A medida que el sector energético consume más y más para extraer lo mismo, tenemos que empezar a preguntarnos qué sectores van a utilizar menos energía o ninguna energía. Este efecto se manifiesta en forma de mayores costos de todo tipo y menores beneficios para las personas y las economías. Por tanto, debemos poner el foco en la parte neta de la energía que vamos a poder obtener y consumir.

Energía y trabajo. La energía sólo puede ser sustituida por otra energía. Pero no todas los tipos de energía son iguales. Hay una gran diferencia entre los tipos de energía y sus propiedades; por ejemplo, su carácter intermitente, su variabilidad, su densidad energética, su poder energético por peso o volumen, su ocurrencia geográfica, su tasa de retorno energético, la escalabilidad, la transportabilidad, etc. todo ello hace de la posible sustitución de unos por otros un proceso complejo y no siempre viable. La capacidad de una determinada tecnología para proporcionar energía, es distinta a su capacidad para realizar trabajo para la sociedad. No todos los tipos de energía son iguales.

Como aspecto positivo, señalar, aunque lo tengamos bastante perdido en nuestro subconsciente, que una vez satisfechas las necesidades humanas básicas, que son pocas, las mejoras cosas que se pueden disfrutar en la vida son gratuitas.

Nos encaminamos irreversiblemente, a un mundo con menos consumo de energía.

Conclusión: lean el libro, que merece la pena. Poca ciencia-ficción, va a atraer y enganchar tanto como este inmenso trabajo de ciencia-realidad.

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