Este molino de viento, Bien de Interés Cultural, puede visitarse por dentro... pero está muy lejos de La Mancha

La relevancia histórica y técnica de este molino fue reconocida oficialmente en 2008 al ser declarado Bien de Interés Cultural

Alberto Gómez

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Son muchas las personas que, al ser preguntadas respecto a la posible localización de un molino de viento, responderían con alguna localidad de La Mancha. Sin embargo, hay un cuidado ejemplo de esta imponente estructura en Gran Canaria, concretamente en la localidad de Mogán. Fechado en mediados del siglo XIX, el emblemático Molino Quemado destaca por ser el de mayor dimensión entre todos los molinos históricos de la isla de Gran Canaria. Su arquitectura consiste en una torre harinera de viento constituida por dos cilindros superpuestos con una base de mampostería de doce metros de diámetro. La torre exterior tiene seis metros de diámetro y fue fabricada utilizando técnicas tradicionales con mortero de cal y arena, además de una techumbre cónica de madera. 

Medidas al margen, en el año 2008, la relevancia histórica y técnica de este molino fue reconocida oficialmente al ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC) bajo la categoría de Sitio Etnológico. Originalmente, el aprovechamiento del viento se realizaba mediante seis aspas o velas de madera recubiertas con lona, un sistema que marcaba la vida económica de la zona. Una intervención ha respetado fielmente estas características, permitiendo que el monumento recupere su imponente presencia visual en el paisaje del barranco de Mogán. Según algunas fuentes históricas, este molino es un testimonio fundamental de la industria molinar que permitía el autoabastecimiento de los habitantes locales.

El nombre por el que se conoce popularmente a este monumento tiene un origen trágico vinculado a un incendio provocado que destruyó su maquinaria original. Según cuenta la tradición oral, el autor del sabotaje fue un pastor de La Aldea llamado Pedro Oliva Suárez, conocido como “Pedro Luisa”. Este acto de venganza fue dirigido contra el poder municipal representado por Marcelino Marrero, una figura influyente apodada el “Virrey de Mogán”. El fuego consumió por completo el sistema interno de molienda a finales del siglo XIX o principios del siglo XX, dejando solo la estructura de piedra. Tras este incidente, el edificio permaneció inactivo durante décadas, convirtiéndose en una ruina que, sin embargo, daba nombre a todo el caserío circundante. 

La zona exterior del molino es hoy un espacio didáctico delimitado por muros de piedra acordes con la estética tradicional canaria

Hubo que esperar al año 1999 para que se completase una primera gran rehabilitación, que devolvió la operatividad al edificio antes de su actual musealización. El relato del incendio sigue siendo una de las historias más comentadas por los vecinos mayores del barrio, manteniendo viva la memoria local. Este pasado turbulento añade un valor narrativo especial a la visita, conectando la técnica industrial con las tensiones sociales de la época. El proceso para convertir el molino en un museo moderno, eso sí, fue largo y requirió la colaboración de múltiples instituciones públicas para llegar a buen puerto. En el año 2018, el Ayuntamiento de Mogán cedió temporalmente el suelo al Gobierno de Canarias para ejecutar las obras de musealización interior y exterior. Sin embargo, el proyecto sufrió diversas paralizaciones debido a deficiencias técnicas, lo que obligó al consistorio local a retomar la gestión directa en 2021. Con la redacción de un nuevo proyecto y una subvención clave de la Consejería de Presidencia del Cabildo, se pudieron finalizar los trabajos. 

La zona exterior del Molino Quemado es hoy un espacio didáctico delimitado por muros de piedra acordes con la estética tradicional canaria. Los visitantes pueden recorrer una parcela que cuenta con terrenos dedicados al cultivo de cereales como el trigo, la cebada y el millo. Además, el entorno recrea elementos esenciales de la cultura rural como una era circular para trillar y una cantonera para el reparto del agua. Para facilitar la comprensión del lugar, se han instalado cuatro mesas de interpretación redactadas por la Asociación de Cultura y Patrimonio de Canarias. Estas mesas abordan temas específicos como la historia de la edificación, la importancia de la tierra, el uso de la piedra y la gestión del agua. Cada panel cuenta con códigos QR que permiten acceder a información detallada en cinco idiomas. Este equipamiento convierte los alrededores del molino en una auténtica plaza pública donde el aprendizaje se combina con el esparcimiento. El murmullo del agua en la cantonera y el paisaje rodeado de montañas ofrecen una experiencia inmersiva en la tradición agrícola.

Al acceder al interior del molino, un agradecido y curioso visitante puede explorar tres niveles distintos cargados de contenido multimedia y equipamiento etnográfico de gran calidad. En la primera planta se han instalado maquetas detalladas que explican la historia del Molino Quemado y comparan diferentes tipologías de molinos canarios. Una pantalla táctil con una aplicación interactiva permite profundizar en el funcionamiento técnico de los molinos de viento, agua y sangre de la isla. Al subir al segundo nivel, se puede apreciar de cerca parte del sistema de transmisión y diversos expositores con tipos de granos. En este espacio también destaca una vitrina que muestra un molino de mano tradicional y un mortero, herramientas usadas desde la época aborigen.

Cereal en gofio

A través de las aplicaciones digitales, el visitante descubre cómo se transformaba el cereal en gofio, alimento base de la dieta canaria. La museografía interior ha sido diseñada para ser didáctica y accesible, con información disponible tanto en español como en inglés. El ascenso por las plantas permite comprender la complejidad de una maquinaria que dependía totalmente de la fuerza de los vientos alisios. La tercera planta del edificio ofrece una vista privilegiada de las piezas mecánicas superiores y explica la función exacta de cada engranaje del molino. 

El Molino Quemado no es solo un destino cultural, sino también un punto de partida para el turismo activo y la gastronomía local de calidad. Desde su aparcamiento señalizado parten rutas de senderismo reconocidas que conectan con el casco urbano de Mogán y el pueblo de Veneguera. Los senderistas pueden elegir trayectos que varían desde caminatas cortas por el barranco hasta rutas exigentes de siete horas hacia la montaña de Tauro. Tras completar estas actividades, el bar-cafetería del centro ofrece una degustación de productos típicos como quesos, aceitunas y vinos de Gran Canaria. El cuidado en la presentación de estos productos y el decorado del rincón gastronómico complementan el interés cultural de la visita. Se ha instalado incluso un semáforo y un paso de peatones para garantizar que los turistas crucen la carretera de forma segura desde los aparcamientos. Esta integración de servicios busca que el visitante pase más tiempo en la zona, beneficiando a la economía local y al sector primario. El entorno, rodeado de riscales y montañas, invita a la contemplación y al disfrute de un paisaje rural auténtico y bien preservado.

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